
La Magallonera, la canción que María Arnal y Pablo Alborán han cantado a su paso por Zaragoza
En apenas siete días, dos artistas de proyección nacional han llevado al escenario una de las canciones más reconocibles del folclore aragonés. Primero fue María Arnal en Música al Raso. Después, Pablo Alborán junto a Juanjo Bona durante el concierto que ofreció este sábado en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza. La canción elegida en ambos casos fue la misma: La Magallonera.
La coincidencia no ha pasado desapercibida. No es habitual que una pieza tradicional aragonesa aparezca dos veces en una sola semana en conciertos de artistas alejados del circuito de la jota. Tampoco que lo haga ante miles de espectadores y adaptada a estilos tan diferentes.
Pero quizá el fenómeno tenga una explicación sencilla: pocas canciones representan tanto para Aragón como La Magallonera.
Una canción nacida en Magallón que acabó siendo de todo Aragón
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El nombre remite directamente a Magallón, localidad zaragozana de la comarca Campo de Borja. Una magallonera es, literalmente, una mujer natural de este municipio.
Sin embargo, hace mucho tiempo que la canción dejó de pertenecer exclusivamente a la localidad para convertirse en una de las melodías más reconocibles del patrimonio musical aragonés.
Como ocurre con gran parte del cancionero popular, su origen exacto es difícil de precisar. No existe un autor conocido ni una fecha concreta de composición. La canción fue transmitiéndose oralmente durante generaciones, pasando de unas voces a otras hasta incorporarse al repertorio tradicional aragonés.
Con el tiempo acabó convirtiéndose en una pieza imprescindible para los grandes intérpretes de jota y en una de esas melodías que muchos aragoneses reconocen desde los primeros compases.
La versión que ha recuperado Juanjo Bona
La nueva popularidad de La Magallonera tiene que ver, en parte, con Juanjo Bona. El cantante de Magallón incluyó una adaptación de la canción en Recardelino, su primer trabajo discográfico. No es un detalle menor. Entre todas las posibilidades que ofrecía el repertorio tradicional aragonés, eligió precisamente una pieza vinculada a su localidad natal y que ha conectado directamente con un público más joven.
La letra que ha popularizado en esta nueva etapa recupera una de las versiones más conocidas:
Pulida magallonera,
anda y dile al Santocristo,
pulida magallonera,
que cuando me llame al cielo,
que me cante la olivera,
que me cante la olivera,
anda y dile al Santocristo.
La referencia a la olivera conecta directamente con el paisaje del Campo de Borja y con una parte de la identidad rural aragonesa que la canción ha conservado generación tras generación.
De las rondallas a los grandes escenarios
Durante décadas, La Magallonera estuvo asociada principalmente a rondallas, festivales de jota y celebraciones populares. Sin embargo, la canción ha demostrado una capacidad poco común para adaptarse a otros lenguajes musicales.
María Arnal la incorporó hace apenas una semana como despedida de su concierto en Música al Raso, llevándola a su particular universo sonoro, donde conviven la tradición oral, la experimentación y la electrónica.
Este sábado fue Pablo Alborán quien sorprendió al público del Príncipe Felipe interpretando parte de la canción junto a Juanjo Bona. Un gesto que provocó una de las ovaciones más emotivas de la noche y que sirvió para acercar el repertorio tradicional aragonés a miles de espectadores.
Dos artistas, dos estilos completamente distintos y una misma melodía.
¿Por qué sigue emocionando La Magallonera?
La fuerza de La Magallonera no reside únicamente en su antigüedad ni en su condición de pieza tradicional. Su importancia tiene también una dimensión social.
La canción forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones de aragoneses. Ha sonado en fiestas, encuentros familiares, festivales folclóricos y actos populares. Muchas personas la conocen sin saber exactamente cuándo la escucharon por primera vez. Eso explica que siga despertando una reacción inmediata cuando aparece fuera de su contexto habitual.
Lo ocurrido estos días en Zaragoza es una muestra de ello. Una canción nacida hace generaciones en un pueblo de poco más de mil habitantes ha conseguido colarse en algunos de los escenarios más importantes de la ciudad y conectar con públicos muy distintos.
Quizá ahí resida el secreto de La Magallonera: en su capacidad para seguir siendo reconocible, emocionante y contemporánea sin dejar de sonar a Aragón.



