
Los Monasterios Viejo y Nuevo de San Juan de la Peña, a salvo por el momento del incendio de Riglos
El fuego llegó a las cortadas de los dos monasterios y obligó a activar una operación de emergencia para proteger edificios, entorno natural y bienes del Panteón Real.
El incendio forestal de Las Peñas de Riglos ha convertido este jueves el entorno de San Juan de la Peña en uno de los puntos más delicados de la emergencia. No era solo una cuestión de proteger dos edificios históricos: en las cortadas, los bosques y la pradera de San Indalecio se concentra una parte esencial de la memoria política, religiosa y cultural de Aragón.
Durante varias horas, el fuego avanzó con una rapidez mayor de la prevista hasta aproximarse a los monasterios Viejo y Nuevo. Las llamas no han llegado finalmente a ninguno de los dos conjuntos, pero la amenaza obligó a desplegar medios específicos de extinción y a retirar de forma preventiva algunos de los bienes más valiosos que conservaba el monasterio medieval.
La jornada ha dejado más de 9.000 hectáreas afectadas, 709 personas evacuadas de doce núcleos de población y dos localidades confinadas. Sin embargo, la defensa de San Juan de la Peña ha concentrado buena parte de los esfuerzos de un operativo que afronta una noche de vigilancia y un nuevo día condicionado por el viento y las altas temperaturas.
Cuatro horas en las que San Juan de la Peña estuvo en grave peligro
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El momento más comprometido se produjo entre las 13:00 y las 17:00 horas. El incendio llegó a las cortadas de San Juan de la Peña y se acercó al entorno inmediato de los monasterios. La virulencia del fuego obligó incluso a retirar medios de algunos puntos del perímetro para garantizar la seguridad de los equipos de extinción.
El Monasterio Nuevo, situado en la pradera de San Indalecio, fue el que corrió un riesgo más directo. Su ubicación, en una zona más expuesta al avance de las llamas, llevó a desplegar cuadrillas de INFOAR, efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, bomberos de las diputaciones de Huesca y Zaragoza, y de los ayuntamientos de Huesca y Zaragoza.
En la campa próxima al edificio se ejecutó un fuego técnico: una quema planificada y controlada por los servicios de extinción para eliminar combustible vegetal antes de que lo hiciera el incendio. La maniobra permitió frenar el frente y evitar que alcanzara el monasterio.
La situación en San Juan de la Peña
Las llamas no han alcanzado ni el Monasterio Viejo ni el Nuevo, pero la amenaza no se considera completamente superada. Durante la noche se mantiene un dispositivo específico con UME, INFOAR y bomberos para responder ante reactivaciones o cambios de viento.
El Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, encajado bajo la gran roca que le da nombre, se encontraba en una posición relativamente más favorable por las condiciones de humedad de su entorno. Aun así, el riesgo fue suficiente para activar un protocolo que rara vez trasciende al público: el de la protección urgente de los bienes culturales ante una emergencia.
La evacuación del Panteón Real y los bienes del monasterio
Cuando la proximidad del fuego hizo posible una afección al monasterio medieval, el 112 contactó con la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón para identificar qué piezas debían ser retiradas con prioridad.
La primera entrada fue realizada por la UME. Sus efectivos recuperaron la indumentaria militar de gala original del conde de Aranda, conservada en el monasterio, además de varias piezas arqueológicas. La cercanía de las llamas obligó a interrumpir aquella primera intervención.
Más tarde, cuando las condiciones ofrecieron una mínima ventana de seguridad, técnicos, restauradores y responsables de Patrimonio Cultural regresaron acompañados por la UME y la Guardia Civil. La operación permitió evacuar los restos óseos de los primeros reyes de Aragón y otros miembros del linaje real que se encontraban en el Panteón Real, así como fragmentos de pintura mural ya traspasados a soporte y otros bienes culturales.
Todo el material ha sido trasladado al Museo de Huesca, donde permanecerá custodiado hasta que pueda regresar al monasterio. No se trata solo de piezas de museo. La extracción del Panteón Real protege una parte física del relato fundacional del Reino de Aragón.
El Monasterio Viejo fue durante siglos un centro religioso, político e intelectual decisivo en la Alta Edad Media. Vinculado a los primeros monarcas aragoneses y convertido en panteón real, su valor no depende únicamente de su arquitectura románica o de su célebre claustro, sino de lo que representa en la construcción histórica de Aragón.
Un incendio que remite a otro incendio de hace 351 años
La amenaza de este agosto tiene además una resonancia difícil de ignorar. El conjunto de San Juan de la Peña no está formado por un único monasterio porque un gran incendio cambió su historia en 1675.
Aquel fuego afectó gravemente al monasterio medieval y dejó buena parte de sus dependencias sin condiciones para mantener la vida de la comunidad benedictina. Los monjes decidieron entonces levantar una nueva sede en la cercana llanura de San Indalecio. El actual Monasterio Nuevo comenzó a construirse a partir de ese momento y fue terminado en 1714.
Es decir, el edificio que este jueves ha estado más expuesto a las llamas nació precisamente como respuesta a otro incendio. Tres siglos y medio después, el fuego ha vuelto a acercarse a ambos monasterios, aunque esta vez la respuesta ha combinado medios aéreos, maquinaria, fuego técnico, evacuaciones preventivas y un protocolo de salvaguarda patrimonial.
La diferencia no minimiza la gravedad de lo ocurrido. El incendio ha demostrado hasta qué punto el patrimonio histórico no está aislado de su paisaje: San Juan de la Peña depende también de la conservación de sus masas forestales, de las condiciones meteorológicas y de la capacidad de actuar antes de que el fuego alcance los edificios.
Un incendio todavía activo
La protección de San Juan de la Peña no cierra la emergencia. El incendio mantiene actividad en distintos sectores, especialmente en las zonas de Alastué y Arbués, con progresión hacia el este y varios puntos que requieren consolidación. La masa forestal espesa, las repoblaciones y las áreas que han quedado sin quemar dentro del perímetro elevan el riesgo de reactivaciones.
Las evacuaciones afectan a Bailo, Larués, Santa Cruz de la Serós, Binacua, Ena, Centenero, Botaya, Villalangua, Salinas de Jaca, Alastué, Arbués y Osia, además de alrededor de un centenar de personas del Camping Pirineos. Santa Cilia de Jaca y Puente la Reina de Jaca continúan confinadas.
Para este viernes está previsto un refuerzo de hasta 33 medios aéreos, junto a más de 500 efectivos de Gobierno de Aragón, Ministerio para la Transición Ecológica, UME, bomberos, Guardia Civil, Protección Civil, Cruz Roja y equipos desplazados desde otras comunidades autónomas.
El objetivo inmediato sigue siendo proteger a la población y consolidar el perímetro. Pero en San Juan de la Peña se libra también otra batalla: la de evitar que un incendio forestal alcance un lugar que resume más de mil años de historia aragonesa.
Información actualizada con datos del Gobierno de Aragón y de la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural.



