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El santuario escondido entre montes de Zaragoza que nació alrededor de una pequeña Virgen de alabastro

El conjunto comenzó con una pequeña ermita en el siglo XVI y terminó incorporando una iglesia, una hospedería y diferentes dependencias alrededor de una gran plaza

A 16 kilómetros del casco urbano de Épila, en un repliegue montañoso rodeado de olivos, aparece un conjunto de edificios organizado alrededor de una gran explanada. Es el Santuario de Nuestra Señora de Rodanas, un lugar de peregrinación cuyo origen se remonta al siglo XVI.

La tradición sostiene que todo comenzó en 1546, cuando un pastor encontró una pequeña imagen de la Virgen semienterrada mientras apacentaba a sus ovejas. La figura, tallada en alabastro, dio lugar primero a una ermita y posteriormente a un santuario formado por una iglesia, una casa parroquial, la vivienda del santero y una hospedería.

La devoción se extendió por diferentes municipios del valle del Jalón. Durante siglos, peregrinos y romeros recorrieron los caminos de la sierra para alcanzar un enclave apartado que todavía mantiene su relación con Épila y las localidades de su entorno.

Una Virgen de alabastro encontrada en 1546

La historia del santuario está estrechamente unida a la imagen de la Virgen de Rodanas. Se trata de una pequeña talla de alabastro en la que María sostiene al Niño con su brazo izquierdo.

Según la tradición, la figura apareció en 1546 en el paraje conocido como el Cabecico de la Virgen. Un peirón situado en este lugar recuerda el episodio que habría originado la devoción y la posterior construcción de la ermita.

La talla presenta siete flores de lis, interpretadas como una referencia a los pueblos especialmente vinculados con la Virgen de Rodanas. El Ayuntamiento de Épila identifica estas localidades como Épila, Lumpiaque, Rueda de Jalón, Calatorao, Salillas de Jalón, Tabuenca y Nigüella.

El hallazgo pertenece al terreno de la tradición religiosa, pero la existencia de la ermita está documentada desde el siglo XVI. El pequeño edificio inicial fue creciendo conforme aumentaron las peregrinaciones y la importancia del lugar.

De una ermita a un gran santuario

La primera construcción fue una ermita destinada a custodiar la imagen. Durante los siglos XVII y XVIII, el espacio se amplió hasta adquirir buena parte de su aspecto actual.

El resultado es un conjunto arquitectónico dispuesto en forma de U alrededor de una gran plaza. El lado norte está ocupado por la iglesia y la casa parroquial, mientras que en los laterales se levantan la antigua casa del santero y la hospedería.

Estas dependencias permitían atender a los peregrinos, sacerdotes y seminaristas que acudían hasta Rodanas. El santuario también fue utilizado como lugar de retiro y para la realización de ejercicios espirituales.

La presencia de una hospedería permite entender que Rodanas no funcionaba únicamente como una pequeña ermita rural. Su ubicación apartada obligaba a disponer de espacios en los que alojar y atender a quienes llegaban después de recorrer los caminos de la sierra.

Así es la iglesia de Nuestra Señora de Rodanas

La iglesia presenta tres naves separadas mediante arcos de medio punto. Los diferentes espacios se cubren con bóvedas de arista y sobre las naves laterales discurre una tribuna sostenida por columnas.

La parte más antigua se encuentra en la cabecera. Este espacio tiene planta rectangular, está separado de la nave por una reja barroca y conserva una sencilla bóveda de crucería relacionada con la primera etapa del edificio.

Las sucesivas ampliaciones transformaron aquella ermita inicial en un templo de mayores dimensiones. La fachada, levantada principalmente en mampostería, refleja desde el exterior el escalonamiento de las naves y los contrafuertes de la nave central.

La portada se abre hacia la plaza del santuario mediante un arco de medio punto. Su arquitectura resulta sobria y mantiene la imagen de una construcción vinculada al medio rural y al paisaje que la rodea.

El misterioso cántaro del que manaba aceite

Entre las historias asociadas a Rodanas destaca la de un antiguo cántaro de barro. La tradición afirmaba que del recipiente manaba aceite al que se atribuían propiedades curativas.

Los peregrinos utilizaban este aceite como remedio para diferentes enfermedades. El episodio llegó a documentarse a finales del siglo XVII dentro de las investigaciones promovidas para recoger los sucesos considerados milagrosos.

Según los relatos conservados, el aceite dejó de brotar en 1707. A partir de entonces, el cántaro continuó utilizándose para guardar otro aceite que después se distribuía entre los devotos.

Esta narración contribuyó a extender el conocimiento de Rodanas fuera del entorno inmediato de Épila. Durante los siglos XVII y XVIII, el santuario recibió peregrinos procedentes de diferentes lugares atraídos por la imagen y por los prodigios que se le atribuían.

