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El mensaje de fin de año de Azcón sitúa al medio rural en primer plano

La localidad turolense de Almohaja, escenario del mensaje

Jorge Azcón, presidente de Aragón, ha pronunciado el tradicional mensaje de fin de año desde Almohaja, el municipio con menor población de la comunidad. La elección del escenario ha situado al medio rural en el centro del discurso institucional con el que Aragón despide 2025 y da la bienvenida a 2026.

El presidente ha abierto su intervención con un recuerdo al reciente accidente de montaña en Panticosa, antes de realizar un balance del año. “Desde Almohaja, el municipio con menos habitantes de Aragón, queremos poner el foco en la importancia de nuestro medio rural”, ha señalado al inicio del mensaje, subrayando el valor estratégico de los pueblos en el presente y el futuro de la comunidad.

Mensaje de fin de año desde Almohaja con atención al medio rural

Azcón destacó que es en los pueblos donde se mantiene buena parte de la identidad aragonesa. “Es en nuestros pueblos donde se mantiene viva la agricultura, la ganadería, las tradiciones y las raíces de muchas familias aragonesas”, afirmó. En este contexto, defendió la necesidad de dar mayor visibilidad al medio rural y de reforzar los servicios públicos, así como de avanzar hacia una financiación autonómica que tenga en cuenta la despoblación, el envejecimiento y la complejidad territorial.

El discurso incluyó también referencias a cuestiones sociales. El presidente tuvo un recuerdo para Eugenia, víctima de violencia machista en Zaragoza, y fue tajante en su mensaje institucional. “La violencia contra las mujeres es repugnante y no tiene cabida en una sociedad democrática como la nuestra”, afirmó, añadiendo que “las instituciones tenemos la responsabilidad de combatirla con todos los recursos a nuestro alcance”. Asimismo, recordó la figura del expresidente Javier Lambán y reconoció su trayectoria al frente del Gobierno de Aragón.

En el ámbito económico, Azcón aseguró que Aragón atraviesa un momento favorable, apoyado en los datos de empleo y en la llegada de nuevas inversiones. “La economía aragonesa atraviesa uno de sus mejores momentos de los últimos años”, indicó, destacando que el paro registrado se sitúa en torno a las 48.000 personas. En este contexto, mencionó el arranque del proyecto industrial de Stellantis y CATL en Figueruelas, como uno de los hitos de 2025. Según explicó, este tipo de inversiones generan empleo y oportunidades para las empresas aragonesas en todo el territorio.

El presidente se refirió también a la evolución demográfica. “Aragón ya no habla de retroceso demográfico, sino de crecimiento de población”, afirmó, señalando el aumento de habitantes y la llegada de trabajadores procedentes de otras comunidades autónomas. De cara a 2026, situó entre los principales retos la mejora de la sanidad, la reducción de listas de espera y el refuerzo de la educación pública, tanto en áreas urbanas como rurales.

El acceso a la vivienda ocupó otro de los bloques del mensaje. Azcón reconoció que se trata de una de las principales preocupaciones de la ciudadanía, especialmente entre los jóvenes. “El acceso a una vivienda digna se ha convertido en uno de los principales problemas”, señaló, insistiendo en la necesidad de facilitar la emancipación y el desarrollo de proyectos vitales en condiciones adecuadas.

En materia de infraestructuras y patrimonio, el presidente reclamó avances en grandes proyectos hidráulicos y de transporte, así como el cumplimiento de las resoluciones judiciales sobre el Monasterio de Sijena. “Las sentencias deben cumplirse”, afirmó, defendiendo el retorno completo de los bienes como una cuestión de justicia.

El mensaje de fin de año concluyó con una mirada al futuro inmediato. “Afrontamos 2026 con trabajo por delante, pero también con ilusión y objetivos claros”, señaló Azcón. Desde Almohaja, el presidente trasladó un mensaje institucional centrado en la cohesión territorial y en un proyecto común para el conjunto de Aragón, con el medio rural y las ciudades avanzando en paralelo.

