
La historia del curioso hombre que cruza el Puente de Piedra los últimos días del año
Cada final de año, Zaragoza guarda una historia que mezcla tradición oral, humor popular y un punto de misterio. Se trata del hombre de las orejas en Zaragoza, un personaje que, según la costumbre, cruza el Puente de Piedra en los últimos días de diciembre.
La narración cambia según quién la cuente y según el día del calendario. En unas versiones aparece el 30 de diciembre. En otras, el 31 de diciembre, día de la Nochevieja. También cambia su aspecto, ya que puede presentarse como el hombre de las orejas o como el hombre de las narices. En ambos casos, la escena se sitúa en un lugar muy concreto: el Puente de Piedra.
El hombre de las orejas o de las narices en Zaragoza y su vínculo con el Puente de Piedra
La tradición explica que este personaje representa el paso del año. Comienza con tantas orejas o narices como días tiene el calendario. A medida que avanza el año, pierde una cada jornada. Por eso, cuando llega el final de diciembre, apenas conserva dos orejas o una nariz según la versión.
El 30 de diciembre se le espera como hombre de las orejas, con solo dos. El 31 aparece como hombre de las narices, con una sola. Con el cambio de año, el ciclo vuelve a empezar. Esta interpretación conecta con relatos similares en otros puntos de la Península Ibérica, aunque en Zaragoza el escenario siempre es el mismo.
El Puente de Piedra se convierte así en el lugar señalado para un encuentro que nunca ha sido del todo claro. La tradición indicaba que no bastaba con acudir. Para poder verlo, el relato de generación en generación dice había que cumplir una condición concreta: llevar una camiseta mojada. De forma opcional, se podía añadir una caña verde en la mano.
Una broma popular que marcó a varias generaciones
Esta historia, mitad leyenda, mitad verdad, nos relata como cada año muchos niños acudían al puente con la esperanza de ver a un ser extraordinario. La sorpresa llegaba después. La broma consistía en que cualquier hombre que cruzara el puente ese día podía ser el personaje buscado. Solo tenía tantas orejas o narices como días quedaban para acabar el año.
El frío del Ebro en diciembre y la camiseta mojada hacían el resto. Más de uno regresaba a casa sin haber visto nada especial, salvo a los transeúntes habituales del puente. Aun así, la historia se ha transmitido durante años y sigue formando parte del imaginario popular de la ciudad.
Hoy, el hombre de las orejas en Zaragoza se recuerda como una muestra de tradición oral urbana. No hay acto oficial ni representación fija. Lo que permanece es el relato, ligado al Puente de Piedra y a esos últimos días del año en los que Zaragoza mira al calendario con humor y curiosidad.


