El pozo de Zaragoza que esconde un pequeño bosque a más de 20 metros de profundidad
Esta enorme cavidad natural situada entre olivos conserva un microclima propio, una vegetación inesperada y una leyenda nacida hace casi cinco siglos
En medio de un campo de olivos de la provincia de Zaragoza se abre una cavidad de 22 metros de diámetro. Desde la superficie apenas puede adivinarse lo que guarda en su interior: paredes cubiertas de vegetación y un pequeño bosque que crece a más de 20 metros de profundidad.
Es el Pozo de los Aines, una gran dolina situada junto a Grisel, en la comarca de Tarazona y el Moncayo. Una escalera excavada en uno de sus laterales permite descender hasta un mirador y observar un paisaje que contrasta por completo con los campos secos que rodean la cavidad.
La humedad, la sombra y una temperatura varios grados inferior a la de la superficie han creado un microclima propio. En el fondo crecen helechos, musgos, higueras y otras plantas características de lugares húmedos, formando uno de los rincones naturales más singulares de la provincia.
Un enorme hundimiento entre campos de olivos
Índice
El Pozo de los Aines es una dolina originada por el hundimiento de estratos de roca caliza y yeso. La acción continuada de las aguas subterráneas fue disolviendo parte del terreno hasta provocar el colapso de la superficie.
La cavidad presenta una boca de aproximadamente 22 metros de diámetro, una profundidad vertical cercana a los 23 metros y un desnivel total que alcanza los 32 metros en algunos puntos.
Su formación es relativamente reciente desde el punto de vista geológico. Una de las hipótesis sitúa el hundimiento durante la Baja Edad Media, aunque existen indicios de que el lugar pudo ser conocido y aprovechado anteriormente para obtener agua.
El pozo aparece citado por el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña durante el recorrido que realizó por Aragón a comienzos del siglo XVII. En sus proximidades también se han localizado testimonios arqueológicos de época romana y musulmana.
El bosque escondido en el fondo del pozo
La imagen más sorprendente aparece al acercarse al mirador. Mientras la superficie está ocupada por olivos y vegetación adaptada a un entorno más seco, las paredes interiores permanecen cubiertas por plantas que necesitan sombra y humedad.
El agua que se filtra por el terreno y la escasa incidencia directa del sol mantienen unas condiciones ambientales diferentes. La temperatura puede ser varios grados más baja que en el exterior, circunstancia especialmente perceptible durante los meses de verano.
Entre las especies presentes se encuentra el helecho conocido como lengua de ciervo. La vegetación se extiende por las paredes y el fondo de la cavidad, donde también encuentran refugio pequeños animales relacionados con este hábitat húmedo.
El resultado recuerda a un jardín natural hundido. Sin embargo, el interior no es un espacio por el que puedan caminar los visitantes: la visita turística termina en el mirador acondicionado en uno de los laterales.
La leyenda del vecino que desapareció bajo tierra
La formación del pozo está acompañada por una leyenda transmitida en Grisel durante generaciones. La historia se sitúa hacia 1535, cuando buena parte de la población de la localidad era morisca.
Según la versión tradicional, un rico propietario llamado Hamet Ben Larbi salió a trabajar con su criado durante una festividad religiosa. Mientras trillaban, se escuchó un fuerte estruendo y el terreno se abrió bajo ellos.
El hombre, el criado, las caballerías y el trillo habrían desaparecido dentro de la enorme cavidad. Los vecinos interpretaron el suceso como un castigo por haber trabajado durante una jornada festiva.
La narración presenta distintas versiones. Algunas sitúan el episodio el día de Santiago, durante el Corpus Christi o en la festividad de la Virgen de Agosto. Esta última fecha es la que aparece con mayor frecuencia en la tradición local.
Otras historias hablan de ermitaños instalados en las cuevas del fondo y de supuestos pasadizos que comunicarían el pozo con el castillo de Grisel. No existen pruebas de esos túneles, pero la posibilidad ha contribuido a mantener el misterio alrededor del lugar.
De dónde procede el nombre de Aines
El nombre del pozo también ha generado diferentes explicaciones. La interpretación lingüística lo relaciona con la palabra árabe ayn, que significa fuente, manantial u ojo.
La tradición popular ofrece una versión distinta. Según esta historia, una joven llamada Inés habría caído en la cavidad, que comenzó a conocerse como el pozo de la Inés. Con el paso del tiempo, la pronunciación habría evolucionado hasta convertirse en Aines.
Aunque esta segunda explicación pertenece al terreno legendario, demuestra la capacidad del pozo para generar historias vinculadas a su profundidad y a su aspecto inaccesible.
Cómo visitar el Pozo de los Aines
El Pozo de los Aines se encuentra al oeste de Grisel, a unos seis kilómetros de Tarazona. El acceso está señalizado desde la carretera local que comunica ambas poblaciones.
Después de dejar el vehículo en la zona habilitada, hay que continuar a pie por un camino señalizado. El recorrido atraviesa la acequia de Irués y conduce hasta el campo de olivos en cuyo centro se abre la cavidad.
El Ayuntamiento de Grisel adquirió la finca y acondicionó el entorno en 2013. Actualmente, el pozo está completamente vallado y dispone de mesas, bancos, paneles informativos y una escalera de piedra protegida con barandillas.
La escalera baja únicamente hasta un mirador panorámico. El descenso al fondo requiere material y conocimientos de espeleología, por lo que no forma parte de la visita turística y no debe intentarse por cuenta propia.
Visitar el Pozo de los Aines
- Localidad: Grisel.
- Comarca: Tarazona y el Moncayo.
- Distancia desde Tarazona: aproximadamente 6 kilómetros.
- Tipo de formación: dolina originada por el hundimiento del terreno.
- Diámetro de la boca: alrededor de 22 metros.
- Profundidad: unos 23 metros.
- Desnivel máximo: aproximadamente 32 metros.
- Acceso turístico: camino señalizado y escaleras hasta el mirador.
- Entorno: campo de olivos con zona de descanso.
La visita permite contemplar la cavidad desde el mirador, pero no bajar hasta su fondo.
Qué más puede verse en Grisel
La visita al pozo puede completarse con un recorrido por Grisel. La localidad conserva un castillo medieval que perteneció durante siglos al Cabildo de la Catedral de Tarazona y que actualmente funciona como alojamiento turístico.
También destacan la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, las antiguas casillas utilizadas por agricultores y pastores y los miradores de La Diezma. Desde esta elevación se contempla una amplia panorámica de Tarazona, el valle del Queiles y el Moncayo.
La cercanía de Tarazona y del Parque Natural del Moncayo permite integrar el Pozo de los Aines en una excursión más amplia por el extremo occidental de la provincia.
Su principal atractivo, sin embargo, permanece oculto bajo el nivel de los olivos. Allí, protegido de la luz directa y del calor, sobrevive un pequeño ecosistema de plantas húmedas en el interior de una cavidad asociada durante siglos a hundimientos, desapariciones y pasadizos secretos.
Otros lugares sorprendentes de la provincia de Zaragoza
- El monasterio de Zaragoza donde Bécquer encontró inspiración para sus historias más misteriosas
- La torre de Zaragoza cubierta por miles de azulejos que funcionan como espejos
- El pueblo de Zaragoza donde todavía pueden seguirse las huellas de los dinosaurios
Más propuestas para descubrir los paisajes, monumentos e historias menos conocidas de Zaragoza y su provincia.



