CuriosidadesFiestas del Pilar 2026

El gigante que se traga a los niños de Zaragoza y siempre regresa durante las Fiestas del Pilar

El popular tobogán infantil tiene su antecedente en un enorme Gargantúa presentado en Zaragoza en 1867 y recuperado más de un siglo después

Una boca descomunal, una fila de niños esperando para entrar y un tobogán oculto en el interior. El Tragachicos de Zaragoza es una de las figuras más reconocibles de las celebraciones populares de la ciudad y uno de esos personajes capaces de unir los recuerdos de varias generaciones.

Su aparición está especialmente vinculada a las Fiestas del Pilar de Zaragoza, aunque también puede dejarse ver durante otras celebraciones municipales. Cada vez que regresa, vuelve a repetirse el mismo ritual: los pequeños acceden por su enorme boca, atraviesan el cuerpo de la figura y salen por la parte posterior después de deslizarse por el interior.

Sin embargo, el personaje no nació como un tobogán infantil. Sus antecedentes se remontan al siglo XIX y conducen hasta un gigantesco cabezudo llamado Gargantúa, que recorría las calles sobre un carro tirado por mulas y simulaba devorar toda clase de objetos.

El primer Gargantúa apareció en Zaragoza en 1867

Las primeras referencias conocidas se sitúan en 1867. Félix Oroz presentó entonces una figura de grandes proporciones junto a una renovada Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Zaragoza.

Aquel personaje recibió el nombre de Gargantúa y tenía el aspecto de un cabezudo descomunal. Llevaba un enorme turbante sobre la cabeza y era transportado en un carro tirado por mulas.

Cuando el carro se detenía, varios hombres vestidos como cocineros escenificaban su alimentación. El gigante todavía no se tragaba a los niños: por su boca desaparecían sombreros, botas y otros objetos inesperados que contribuían a provocar la sorpresa del público.

La idea conectaba con la figura de Gargantúa, el gigante glotón popularizado por la literatura europea y posteriormente incorporado a diferentes tradiciones festivas. Zaragoza adaptó ese personaje a sus celebraciones hasta convertirlo en una figura propia, conocida indistintamente como Gargantúa, Tragantúa o Tragachicos.

Una nueva figura para las Fiestas del Pilar de 1892

El personaje reapareció en 1892 con una nueva versión realizada en el taller del escultor zaragozano Dionisio Lasuén. La figura participó también en las Fiestas del Pilar de los dos años siguientes, pero aquella etapa volvió a ser relativamente breve.

Su popularidad hizo que la Comisión de Festejos decidiera recuperarla en 1907. El encargo fue realizado a José Galiay y el nuevo Gargantúa se presentó en la antigua plaza de la Constitución, actual plaza de España.

En esa ocasión ya no llegó arrastrado por mulas. La figura fue remolcada por uno de los grandes símbolos de modernidad de comienzos del siglo XX: un automóvil.

El 13 de octubre de 1907 realizó una entrada festiva desde la zona de Torrero hasta la Puerta de Santa Engracia. Allí lo esperaban la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, varios automóviles y numerosos niños, en una escena que convirtió al gigantesco personaje en una de las atracciones de aquellas fiestas.

De devorar botas a tragarse a los niños

Las primeras versiones del Gargantúa funcionaban principalmente como una pieza de animación callejera. El cambio que transformó al personaje en el Tragachicos que hoy se recuerda se produjo décadas después.

A finales de los años sesenta apareció una nueva figura conocida como el Tío Zambombo. Representaba a un enorme baturro provisto de un gran cucharón y viajaba sobre una carroza durante la cabalgata del Pregón.

Después del desfile quedaba instalado en la plaza del Pilar. Fue entonces cuando el personaje cambió definitivamente su peculiar dieta. En lugar de tragarse sombreros o botas, comenzó a recibir a los niños por la boca.

Los pequeños subían hasta la entrada, atravesaban el interior de la figura y descendían por un tobogán hasta salir por la parte posterior. Lo que aparentemente podía resultar aterrador se convirtió en un juego y en uno de los recuerdos infantiles asociados a las fiestas.

El Tío Zambombo terminó desapareciendo y quedó abandonado en los almacenes municipales. Su deterioro impidió conservarlo, pero la idea del gigante que se tragaba a los niños ya formaba parte de la memoria festiva de Zaragoza.

La recuperación del Tragachicos

El Ayuntamiento de Zaragoza recuperó el personaje en 1986. La reconstrucción permitió devolver a las calles una tradición que muchos zaragozanos recordaban de su infancia, aunque sus apariciones no mantuvieron todavía la continuidad actual.

El regreso definitivo se produjo en 2012, cuando se presentó una nueva versión de aproximadamente cinco metros de altura. Durante aquellas Fiestas del Pilar se instaló inicialmente en la plaza de España y recibió a unos 16.000 niños.

Desde entonces, el Tragachicos ha vuelto a incorporarse con regularidad a la programación infantil. Su funcionamiento sigue siendo deliberadamente sencillo: entrar por la boca, dejarse “devorar” y reaparecer unos segundos después al otro lado.

La ubicación y los horarios pueden cambiar en cada edición, por lo que conviene consultar la programación actualizada de las Fiestas del Pilar 2026 antes de desplazarse.

El León Garganchón, su nuevo compañero

Desde 2025, el Tragachicos ya no es el único gran personaje de Zaragoza que permite deslizarse por su interior. La ciudad incorporó el León Garganchón, una nueva atracción inspirada en el león que aparece en el escudo zaragozano.

La figura fue presentada durante el desfile del Pregón de aquel año como un compañero del histórico Tragachicos. La incorporación no sustituyó al personaje tradicional, sino que amplió esta particular familia de gigantes infantiles vinculados a la ciudad.

Mientras el León Garganchón representa uno de los principales símbolos heráldicos de Zaragoza, el Tragachicos conserva el aspecto y la historia de las antiguas figuras de Gargantúa. Ambos comparten la misma mecánica: una gran boca de entrada y un tobogán que conduce hasta la salida.

Una tradición que ha cambiado durante más de 150 años

El Tragachicos actual es muy diferente de aquel gigante que apareció en 1867. La figura ha cambiado de aspecto, ha recibido distintos nombres y ha pasado de recorrer las calles en un carro a instalarse como atracción infantil.

También ha cambiado aquello que supuestamente devora. Primero fueron objetos como botas y sombreros; después llegaron los niños, que convirtieron al antiguo cabezudo en un peculiar tobogán.

Lo que se ha mantenido es su capacidad para provocar curiosidad. Para quien lo contempla por primera vez, continúa siendo una figura desconcertante. Para muchos zaragozanos, en cambio, representa el recuerdo de una fila, una boca enorme y unos pocos segundos de recorrido por el interior de uno de los personajes más singulares del Pilar.

El Tragachicos de Zaragoza

  • Primera referencia: 1867.
  • Nombre original: Gargantúa.
  • Otros nombres: Tragantúa, Tragachicos y Tío Zambombo.
  • Nueva versión: Dionisio Lasuén, en 1892.
  • Reconstrucción: José Galiay, en 1907.
  • Primera recuperación municipal: 1986.
  • Regreso de la versión actual: 2012.
  • Altura aproximada: cinco metros.
  • Funcionamiento: entrada por la boca y descenso por un tobogán interior.
  • Nuevo compañero: el León Garganchón, incorporado en 2025.

Las ubicaciones y los horarios concretos se anuncian dentro de la programación de cada edición.

Más información para preparar las Fiestas del Pilar

ZARAGOZALA actualizará durante las próximas semanas la programación, los horarios y la información práctica de las fiestas.

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