
Los estilos arquitectónicos de la Aljafería
Este artículo forma parte de la serie con la que recorremos las sucesivas transformaciones arquitectónicas del Palacio de la Aljafería.
Quien se aproxima hoy a la Aljafería encuentra un edificio rodeado por un foso, protegido por gruesas murallas y flanqueado por torreones. Su aspecto exterior puede llevar a imaginar una fortaleza medieval conservada prácticamente sin cambios desde la época islámica.
Sin embargo, buena parte de esa imagen defensiva responde a una transformación posterior. A finales del siglo XVI, Felipe II convirtió el antiguo palacio en una fortaleza adaptada a la artillería y preparada para controlar posibles levantamientos en Zaragoza.
Esta etapa explica algunos de los elementos más visibles del monumento y constituye uno de los capítulos más intensos de la historia de la Aljafería.
La llegada del Tribunal de la Inquisición
Índice
El cambio de función comenzó antes de la construcción de la fortaleza. En 1486, el Tribunal del Santo Oficio se instaló en varias dependencias de la Aljafería, especialmente en los espacios próximos al patio y a la iglesia de San Martín.
A partir de ese momento, una parte del antiguo palacio real pasó a albergar oficinas, salas judiciales y dependencias carcelarias de la Inquisición.
La Torre del Trovador, el cuerpo arquitectónico más antiguo del conjunto, comenzó probablemente entonces a utilizarse como prisión. La torre que había formado parte de la fortaleza anterior al palacio taifa adquiría así una función muy diferente de aquella para la que fue construida.
La presencia inquisitorial se mantuvo durante varios siglos, aunque en 1706 el tribunal trasladó su sede a otro edificio de Zaragoza.
Una torre con muchas vidas: la Torre del Trovador fue estructura defensiva, dependencia del palacio islámico, torre del castillo cristiano y prisión vinculada a la Inquisición.
Antonio Pérez y las Alteraciones de Aragón
El episodio que cambió definitivamente el destino de la Aljafería tuvo como protagonista a Antonio Pérez, antiguo secretario de Felipe II.
Tras ser acusado de distintos delitos por la monarquía, Antonio Pérez huyó a Aragón y se acogió a la protección de sus fueros. Su situación provocó un enfrentamiento entre las instituciones aragonesas y el poder real.
En 1591 fue trasladado desde la cárcel del Justicia de Aragón hasta la prisión de la Inquisición situada en la Aljafería. La operación se interpretó como un intento de Felipe II de evitar la protección que las leyes aragonesas ofrecían al detenido.
El traslado desencadenó una revuelta popular en Zaragoza, conocida como las Alteraciones de Aragón. Antonio Pérez consiguió escapar, pero la respuesta del monarca fue contundente.
Las tropas reales entraron en la ciudad y el Justicia de Aragón, Juan de Lanuza, fue ejecutado. Posteriormente, Felipe II impulsó diferentes reformas que limitaron algunas de las atribuciones de las instituciones aragonesas.
Felipe II convierte la Aljafería en una ciudadela
Después de los acontecimientos de 1591, Felipe II decidió reforzar el control militar de Zaragoza y evitar que pudiera repetirse un levantamiento semejante.
La Aljafería ocupaba una posición estratégica. Se encontraba entonces fuera del núcleo urbano, junto a uno de los principales accesos a la ciudad, y ofrecía espacio suficiente para alojar tropas y artillería.
El monarca encargó la transformación del palacio al ingeniero militar Tiburcio Spannocchi, uno de los grandes especialistas en fortificaciones de la monarquía hispánica.
Entre 1592 y 1593, Spannocchi diseñó una fortaleza adaptada a las nuevas técnicas militares. Las antiguas murallas medievales ya no resultaban suficientes ante el desarrollo de los cañones y las armas de fuego.
El proyecto incorporó varios elementos característicos de la arquitectura militar moderna:
- Un amplio foso alrededor del recinto.
- Una barrera exterior con muros inclinados.
- Baluartes pentagonales en los ángulos.
- Espacios preparados para la instalación de artillería.
- Dependencias destinadas al alojamiento de soldados.
La forma pentagonal de los baluartes permitía cubrir con fuego defensivo los laterales de la fortaleza y reducir los puntos muertos. Era una solución habitual en las ciudadelas europeas construidas durante los siglos XVI y XVII.
Una pista para la visita: el foso que actualmente rodea la Aljafería no pertenece al palacio islámico del siglo XI. Su origen se encuentra en la fortificación proyectada por Spannocchi a finales del siglo XVI.
¿Qué queda de la fortaleza de Felipe II?
La fortificación de Spannocchi fue modificada en numerosas ocasiones durante los siglos posteriores. Algunas de sus estructuras desaparecieron y otras quedaron ocultas bajo nuevas construcciones.
El foso es el elemento más reconocible que se conserva de aquel proyecto. Aunque ha sido restaurado y reconstruido en diferentes momentos, permite comprender la escala de la transformación militar.
La disposición general del recinto exterior también ayuda a imaginar la antigua ciudadela. El palacio ya no era únicamente una residencia protegida por una muralla, sino el núcleo de una instalación militar diseñada según los principios defensivos de la Edad Moderna.
