Cultura

Zaragoza quiere convertir a Goya en su gran proyecto cultural de la próxima década

Durante décadas, Zaragoza ha convivido con una paradoja difícil de explicar. Pocas ciudades pueden presumir de haber sido decisivas en la formación de uno de los artistas más influyentes de la historia del arte y, al mismo tiempo, haber explotado tan poco ese vínculo como elemento de proyección cultural y turística.

Francisco de Goya nació en Fuendetodos, dio sus primeros pasos como pintor en Zaragoza, dejó en la ciudad algunas de sus primeras grandes obras y regresó en distintos momentos de su trayectoria para realizar algunos de sus trabajos más importantes. Sin embargo, salvo iniciativas puntuales, exposiciones temporales o la consolidación de la Ruta de Goya, la capital aragonesa nunca ha conseguido situarse en el imaginario colectivo como la gran ciudad de Goya.

El Debate sobre el Estado de la Ciudad celebrado este miércoles deja entrever que el Ayuntamiento quiere cambiar esa realidad. Más allá del anuncio de una gran exposición inmersiva en La Lonja o de la muestra organizada junto al Museo Nacional del Prado para 2027, lo que comienza a dibujarse es una estrategia mucho más amplia: aprovechar el bicentenario de la muerte del pintor, que se conmemorará en 2028, para redefinir el papel de Zaragoza dentro del mapa cultural español.

La diferencia no es menor. No se trata únicamente de organizar una programación especial durante un aniversario señalado. La intención es utilizar una efeméride internacional para reforzar una identidad cultural que la ciudad lleva décadas reivindicando, pero que nunca había desarrollado con una planificación tan ambiciosa.

Una oportunidad que Zaragoza llevaba años esperando

Las grandes efemérides culturales suelen convertirse en momentos decisivos para las ciudades que saben aprovecharlas. Sirven para atraer visitantes, generar actividad económica, impulsar nuevos proyectos y, sobre todo, construir un relato que permanezca cuando termina la celebración.

Eso es, precisamente, lo que parece perseguir Zaragoza con la programación anunciada para 2027 y 2028.

La propuesta va mucho más allá de una exposición temporal. El Ayuntamiento plantea un recorrido de dos años que comenzará con ‘Doscientos años con Goya’, una muestra que reunirá cerca de un centenar de piezas procedentes de más de sesenta instituciones nacionales e internacionales y permitirá contemplar en Zaragoza obras nunca antes expuestas en la ciudad, además del regreso de El Coloso más de tres décadas después de su última exhibición.

Un año después llegará la gran apuesta divulgativa: una exposición inmersiva desarrollada junto al Museo del Prado que pretende acercar la figura del artista mediante recursos audiovisuales, realidad virtual y una narrativa capaz de conectar su obra con el público contemporáneo.

Las exposiciones son importantes por sí mismas, pero adquieren una dimensión diferente cuando se observan como parte de una misma estrategia. El objetivo ya no parece ser únicamente programar dos grandes eventos culturales, sino aprovechar el bicentenario para consolidar la imagen de Zaragoza como la ciudad donde comenzó el camino de Goya.

Goya siempre estuvo en Zaragoza, pero Zaragoza nunca terminó de construir un relato alrededor de él

La relación entre Zaragoza y Goya nunca ha sido una cuestión de patrimonio, sino de relato.

La ciudad conserva algunos de los conjuntos más importantes de sus primeros años, con las pinturas de la basílica del Pilar y de la Cartuja de Aula Dei como principales referentes. A ello se suman la colección del Museo Goya, la huella que el artista dejó en distintos espacios de la ciudad y la cercanía de Fuendetodos, donde nació en 1746.

Sin embargo, esa riqueza nunca ha terminado de traducirse en una estrategia continuada capaz de situar a Zaragoza como un destino cultural asociado de forma inmediata a su figura.

