
Calendario de una mudanza: qué hacer en las tres últimas semanas
La mudanza empieza tres semanas antes de que aparezca el camión. Quien deja la organización para los últimos días acaba pagando extras que no estaban en el presupuesto y perdiendo la mañana con una llamada a la compañía de la luz. Este es el calendario que recomiendan quienes hacen traslados a diario, con los plazos reales de España: empresas como MoveAstur cierran fecha con semanas de antelación en temporada alta, y buena parte de lo que se paga de más nace de improvisar.
Tres semanas antes: medir y decidir
Índice
El primer trabajo no es embalar, es contar. Recorrer la casa habitación por habitación y anotar qué se lleva, qué se vende y qué va directo al punto limpio reduce el volumen, y el volumen es la unidad con la que se factura un traslado largo. Un armario que no cabrá en el salón nuevo cuesta lo mismo de transportar que uno que sí, y esa cuenta se hace ahora o no se hace.
Con esa lista en la mano ya se puede pedir precio en condiciones: dirección y planta de los dos domicilios, con o sin ascensor, volumen aproximado y las piezas que se salen de lo común —un piano, una caja fuerte, un acuario montado—. Es también el momento de pedir cita para el desmontaje de aire acondicionado o de una cocina, que son oficios aparte y tienen su propia agenda.
Dos semanas antes: papeles y suministros
Esta es la parte que nadie asocia con una mudanza y que más quebraderos da después. El cambio de titularidad de luz, agua y gas, el alta de internet en el domicilio nuevo —con su plazo de instalación, que rara vez es inmediato—, la baja o el traslado del contrato de alarma, el aviso al colegio, la redirección de correo postal y, si cambia de municipio, el empadronamiento.
Conviene reservar también, si hace falta, la ocupación de vía pública para el camión. En muchas ciudades hay que solicitarla al ayuntamiento con días de antelación y en algunas la gestiona la propia empresa de mudanzas. Averiguar cuál de las dos cosas aplica a su calle evita descubrir el día señalado que el camión tiene que quedarse a ochenta metros del portal.
Una semana antes: embalar de lo que menos se usa a lo que más
Libros, ropa de temporada, decoración, vajilla de fiesta: todo eso se puede cerrar ya. Cada caja necesita dos datos escritos en el lateral, no en la tapa —la habitación de destino y una palabra sobre el contenido—, porque en el camión las cajas van apiladas y la tapa no se ve. Las que llevan cristal se marcan por los cuatro costados.
Un detalle que ahorra una noche horrible: preparar aparte una caja de primer día con sábanas, toallas, cargadores, medicación, papel higiénico, café y herramientas básicas, y subirla al coche en lugar de al camión. Llega con usted y no hay que abrir catorce cajas buscando el cepillo de dientes.
El día anterior y el día de la carga
La víspera se vacían nevera y congelador, se desconecta la lavadora con sus tornillos de transporte puestos si los conserva y se dejan localizados los documentos importantes, que viajan siempre en mano. También se hacen fotos del estado de los muebles grandes: si el traslado es contratado, esas imágenes se suman al inventario de la empresa y son las que sostienen cualquier reclamación posterior.
El día de la carga alguien de la casa tiene que estar disponible para decidir en treinta segundos —esto sí, esto no, esto va al coche—, y esa persona no debería ser la misma que está cargando cajas. En destino, la primera tarea no es colocar: es comprobar contra la lista que ha llegado todo y anotar cualquier daño antes de firmar la entrega. Después ya habrá tiempo de discutir dónde va el sofá.



