Puilampa, la joya románica desconocida de la provincia de Zaragoza
La ermita de Puilampa está en Sádaba
Puilampa es uno de los monumentos más sorprendentes del románico aragonés y uno de los menos divulgados. Situado a unos cuatro kilómetros de Sádaba, en la comarca de las Cinco Villas, combina relevancia patrimonial y escasa visibilidad turística. Su arquitectura, su programa iconográfico y una epigrafía excepcional lo convierten en un caso único dentro del románico aragonés.
El origen del nombre es clave para comprender su identidad. Los documentos medievales mencionan la construcción como Podium Lampadi o Podi Lampa, expresiones que pueden traducirse como “alto de la lámpara” o “colina de la luz”. Con el tiempo evolucionó a Puylampa y finalmente a Puilampa. Existen teorías que relacionan esta denominación con su posición dominante en el paisaje. Desde lejos, el templo habría actuado como referencia visual para viajeros. Algunos historiadores plantean que el nombre pudo asociarse a la idea de lámpara, antorcha o incluso faro espiritual, lo que encajaría con el paso de peregrinos mencionados en la inscripción de 1224 y con la posibilidad de que el templo funcionara como punto de apoyo en rutas secundarias relacionadas con el Camino de Santiago.
La construcción se sitúa entre los siglos XII y XIII y combina tradición románica con formas promovidas por el Císter. La propiedad privada desde la desamortización del siglo XIX explica su aislamiento posterior y la falta de promoción turística.
Puilampa, referencia del románico aragonés con identidad cisterciense
El templo ya estaba en pleno funcionamiento en 1224, según la inscripción funeraria conservada en la columna norte de la portada. En ella se registra la muerte del sacerdote Gil Gastón, y se menciona que la inscripción fue realizada por dos peregrinos identificados como discípulos suyos. Este dato permite situar el templo no solo como edificio litúrgico, sino como lugar de enseñanza y acogida para viajeros.
El interior presenta una nave con bóvedas de crucería simple y un ábside semicircular orientado al este. Fachada e interior ofrecen una arquitectura de líneas claras y ligereza poco habitual para la época, consecuencia de la sustitución de contrafuertes macizos por estructuras de columnas adosadas, un recurso que anticipa el gótico.
El exterior, cuando se observa desde distancia, refuerza esta sensación de verticalidad y equilibrio. De cerca, los capiteles vegetales y geométricos subrayan la impronta cisterciense sin caer en una ornamentación excesiva.
Portada, inscripción y la huella del maestro cantero
La portada occidental es uno de los conjuntos escultóricos más interesantes del románico aragonés. El tímpano presenta un crismón trinitario de seis brazos, acompañado por el Sol y la Luna, representación del tiempo y de la universalidad de Cristo. El conjunto descansa sobre tres palmeras y dos vides con frutos, símbolos asociados a resurrección y Eucaristía.
El dintel incorpora una inscripción que funcionaba como mensaje teológico para el visitante medieval:
“+ PORTA PER HANC CELI FIT PER VIA CUEQUE FIDELI +”. La traducción es clara:
“Por ésta, la puerta del cielo se abre a cualquier fiel.” La lectura actual refuerza la idea de un acceso simbólico, pero también ayuda a entender el nombre del templo. Si se asociaba a la luz, la lámpara y la orientación espiritual, no resulta extraño que los peregrinos interpretaran el lugar como referencia o guía en su trayecto.
De forma parcial se conserva otra inscripción en la portada que podría leerse como “Bernardus me fecit” (“Bernardo me hizo”), fórmula habitual en maestros canteros medievales. Si llegara a confirmarse, situaría al mismo artífice en otros templos de la zona y reforzaría la hipótesis de un taller de cantería comarcal activo en la etapa final del románico.
La epigrafía de la columna norte —muerte del sacerdote Gil Gastón en la Era 1262, equivalente a 1224 d.C.— completa un conjunto de enorme valor documental.

Redescubrimiento pendiente para el patrimonio aragonés
La historia y arquitectura de Puilampa no presentan un enigma desconocido. Lo que explica su baja notoriedad es un aislamiento heredado de su titularidad privada y de su ubicación rural. Para llegar desde Sádaba se toma dirección oeste, se desvía hacia Tauste y Pinsoro y se continúa por la pista junto a la Granja San José. Desde la distancia se aprecia su ligereza arquitectónica; en la cercanía, la portada y la inscripción de 1224 permiten una lectura histórica precisa.
Conservación, singularidad estilística y documentación epigráfica sitúan a Puilampa como una de las grandes joyas medievales de la provincia de Zaragoza. Su incorporación activa a las rutas culturales de las Cinco Villas representa una oportunidad real para fortalecer el patrimonio territorial y para divulgar un monumento que merece volver al mapa cultural.



