
El Paraninfo reúne obras clave del arte aragonés en la exposición sobre Roma y París
El Edificio Paraninfo acoge desde este martes la exposición Roma y París, horizonte de los artistas aragoneses 1870-1920, una revisión de la pintura aragonesa de cambio de siglo a través de autores que ampliaron su trayectoria en los principales focos artísticos europeos de la época. La muestra podrá visitarse hasta el 18 de julio en las salas Goya y Saura.
Organizada por la Universidad de Zaragoza y el Gobierno de Aragón, la exposición reúne obras de la colección Francisco Palá Laguna, uno de los fondos privados más relevantes para estudiar el patrimonio pictórico aragonés de finales del siglo XIX y comienzos del XX. La comisaria es Concha Lomba.
El eje del proyecto no es solo mostrar piezas destacadas, sino explicar un proceso histórico: cómo distintos artistas formados en Aragón buscaron fuera nuevas oportunidades académicas, profesionales y creativas en un momento en el que Roma y París marcaban buena parte del debate artístico europeo.
De Zaragoza a los grandes centros europeos
Durante el último cuarto del siglo XIX y las primeras décadas del XX, viajar dejó de ser una excepción para convertirse en una vía de crecimiento profesional para muchos pintores. Becas, pensiones y estancias de formación permitieron acceder a talleres, academias, nuevas corrientes estéticas y redes internacionales de coleccionistas.
Ese contacto exterior tuvo reflejo directo en las obras. Cambiaron los encuadres, los temas, la luz, la manera de representar la vida cotidiana y la relación con los géneros tradicionales. La muestra propone leer esa transformación desde Aragón, algo menos habitual en los relatos generales de la historia del arte.
El recorrido comienza con una sección dedicada a Zaragoza y a la construcción visual de la ciudad. Ahí aparecen autores como Nicolás Ruiz de Valdivia, Justino Gil Bergasa, Antonio Montero Arbiza, Alejandro Ferrant y César Álvarez Dumont, que documentan escenarios urbanos, ambientes y tipos sociales desde sensibilidades distintas.
Después, la exposición se abre a algunos de los nombres centrales del periodo, entre ellos Francisco Pradilla, Marcelino de Unceta, Mariano Barbasán, Agustín Salinas, María Luisa de la Riva, Julio García Condoy, Joaquín Pallarés, Juan José Gárate, Ricardo Arredondo o Máximo Juderías, entre otros.
Una generación con reconocimiento fuera y poco recuerdo aquí
Uno de los aspectos más relevantes de la muestra es la distancia entre el éxito que varios de estos autores alcanzaron en vida y la escasa presencia posterior de sus nombres en el relato público aragonés. Francisco Palá recordó durante la presentación que algunos llegaron a ser considerados ya en los años veinte como “olvidados”.
Parte de esa explicación está en el destino de muchas obras. Según detalló el coleccionista, numerosos artistas vendieron a compradores italianos, franceses, centroeuropeos y latinoamericanos, además de entrar en colecciones e instituciones de ciudades como São Paulo, Montevideo o Buenos Aires. Esa circulación internacional consolidó sus carreras, pero también dispersó su legado.
La exposición utiliza precisamente la colección Palá Laguna para recomponer ese mapa. Reúne trayectorias, conecta influencias y permite observar cómo una identidad artística cercana convivió con aspiraciones cosmopolitas y con mercados situados a miles de kilómetros de Zaragoza.
Para el público local, la cita ofrece varias lecturas prácticas: redescubrir autores poco presentes en programación habitual, revisar la historia cultural aragonesa desde una perspectiva internacional y acceder en Zaragoza a obras que normalmente permanecen fuera de los circuitos expositivos públicos.
En la inauguración participaron el presidente de Aragón, Jorge Azcón, y la rectora Rosa Bolea, junto a representantes institucionales y culturales.