Mensaje íntegro de fin de año 2025 del presidente de Aragón

Queridos aragoneses,

Esta noche, con gran pesar por el reciente y trágico accidente de montaña en Panticosa, diremos adiós a un 2025 que ha dejado importantes realidades en Aragón, algunas de ellas de enorme calado para el futuro de la comunidad autónoma.

Llega un 2026 cargado de ilusión, prosperidad y grandes avances para todo el territorio, desde las capitales y cabeceras de comarca hasta los pueblos más pequeños de nuestras tres provincias.

Desde Almohaja, en Teruel, el municipio con menos habitantes de Aragón, me gustaría poner el foco en la importancia de nuestro medio rural. Es aquí, en nuestros pueblos, donde se mantiene viva nuestra agricultura, nuestra ganadería, nuestras tradiciones y donde tantas y tantas familias aragonesas encuentran sus raíces.

Resulta fundamental que demos visibilidad a nuestros pueblos y defendamos el papel de sus gentes en el Aragón del siglo XXI. En consecuencia, debemos reivindicar todo aquello que merecen: más y mejores servicios públicos y una financiación más justa.

Antes de hacer un resumen de este año que se marcha, me gustaría tener un recuerdo especial para dos aragoneses que nos dejaron en los últimos meses.

La primera es Eugenia, víctima de la violencia machista, que fue asesinada en Zaragoza por su pareja el pasado mes de noviembre. La violencia contra las mujeres, ya sea física, sexual, laboral o de cualquier otra índole, es repugnante y no tiene cabida en una sociedad democrática como la nuestra. Y las instituciones tenemos la responsabilidad de combatirla con todos los recursos a nuestro alcance.

Igualmente, no podría repasar el año sin reconocer la figura de Javier Lambán, que nos dejó de manera temprana el pasado 15 de agosto. El presidente Lambán defendió con fervor la trascendencia de la Constitución y de nuestro Estatuto de Autonomía, como hicieron también los presidentes Santiago Lanzuela y Emilio Eiroa, recientemente galardonados a título póstumo con la Gran Cruz de Carlos III.

Los tres ostentaron atributos que nos definen como pueblo: defensa de la igualdad, coherencia y fidelidad a la palabra dada. Y es de justicia reconocerlo.

Más allá de las siglas, somos una inmensa mayoría los aragoneses que compartimos la forma de entender el proyecto colectivo que es Aragón y su pertenencia a España, y que aspiramos a competir en pie de igualdad con el resto de comunidades autónomas.

Los aragoneses no pedimos ser más que nadie, pero no toleramos que se nos trate peor que a otros españoles. Cualquier otra premisa es un ataque al principio constitucional de igualdad, a nuestra dignidad, a nuestra autonomía y a la historia de una comunidad política que ha desempeñado un papel protagonista en la creación y en el desarrollo de España.

En este momento de la historia, Aragón aspira y tiene las herramientas para recuperar su liderazgo dentro del proyecto nacional.

La economía aragonesa está en el mejor momento de los últimos años, como evidencian los recientes estudios económicos. El principal ejemplo lo encontramos en el paro registrado, indicador clave para la salud económica de una sociedad.

Cerramos 2025 en el entorno de los 48.000 parados, lo que supone 10.000 desempleados menos que hace tres años y con el objetivo inequívoco de seguir creando más empleo que nunca.

Asimismo, el ciclo económico proyecta un escenario de crecimiento superior a la media española gracias a la atracción inédita de inversiones millonarias. Esto permitirá que todo aragonés que quiera trabajar pueda encontrar un empleo, base para desarrollar un proyecto vital con autonomía.

