Curiosidades

El caramelo de Zaragoza que puede pesar hasta medio kilo y esconde jotas en su envoltorio

Los adoquines del Pilar fueron creados en Calatayud en 1928 y deben su nombre a las grandes piedras que rodeaban la basílica

Su tamaño puede sorprender a quien lo descubre por primera vez. Algunos ejemplares alcanzan el medio kilo y resultan demasiado grandes para comerlos como un caramelo convencional. Son los adoquines del Pilar, uno de los dulces más reconocibles de Zaragoza y un recuerdo habitual de las Fiestas del Pilar 2026.

Su envoltorio muestra la imagen de la Virgen del Pilar, reproduce los colores del cachirulo y guarda en su interior varias letras de jotas. Sin embargo, su historia no comenzó en Zaragoza capital, sino en una confitería de Calatayud durante los años veinte del siglo pasado.

Desde entonces, este enorme caramelo ha pasado de ser una curiosidad bilbilitana a convertirse en uno de los productos más estrechamente relacionados con las fiestas y la identidad popular aragonesa.

Un caramelo creado en Calatayud en 1928

El origen de los adoquines del Pilar se encuentra en Calatayud. El confitero Manuel Caro Gormaz comenzó a elaborarlos en 1928, dando forma a un dulce que pronto llamó la atención por unas dimensiones muy alejadas de las habituales.

La familia Caro mantuvo su elaboración durante décadas y contribuyó a extender el producto por Aragón. Aunque actualmente también se fabrican en Zaragoza, su nacimiento continúa ligado a la tradición confitera de Calatayud.

La creación del dulce coincidió con una época en la que los caramelos artesanales se vendían tanto para su consumo inmediato como para llevarlos de recuerdo. Su nombre, presentación y relación con la Virgen facilitaron que terminara asociado a Zaragoza y, especialmente, a sus fiestas de octubre.

Por qué reciben el nombre de adoquines

El nombre procede de su parecido con los grandes bloques de piedra utilizados antiguamente para pavimentar las calles y plazas próximas a la basílica del Pilar. Su forma rectangular, su dureza y su tamaño recordaban a aquellas piezas, conocidas popularmente como adoquines.

Los ejemplares más grandes pueden alcanzar aproximadamente 500 gramos de peso. Esto explica que muchas familias opten por romperlos en fragmentos más pequeños antes de comerlos. Tradicionalmente se han utilizado objetos duros e incluso pequeños martillos para dividirlos, aunque también existen formatos más manejables.

Esta dimensión desproporcionada forma parte de su atractivo. El adoquín no nació únicamente como una golosina, sino también como un producto pensado para sorprender y convertirse en recuerdo de una visita a Zaragoza.

Los cuatro sabores tradicionales

Los adoquines del Pilar se elaboran fundamentalmente con azúcar, agua y esencias aromáticas. Sus cuatro sabores tradicionales son anís, limón, naranja y fresa, reconocibles por los diferentes colores del caramelo.

El de anís es posiblemente el más singular por su sabor intenso y por recordar a otros dulces tradicionales aragoneses. Los de limón y naranja aportan notas cítricas, mientras que el de fresa suele presentar un color rojizo.

A lo largo de los años se han probado otras variedades. Incluso se intentó sustituir temporalmente el sabor a anís por uno de piña, pero la reacción de los consumidores hizo que regresara la receta tradicional.

Un envoltorio inspirado en el cachirulo

La presentación es casi tan importante como el propio caramelo. En la parte central del envoltorio aparece la imagen de la Virgen del Pilar sobre un fondo claro. Los extremos incorporan un diseño cuadriculado en rojo y negro inspirado en el cachirulo aragonés.

Esta combinación permite reconocer el producto inmediatamente, incluso antes de leer su nombre. El diseño reúne tres elementos estrechamente vinculados con Zaragoza: la Virgen, el cachirulo y las jotas.

Al desplegar completamente el papel aparece otra de sus particularidades. En la cara interior se imprimen varias coplas populares aragonesas, generalmente tres, que pueden ser humorísticas, sentimentales o pertenecer al tradicional estilo de picadillo.

Las letras han ido cambiando con el tiempo. De esta forma, abrir un adoquín también tiene algo de pequeño ritual: primero se descubre el enorme caramelo y después se despliega el papel para leer las jotas escondidas en su interior.

De Calatayud a las Fiestas del Pilar

Aunque nació en Calatayud, el dulce terminó adoptando una identidad profundamente zaragozana. Su nombre, la presencia de la Virgen en el envoltorio y su comercialización en la capital lo convirtieron en uno de los recuerdos más habituales de las Fiestas del Pilar.

Durante los días festivos puede encontrarse en confiterías, tiendas de recuerdos, puestos y establecimientos especializados en productos aragoneses. También se vende durante el resto del año, aunque su presencia resulta especialmente visible alrededor del 12 de octubre.

Los adoquines comparten espacio con frutas de Aragón, guirlaches, trenzas y otros productos tradicionales. Sin embargo, pocos resultan tan fáciles de reconocer desde lejos o generan tantas preguntas entre quienes visitan por primera vez la ciudad.

Quienes preparen su visita pueden consultar también el programa de las Fiestas del Pilar 2026, con las fechas y actividades previstas durante los principales días de celebración.

Un recuerdo de Zaragoza difícil de olvidar

Casi un siglo después de su creación, los adoquines del Pilar continúan vendiéndose con una imagen muy similar a la que los hizo populares. Su receta es sencilla, pero su presentación los ha convertido en algo más que un caramelo.

Son un recuerdo de Zaragoza, una referencia a su antiguo pavimento y una pequeña recopilación de cultura popular escondida bajo el envoltorio. También constituyen una de esas tradiciones que se transmiten dentro de las familias: comprarlo, leer las coplas y buscar la manera de partirlo para compartirlo.

Curiosidades de los adoquines del Pilar

  • Año de creación: 1928.
  • Lugar de origen: Calatayud.
  • Creador: Manuel Caro Gormaz.
  • Peso: los más grandes pueden alcanzar aproximadamente 500 gramos.
  • Sabores tradicionales: anís, limón, naranja y fresa.
  • Origen del nombre: su parecido con los antiguos bloques de piedra de las calles próximas al Pilar.
  • Envoltorio: incluye la imagen de la Virgen y un diseño inspirado en el cachirulo.
  • En el interior: aparecen impresas varias letras de jotas aragonesas.

Por su tamaño, los ejemplares grandes suelen partirse en varios fragmentos antes de comerlos.

El adoquín del Pilar resume así una combinación difícil de repetir: un caramelo nacido en Calatayud, inspirado en las calles de Zaragoza, envuelto como un cachirulo y con varias jotas esperando al otro lado del papel.

Más información sobre las Fiestas del Pilar 2026

Este artículo forma parte de la colección especial de ZARAGOZALA dedicada a la historia, las tradiciones y las curiosidades de las Fiestas del Pilar.

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