
La extraña figura en La Seo de Zaragoza que pasa desapercibida
Un pequeño hombre barbudo permanece casi oculto junto al espectacular muro mudéjar de la Parroquieta de San Miguel y sostiene entre sus manos lo que parece ser una filacteria.
Hay lugares de Zaragoza por los que se puede pasar decenas de veces y que todavía son capaces de esconder alguna sorpresa. La Seo es uno de ellos, especialmente si en lugar de contemplar únicamente sus grandes elementos monumentales se presta atención a los pequeños detalles que han sobrevivido en sus muros durante siglos.
Uno de los más curiosos se encuentra precisamente junto a uno de los espacios que más miradas atrae: el espectacular muro mudéjar de la Parroquieta de San Miguel.
Basta con apartar durante unos segundos la vista de sus dibujos geométricos de ladrillo y cerámica para descubrir, encajada en la parte achaflanada de una de las esquinas, una pequeña figura humana tallada en piedra. No está realmente escondida, ya que puede contemplarse desde la calle, pero su posición y la monumental decoración que tiene inmediatamente al lado hacen que sea muy fácil pasar junto a ella sin descubrirla.
📍 Dónde está: en el exterior de La Seo, en la parte achaflanada de la esquina situada junto al muro mudéjar de la Parroquieta de San Miguel.
👤 Qué representa: un pequeño personaje barbudo tallado en piedra.
📜 Qué sostiene: Parece tratarse de una filacteria, una banda o rollo habitual en la iconografía medieval.
❓ Quién es: no hemos encontrado una identificación suficientemente documentada que permita asegurar qué personaje concreto representa.
👀 Cómo verla: es visible directamente desde la calle y no es necesario entrar en La Seo.
Un extraño hombre barbudo en una esquina de La Seo
La figura resulta todavía más intrigante cuando se observa de cerca. Se distingue un personaje barbudo que sostiene con ambas manos un elemento alargado, dispuesto horizontalmente delante de su cuerpo. El paso del tiempo, el deterioro de la piedra y la posición de la escultura hacen que no resulte sencillo interpretar inmediatamente qué estamos viendo.
La web especializada Aragón Mudéjar se detiene precisamente en este elemento durante su recorrido por el exterior de la Capilla de San Miguel y señala que la figura «parece representar a un hombre barbado sujetando en sus manos una filacteria».
La forma prudente en la que está realizada la descripción resulta importante, porque no identifica al personaje ni le atribuye un significado concreto. Sin embargo, la posible presencia de una filacteria proporciona una pista interesante para intentar comprender la escultura.
¿Qué sostiene entre sus manos?
Las filacterias fueron un recurso muy utilizado en el arte medieval. Se representaban como bandas o rollos desplegados en los que podían aparecer palabras o inscripciones relacionadas con el personaje que los sostenía y forman parte de la iconografía de diferentes figuras religiosas.
La propia Catedral del Salvador conserva otros ejemplos que ayudan a entender por qué conviene ser cautos a la hora de identificar al misterioso personaje exterior.
Al estudiar las esculturas conservadas en la cabecera de La Seo, Románico Digital describe varias figuras que portan filacterias y recoge las dificultades existentes para identificarlas. En este caso concreto, señala que la hipótesis con mayor consenso es que formen un apostolado, aunque tampoco descarta que puedan tratarse de profetas.
El ejemplo resulta especialmente útil para comprender las dificultades que plantea la pequeña figura de la Parroquieta: la presencia de una filacteria no permite por sí sola saber quién es el personaje que la sostiene.
Junto a uno de los grandes tesoros mudéjares de Zaragoza
Hay además una buena explicación para que la pequeña figura pueda pasar desapercibida. Apenas hay que desplazar la mirada unos centímetros para encontrarse con uno de los grandes monumentos del mudéjar aragonés: el muro exterior de la Parroquieta de San Miguel.
La capilla fue promovida en el siglo XIV por el arzobispo Lope Fernández de Luna como su capilla funeraria. Su construcción reunió diferentes tradiciones artísticas y dejó como resultado uno de los espacios más singulares de La Seo.
El muro exterior, realizado en ladrillo y decorado con cerámica vidriada, desarrolla un espectacular repertorio de motivos geométricos que inevitablemente concentra las miradas de quienes recorren esta parte de la catedral. Justo en uno de sus extremos, casi compitiendo en desigualdad de condiciones con toda esa riqueza decorativa, permanece esta pequeña figura de piedra.
Un pequeño misterio a plena vista
La Parroquieta conserva un extraordinario conjunto escultórico y decorativo medieval que permite comprobar hasta qué punto imágenes y símbolos formaban parte de estos espacios. En su recorrido por la capilla, Aragón Mudéjar documenta diferentes elementos figurativos y decorativos que conviven con la extraordinaria ornamentación geométrica del conjunto.
La pequeña figura exterior resulta especialmente sugerente porque su identificación no parece tan evidente. Podemos reconocer un hombre barbudo y existe una interpretación publicada según la cual sostiene una filacteria, pero a partir de ahí surgen preguntas para las que no hemos encontrado una respuesta suficientemente documentada: quién representa exactamente, qué significado tenía su presencia en ese punto de la capilla o si el elemento que sostiene pudo ofrecer originalmente alguna información adicional.
Esa falta de una identificación inequívoca no resta interés a la figura, sino que permite contemplarla como uno de esos pequeños detalles que recuerdan la enorme cantidad de información que todavía esconden los edificios históricos de Zaragoza y que normalmente queda eclipsada por sus elementos más monumentales.
Mientras quienes rodean La Seo levantan la vista para contemplar y fotografiar el espectacular muro mudéjar de la Parroquieta, a escasos metros permanece este pequeño personaje de piedra, perfectamente visible pero sorprendentemente fácil de ignorar. Lleva siglos formando parte del exterior de la catedral y basta saber dónde mirar para que, a partir de entonces, resulte difícil volver a pasar por allí sin fijarse en él.