La Aljafería se convierte en cuartel
Durante el reinado de Fernando VI, en el siglo XVIII, la Aljafería comenzó a utilizarse de manera permanente como alojamiento de tropas.
En el último tercio del siglo, especialmente durante el reinado de Carlos III, se construyeron nuevos edificios destinados a la artillería, la caballería, la infantería y los distintos servicios del ejército.
El recinto fue organizándose alrededor de un gran patio de armas. Aparecieron dormitorios para los soldados, almacenes, caballerizas, oficinas y espacios para guardar armamento y provisiones.
Algunas de estas construcciones todavía se conservan en el sector occidental de la Aljafería. Su arquitectura más sobria y funcional contrasta con la decoración del palacio islámico, las salas mudéjares y el palacio de los Reyes Católicos.
La utilización militar tuvo consecuencias importantes. Muchas salas fueron divididas, algunas decoraciones quedaron ocultas y numerosos elementos históricos fueron dañados o transformados para adaptarlos a las necesidades del cuartel.
Las reformas militares del siglo XIX
En 1862, la Aljafería dejó de formar parte del Patrimonio Real y pasó a depender del Ministerio de la Guerra.
A partir de entonces se realizaron nuevos proyectos para ampliar y modernizar el cuartel. El interior fue profundamente alterado y la fachada exterior adquirió una apariencia más uniforme y militar.
También se levantaron cuatro torres de estilo neogótico en las esquinas de los cuarteles de Santa Isabel y del Príncipe. Dos de esas torres todavía pueden contemplarse en el conjunto actual.
Las reformas pusieron en peligro numerosos restos del palacio medieval. En 1866, la Comisión de Monumentos de Zaragoza promovió el traslado de yeserías, capiteles, arcos y otros fragmentos a instituciones como el Museo de Zaragoza y el Museo Arqueológico Nacional.
Aunque aquella separación alteró su contexto original, permitió salvar piezas que probablemente habrían desaparecido durante las obras militares.
Qué observar durante la visita
La etapa militar de la Aljafería suele pasar desapercibida frente a la espectacularidad de sus espacios islámicos y mudéjares. Sin embargo, puede reconocerse en varios puntos del recorrido.
El foso
Es la huella más visible del proyecto de fortificación de Felipe II. Conviene observar su anchura y la distancia que establece entre el palacio y el exterior.
Las murallas exteriores
Su aspecto actual es resultado de distintas épocas y restauraciones. Permiten apreciar cómo la residencia palaciega quedó encerrada dentro de una estructura militar.
Las torres neogóticas
Las torres conservadas recuerdan las reformas realizadas en el siglo XIX, cuando se intentó proporcionar una imagen historicista a determinadas construcciones del cuartel.
El patio de armas
La amplitud de este espacio responde a las necesidades de formación, circulación y organización de las unidades militares alojadas en el recinto.
La Torre del Trovador
Además de ser la parte más antigua de la Aljafería, permite seguir la transformación del edificio desde sus orígenes defensivos hasta su utilización como prisión.
Cinco elementos que no hay que perderse
- El foso proyectado durante la fortificación de Felipe II.
- La integración de las antiguas torres dentro del recinto defensivo.
- Los edificios militares levantados alrededor del patio de armas.
- Las torres neogóticas conservadas de las reformas del siglo XIX.
- La Torre del Trovador y su pasado como prisión.
De cuartel militar a monumento histórico
A comienzos del siglo XX, el valor histórico y artístico de la Aljafería empezó a recibir una mayor protección. El 4 de junio de 1931 fue declarada Monumento Histórico-Artístico.
En 1947 comenzaron las grandes campañas de restauración dirigidas por el arquitecto Francisco Íñiguez Almech. Su trabajo permitió recuperar numerosos espacios del palacio islámico y de las ampliaciones medievales que habían quedado ocultos o alterados.
En 1980, el Ayuntamiento de Zaragoza adquirió el edificio y los terrenos a las Fuerzas Armadas dentro de la llamada operación cuarteles. La compra abrió una nueva etapa destinada a recuperar el monumento y devolverlo a la ciudadanía.
Poco después se decidió instalar en la Aljafería la sede de las Cortes de Aragón. El nuevo hemiciclo fue inaugurado el 20 de mayo de 1987 y, desde 1994, el edificio es oficialmente propiedad del Parlamento aragonés.
De este modo, un espacio que había sido palacio islámico, residencia real, sede inquisitorial, prisión, fortaleza y cuartel pasó a convertirse en uno de los principales símbolos institucionales de Aragón.
Un edificio que conserva todas sus transformaciones
La etapa militar no es un simple paréntesis en la historia de la Aljafería. Explica su aspecto exterior, la presencia del foso, la organización de buena parte del recinto y algunas de las pérdidas sufridas por el monumento.
También permite comprender por qué visitar la Aljafería equivale a recorrer casi mil años de arquitectura. Bajo sus murallas conviven el palacio taifa, las reformas de los reyes aragoneses, el arte mudéjar, la residencia de los Reyes Católicos y las estructuras creadas para la defensa y el alojamiento de tropas.
La Aljafería sobrevivió precisamente porque fue utilizada y transformada continuamente. Cada época modificó el edificio según sus necesidades y dejó una huella que todavía puede reconocerse.
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