En este contexto de bonanza económica, los aragoneses hemos vivido este año otra jornada para la historia con el arranque de la gigafactoría de Stellantis y CATL en Figueruelas. Esta nueva planta, que ya empieza a tomar forma, no solamente asegura el futuro de un sector crucial para nuestra tierra, sino que consolida a Aragón como líder de la automoción en el sur de Europa.

Las inversiones millonarias en tecnología, agroindustria, logística y automoción van a crear decenas de miles de puestos de trabajo para los jóvenes en todo nuestro territorio. También generarán oportunidades para las empresas aragonesas y tendrán un impacto muy positivo en todos y cada uno de los pueblos de Aragón, gracias a una huella fiscal que permitirá invertir aún más en sanidad, educación, carreteras o vivienda.

Hoy, desde Almohaja, en Teruel, quiero mandar un mensaje de ilusión a todo el medio rural aragonés. Estamos vivos y activos en las ciudades y en nuestros pueblos. Con nuestro talento y nuestro esfuerzo, tenemos futuro.

Las cosas están cambiando. En Aragón ya no hablamos de un ocaso demográfico, sino que constatamos que el número de aragoneses crece, nada menos que 13.030 personas más en el último año. Además, en los dos últimos años han llegado a Aragón a trabajar 22.000 personas más desde otras comunidades autónomas que las que se fueron a buscar el sustento lejos de su tierra.

De cara a 2026, el gran reto de Aragón es seguir reforzando los servicios públicos, tanto en el ámbito urbano como en el rural. Aragón debe seguir reduciendo las listas de espera quirúrgicas y nuestra sanidad pública debe seguir incrementando el número de sanitarios para proporcionar una mejor atención.

No podemos pasar por alto lo que se ha convertido en el principal problema de los aragoneses y del conjunto de los españoles: el acceso a una vivienda digna. Los aragoneses, y en especial los más jóvenes, necesitan más facilidades para emanciparse y para poder dar forma a un proyecto vital en condiciones dignas.

Pero para construir vivienda pública, para reforzar la sanidad, la educación y la dependencia o para seguir renovando la red de carreteras, Aragón precisa que se le trate con justicia. Necesitamos un modelo de financiación autonómica que no privilegie a otras comunidades y que tenga en consideración la realidad social de Aragón.

Un modelo de financiación que contemple la despoblación, el envejecimiento y la orografía tan complicada de muchas de nuestras comarcas.

Aragón afronta 2026 con una lista de exigencias en materia de grandes infraestructuras de transporte e hidráulicas. Los aragoneses urgen que se ejecuten las obras del Pacto del Agua, que se apueste de verdad por un ferrocarril digno entre Teruel y Zaragoza dentro del corredor Cantábrico-Mediterráneo y que nuestros pueblos y ciudades estén mejor conectados por unas autovías a la altura de nuestra tierra.

También precisamos que se apliquen al máximo legal las ayudas al funcionamiento, que permitirán fomentar las contrataciones en la provincia de Teruel.

Del mismo modo, en Aragón soñamos con que en los próximos meses el Monasterio de Sijena recupere todo su patrimonio. Los tribunales, en todas las instancias, han dado la razón a los aragoneses. Las sentencias deben cumplirse. Es una cuestión de justicia y no cejaremos en nuestro empeño hasta ver brillar de nuevo en Sijena la capilla Sixtina del románico español.

Como veis, afrontamos un 2026 lleno de reivindicaciones y de trabajo duro, pero sobre todo lleno de ilusión.

Ilusión por un Aragón con más avance social y económico, en el medio rural y en el urbano. Ilusión por un momento económico histórico. E ilusión por convertirnos en un territorio líder en España y en el sur de Europa.

Os invito a todos a soñar con la ambición que nos otorgan nuestro talento y nuestra capacidad, a construir juntos un futuro de prosperidad y de oportunidades para todos.

Porque aquí, en Almohaja, como en el resto de Aragón, lo mejor está por venir.

Que paséis buena noche y feliz año nuevo.

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