La comparación con otras ciudades resulta inevitable. Málaga ha construido buena parte de su proyección internacional alrededor de Picasso. Figueres convirtió a Dalí en uno de sus principales motores turísticos. Incluso ciudades europeas como Salzburgo o Aix-en-Provence han hecho de Mozart o Cézanne parte esencial de su identidad contemporánea.

Zaragoza, en cambio, ha mantenido una relación más discreta con el pintor aragonés. Su presencia ha estado vinculada sobre todo a iniciativas culturales concretas, pero no había cristalizado en un proyecto de ciudad capaz de proyectarse hacia el exterior.

El bicentenario ofrece la oportunidad de corregir esa situación.

Una estrategia que también habla de turismo

Aunque el anuncio se presenta desde el ámbito cultural, sus implicaciones van mucho más allá de los museos.

El turismo cultural es uno de los segmentos con mayor capacidad para generar visitantes durante todo el año, reducir la estacionalidad y atraer un perfil de viajero interesado en permanecer más tiempo en el destino y consumir una oferta más amplia.

En ese contexto, reforzar la marca de Zaragoza como ciudad de Goya supone mucho más que aumentar el número de exposiciones. Significa incorporar un argumento diferencial dentro de un mercado en el que las ciudades compiten cada vez más por atraer visitantes a través de experiencias culturales propias.

La colaboración con el Museo del Prado también adquiere importancia desde esa perspectiva. No solo aporta prestigio científico y museográfico al proyecto, sino que sitúa a Zaragoza dentro de una programación que previsiblemente tendrá repercusión nacional e internacional durante los años del bicentenario.

Si la estrategia consigue consolidarse, el efecto puede extenderse más allá de 2028. Las ciudades que han logrado asociar con éxito su imagen a un gran creador no viven únicamente de las conmemoraciones. Construyen una identidad reconocible que permanece en el tiempo y que termina formando parte de su propia marca turística.

El reto está en que el bicentenario no termine cuando acaben las exposiciones

Ese será probablemente el mayor desafío.

Las efemérides tienen una enorme capacidad para concentrar recursos, atraer atención mediática y generar programación excepcional, pero también corren el riesgo de agotarse una vez finaliza la celebración.

La verdadera oportunidad para Zaragoza no consiste únicamente en organizar dos grandes exposiciones, sino en aprovechar ese impulso para fortalecer de forma permanente todo el ecosistema cultural vinculado a Goya: sus espacios expositivos, las rutas patrimoniales, la programación educativa, la investigación, las actividades divulgativas y la colaboración entre instituciones.

Si el legado del bicentenario se limita al éxito puntual de las muestras previstas para 2027 y 2028, Zaragoza habrá organizado una conmemoración de gran nivel. Si, por el contrario, consigue que la ciudad sea identificada de manera natural como uno de los grandes destinos goyescos de Europa, el resultado será mucho más profundo.

Una oportunidad difícilmente repetible

Las ciudades disponen de muy pocas ocasiones para redefinir su posición cultural a través de una efeméride de alcance internacional. El bicentenario de la muerte de Goya es una de ellas.

La programación presentada durante el Debate sobre el Estado de la Ciudad apunta a un cambio de escala respecto a iniciativas anteriores. Hay una planificación a varios años vista, una colaboración con el principal museo español, un esfuerzo por atraer obras inéditas a Zaragoza y una voluntad explícita de convertir la figura del pintor en un eje de proyección cultural y turística.

Todavía queda un largo camino hasta 2028 y será necesario conocer con detalle el conjunto de actividades que acompañarán a estas grandes exposiciones. Pero el planteamiento ya permite extraer una conclusión: por primera vez en mucho tiempo, Zaragoza parece decidida a dejar de recordar que Goya pasó por la ciudad para empezar a construir un proyecto capaz de situarla, de forma permanente, entre los grandes lugares del universo goyesco.

Si esa ambición termina materializándose, el mayor legado del bicentenario no será una exposición de éxito ni un récord de visitantes. Será haber conseguido que, cuando alguien piense en Goya, Zaragoza ocupe por fin el lugar que históricamente le corresponde.

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