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Noche de Ánimas en Aragón: almetas, totones y una tradición propia

Almetas, totones y lamparillas forman parte de una tradición popular de recuerdo a los difuntos que ha pasado de mayores a jóvenes y hoy se celebra en pueblos y barrios.

Antes de que Halloween se hiciera habitual en nuestras calles, en muchos pueblos aragoneses ya se vaciaban calabazas, se encendían lamparillas y se contaban historias de difuntos al llegar la noche. No era una fiesta de caramelos: aquellas luces tenían que ver con una creencia más antigua y cercana, la de que las almas regresaban por unas horas al mundo de los vivos.

La tradición recibe distintos nombres, como Noche de las Ánimas, Nuei d’Almetas o Nuei d’Animas. No existe una única forma de celebrarla en todo Aragón. Cada localidad conservó sus propios relatos y costumbres, transmitidos durante generaciones en las casas y alrededor del fuego.

Una noche de recuerdo, luces y relatos

La Noche de las Ánimas se sitúa en las fechas de Todos los Santos y la conmemoración de los difuntos. En algunos lugares se encendían velas o lamparillas en las casas, las ventanas y los caminos. También se vaciaban calabazas para colocar una luz en su interior. Más que un adorno, podía ser una señal para acompañar a las almas o proteger el hogar, según la costumbre de cada sitio.

La mesa y la conversación también formaban parte de la noche. Se recordaba a quienes habían muerto, se rezaba y se compartían historias sobre apariciones y seres sobrenaturales. En algunas localidades se dejaban alimentos o se seguían ritos domésticos cuyo sentido solo se entendía dentro de la tradición familiar.

Su origen no puede reducirse a una explicación única. Las celebraciones actuales reúnen creencias populares y prácticas asociadas al calendario de Todos los Santos y Difuntos; algunas interpretaciones las relacionan también con antiguos ritos estacionales. Más que buscar una línea directa y única desde una celebración concreta, ayuda entenderlas como costumbres locales que fueron cambiando con el tiempo.

Almetas, totones y otras figuras del imaginario aragonés

Las almetas son las almas de los difuntos en distintos relatos aragoneses. Junto a ellas aparecen los totones, figuras sobrenaturales vinculadas a las almas en pena y a las historias de cada pueblo. Sus características varían: forman parte de un imaginario oral, no de una mitología con una descripción idéntica en todo el territorio.

Los nombres y personajes cambian de una comarca a otra. En algunos relatos aparecen brujas, abadesas o figuras encargadas de guiar la comitiva. Esa diversidad es parte de la tradición: cada comunidad ha contado la noche a su manera, con sus propias palabras y personajes.

Cómo ha llegado hasta hoy

Durante décadas, muchas de estas costumbres dejaron de practicarse en la vida cotidiana. La despoblación, los cambios en los hábitos y la pérdida de la transmisión oral hicieron que algunas quedaran en el recuerdo de quienes las vivieron de niños. En los últimos años, asociaciones vecinales y culturales han recuperado celebraciones, talleres y relatos para compartirlos con las nuevas generaciones.

La recuperación no siempre significa que cada acto actual se haya celebrado sin interrupción durante siglos. A veces se reconstruyen las costumbres a partir de recuerdos, testimonios y documentación. Lo que permanece es el vínculo con una forma local de recordar a los difuntos y de explicar, mediante relatos, el paso entre la vida y la muerte.

Halloween y la Noche de las Ánimas coinciden en el calendario y comparten algunos símbolos, como las calabazas y las figuras fantásticas. Pero no son intercambiables. La tradición aragonesa tiene nombres, relatos y prácticas propias, centradas en la memoria de los difuntos y en la identidad de cada comunidad. Hoy pueden convivir con las celebraciones de Halloween, aunque su historia no empieza con la popularización de esta fiesta.

Una tradición viva en pueblos y barrios de todo Aragón

La Noche de las Ánimas no pertenece a una sola localidad. Las costumbres en torno a estas fechas se han conservado o recuperado en muchos puntos de Aragón, desde el Pirineo y el Somontano hasta el Moncayo y otras comarcas. Entre los lugares vinculados a estas celebraciones figuran Radiquero, Trasmoz, Lupiñén, Barbuñales, Graus, Ayerbe, Adahuesca, Alquézar, Ambel, Bagüés, Fréscano y Salas Altas, entre otros.

Cada sitio mantiene sus propias formas: comitivas, calabazas iluminadas, relatos de almetas y totones, campanas o reuniones para recordar a los difuntos. Algunas celebraciones se han transmitido entre generaciones; otras se han recuperado gracias a asociaciones y vecinos. Esa diversidad es parte de la tradición: no hay un único ritual ni un solo pueblo que la represente.

También Zaragoza cuenta con una celebración propia en el Barrio Jesús. En 2026, su pasacalles aragonés saldrá el viernes 30 de octubre a las 18:15 desde la calle Bielsa, acompañado por los Gaiteros del Rabal, y llegará a los Jardines de Tosos. En Radiquero, las almetas y los totones forman parte de una jornada con calabazas iluminadas y una comitiva hacia el cementerio; en Trasmoz, la Luz de las Ánimas recorre el camino entre la iglesia y el camposanto. Son solo algunas de las expresiones actuales de una costumbre extendida por Aragón. Consulta los detalles de la Noche de las Ánimas del Barrio Jesús.

En Radiquero, en el Somontano, las almetas y los totones protagonizan una celebración que conserva el relato oral, las calabazas iluminadas y la comitiva hacia el cementerio. En Trasmoz, la Luz de las Ánimas coloca calabazas encendidas en el camino entre la iglesia y el cementerio y culmina con la procesión. Son ejemplos distintos de una misma voluntad: mantener vivas las historias y costumbres locales en torno a la noche de los difuntos.

Más planes para estas fechas
Consulta nuestra guía de Halloween y Todos los Santos en Zaragoza.

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