Un incendio durante la Guerra de la Independencia

El conjunto sufrió uno de sus episodios más difíciles durante la Guerra de la Independencia. En 1810, las tropas francesas incendiaron el santuario y provocaron importantes daños en sus dependencias.

La imagen de la Virgen pudo salvarse, pero el incendio afectó a los edificios y al patrimonio acumulado durante los siglos anteriores. El santuario volvió a atravesar un periodo complicado después de la desamortización del siglo XIX.

A pesar de estos acontecimientos, Rodanas no desapareció. El mantenimiento de las romerías y la vinculación de los vecinos con el lugar permitieron conservar el conjunto y recuperar progresivamente sus espacios.

En 1946 se celebró el cuarto centenario de la tradición sobre la aparición de la imagen. Décadas después, el 28 de octubre de 2000, la Virgen de Rodanas recibió la coronación canónica.

Las romerías que conectan Rodanas con el valle del Jalón

El aislamiento geográfico del santuario no impidió que se convirtiera en un punto de encuentro para diferentes localidades. Los caminos que atraviesan la sierra han sido utilizados durante generaciones para llegar a pie hasta Rodanas.

Épila mantiene una relación especialmente estrecha con el enclave, pero también se organizan romerías y celebraciones vinculadas a otros municipios del entorno. El domingo de Quasimodo y el lunes de Pentecostés han sido dos de las fechas tradicionales de peregrinación.

La llegada de los romeros transforma durante esas jornadas un lugar habitualmente tranquilo. La explanada y las antiguas dependencias recuperan entonces la función para la que fueron ampliadas: acoger a quienes llegan hasta el santuario para participar en las celebraciones.

Un santuario rodeado de rutas y olivos centenarios

Rodanas se encuentra en la sierra del mismo nombre, dentro de un paisaje formado por monte bajo, pinares y campos de olivos. Alrededor del santuario pueden contemplarse varios ejemplares centenarios relacionados con la historia agrícola del enclave.

Desde la explanada parten diferentes caminos que permiten recorrer la sierra. Entre los destinos próximos se encuentran el pico del Águila, la Buitrera, la Cueva del Gato y el paraje de Agua Viva.

El Ayuntamiento de Épila también propone la ruta denominada Rodanas 14 + 14, un itinerario circular de algo más de 28 kilómetros y dificultad moderada. El recorrido permite aproximarse al santuario como parte de una excursión de senderismo.

Detrás de las antiguas cocinas se conserva una pequeña laguna situada en el espacio donde estuvo el lavadero. Otras dependencias agropecuarias se han acondicionado como zonas de comedor y estancia.

Cómo llegar al Santuario de Rodanas

El santuario se encuentra dentro del término municipal de Épila, aunque está situado a aproximadamente 16 kilómetros del casco urbano.

Desde Zaragoza puede llegarse por la autovía A-2 en dirección a La Almunia de Doña Godina. Después hay que continuar por la carretera A-121, pasar Ricla y tomar el desvío señalizado hacia Rodanas antes de alcanzar Fuendejalón.

Desde ese cruce quedan aproximadamente seis kilómetros por una carretera local que termina en la explanada del santuario. La distancia total desde Zaragoza ronda los 70 kilómetros.

Visitar el Santuario de Rodanas

  • Municipio: Épila.
  • Comarca: Valdejalón.
  • Distancia desde Épila: aproximadamente 16 kilómetros.
  • Distancia desde Zaragoza: alrededor de 70 kilómetros.
  • Origen: ermita levantada durante el siglo XVI.
  • Conjunto: iglesia, casa parroquial, casa del santero y hospedería.
  • Entorno: Sierra de Rodanas y campos de olivos centenarios.
  • Acceso exterior: por carretera hasta la explanada del santuario.
  • Visita interior: conviene consultar previamente su apertura con el Ayuntamiento de Épila.

El enclave permite combinar la visita patrimonial con diferentes recorridos por la Sierra de Rodanas.

Un lugar de peregrinación construido lejos del pueblo

La singularidad de Rodanas reside tanto en su arquitectura como en su emplazamiento. A diferencia de otros templos integrados en el casco urbano, el santuario se levantó en medio de la sierra, alrededor del lugar en el que la tradición situaba el hallazgo de la imagen.

La pequeña ermita terminó convirtiéndose en un complejo preparado para recibir peregrinos. La iglesia, la hospedería y las antiguas viviendas recuerdan una época en la que alcanzar Rodanas exigía recorrer a pie o a caballo los caminos del valle del Jalón.

Más de cuatro siglos después, el conjunto permanece rodeado por montes y olivos. La imagen de alabastro continúa siendo el centro de un santuario que sobrevivió a un incendio, a la desamortización y a largos periodos de abandono sin perder su vinculación con Épila.

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