
La fuente que Pignatelli dedicó a quienes no creían que pudiera llevar agua hasta Zaragoza
Ramón Pignatelli levantó esta fuente junto al Canal Imperial en 1786 para celebrar el éxito de una obra que muchos consideraban imposible
En uno de los laterales del Canal Imperial de Aragón se conserva una fuente que no fue dedicada a un rey, un santo ni un personaje ilustre. Su destinatario aparece escrito sobre una placa de piedra negra: quienes no creyeron que aquella enorme obra hidráulica pudiera completarse.
Es la Fuente de los Incrédulos de Zaragoza, levantada en 1786 por iniciativa de Ramón Pignatelli junto a las esclusas de Casablanca. Su inscripción celebraba la llegada del agua y respondía a quienes habían considerado imposible culminar el Canal Imperial.
Más de dos siglos después, la fuente permanece junto a Vía Ibérica, relativamente apartada de las rutas monumentales habituales. Puede contemplarse durante un paseo por las riberas del canal y permite descubrir uno de los mensajes más rotundos conservados en el patrimonio de Zaragoza.
El proyecto que muchos consideraban imposible
Índice
El Canal Imperial de Aragón tiene sus antecedentes en el siglo XVI, cuando se impulsó la construcción de la Acequia Imperial para aprovechar las aguas del Ebro. Sin embargo, las dificultades económicas y técnicas impidieron desarrollar completamente el proyecto.
La situación cambió durante el siglo XVIII. En 1772, Ramón Pignatelli quedó al frente de las obras y promovió una intervención mucho más ambiciosa, destinada a llevar agua para el riego, abastecer poblaciones, producir energía y facilitar el transporte de mercancías.
El canal debía superar ríos, barrancos y desniveles mediante acueductos, esclusas y otras infraestructuras. La magnitud del proyecto generó numerosas dudas entre quienes consideraban que las dificultades del terreno y el coste de las obras impedirían terminarlo.
Pignatelli continuó adelante. En 1782, las obras alcanzaron Zaragoza y el agua llegó a la ciudad en 1784. Dos años después se inauguraron las principales instalaciones del puerto de Casablanca, entre ellas las esclusas y un molino harinero.
Un mensaje para convencer a los incrédulos
La fuente fue instalada en diciembre de 1786, una vez demostrada la viabilidad del proyecto. Sobre su parte frontal se colocó una placa de piedra negra de Calatorao con una inscripción en latín:
Incredulorum convictioni et viatorum commodo. Anno MDCCLXXXVI
La frase puede traducirse como «Para convencimiento de los incrédulos y alivio de los caminantes. Año 1786».
La primera parte explica el nombre por el que terminaría siendo conocida. La fuente era la prueba material de que las aguas habían llegado hasta Zaragoza pese al escepticismo que había acompañado las obras.
La segunda recuerda su utilidad cotidiana. Los caños permitían beber y abastecerse de agua a quienes transitaban por el camino cercano, de manera que el monumento combinaba la celebración del proyecto con un servicio para los viajeros.
Cómo es la Fuente de los Incrédulos
La construcción original recibió el nombre de Fuente del Molino de la Casa Blanca. También fue conocida como Fuente de Casablanca antes de imponerse su denominación actual.
Está realizada en piedra caliza blanca y presenta una composición sobria, a medio camino entre el barroco clasicista y el neoclasicismo. Su cuerpo central rectangular está rematado por una cornisa y tres copas ornamentales.
Los dos caños metálicos vierten el agua sobre una cubeta central, comunicada con otros dos pequeños depósitos laterales. En los extremos aparecen relieves con forma de escamas, un motivo decorativo habitual en la arquitectura de la Ilustración.
El diseño no cuenta con una autoría documentada. Se ha relacionado con Fernando Martínez Corcín, director facultativo de las obras del Canal Imperial y colaborador de confianza de Pignatelli, aunque este último pudo intervenir en la concepción general del monumento.
Las esclusas y el antiguo puerto de Casablanca
La fuente formaba parte de un espacio mucho más amplio relacionado con la navegación. El puerto de Casablanca disponía de embarcadero, almacenes, posada, molino y diferentes construcciones destinadas al funcionamiento del canal.
Las esclusas permitían salvar un desnivel aproximado de seis metros y medio. Al llenar o vaciar sus cámaras, las embarcaciones podían ascender o descender para continuar su recorrido.
El Canal Imperial llegó a utilizarse para el transporte de viajeros y mercancías, aunque la expansión del ferrocarril redujo progresivamente su importancia como vía navegable. Su función principal terminó concentrándose en el riego y el abastecimiento.
Parte de las antiguas infraestructuras de Casablanca continúa visible alrededor de la fuente. El recorrido permite comprender que este lugar no fue únicamente una zona de paso del agua, sino uno de los principales conjuntos técnicos del canal en Zaragoza.
Cómo visitar la Fuente de los Incrédulos
La Fuente de los Incrédulos se encuentra junto al Canal Imperial, cerca de la intersección de Vía Ibérica con la carretera de Madrid y próxima a las esclusas de Casablanca.
El monumento está situado al aire libre y puede contemplarse gratuitamente. La visita puede integrarse en un paseo por las riberas del canal, aunque conviene prestar atención a los accesos y cruces viarios del entorno.
La fuente fue restaurada en 2020 para eliminar pintadas, reparar deterioros y proteger la piedra. Está declarada Bien de Interés Cultural y pertenece a la Confederación Hidrográfica del Ebro.
Visitar la Fuente de los Incrédulos
- Ubicación: junto al Canal Imperial y las esclusas de Casablanca.
- Acceso: monumento exterior.
- Precio: gratuito.
- Año de construcción: 1786.
- Promotor: Ramón Pignatelli.
- Estilo: transición del barroco clasicista al neoclasicismo.
- Protección: Bien de Interés Cultural.
La visita puede completarse recorriendo las riberas del Canal Imperial y las antiguas esclusas de Casablanca.
La obra que transformó Zaragoza
El Canal Imperial cambió el paisaje y la economía de Zaragoza. Permitió ampliar las tierras de regadío, abastecer instalaciones productivas y acercar el agua a diferentes zonas del entorno urbano.
Ramón Pignatelli no llegó a ver cumplida la idea de comunicar mediante navegación el Cantábrico y el Mediterráneo, pero convirtió el antiguo proyecto hidráulico en una de las grandes obras de la Ilustración española.
La fuente de Casablanca resume aquella historia mediante una frase. Primero debía servir para aliviar la sed de los caminantes. Después, para recordar a todos los que pasaran por allí que el agua había llegado y que los incrédulos estaban equivocados.
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