
La cripta de Santa Engracia, el tesoro subterráneo que guarda 1.700 años de historia en Zaragoza
Bajo la Basílica de Santa Engracia se esconde uno de los espacios históricos más valiosos de Zaragoza. A pocos metros de la plaza de España, la cripta conserva el legado de la antigua Caesaraugusta romana y constituye uno de los testimonios más antiguos del cristianismo en la península ibérica. En este recinto subterráneo conviven restos arqueológicos, sarcófagos paleocristianos únicos, reliquias, arte renacentista y algunas de las leyendas que han marcado la historia de la ciudad.
Un recorrido por los orígenes de Zaragoza
Índice
La historia de la cripta comienza en la antigua necrópolis situada a las afueras de Caesaraugusta. Según la tradición cristiana, en este lugar fueron enterrados Santa Engracia y otros mártires que perdieron la vida durante las persecuciones romanas de los siglos III y IV. Tras el Edicto de Milán, que permitió el culto cristiano en el año 313, sobre este espacio funerario comenzó a levantarse una primera basílica destinada a custodiar sus restos.
El santuario adquirió una gran relevancia durante la época visigoda, cuando se convirtió en uno de los principales centros religiosos de la ciudad. Incluso durante la dominación musulmana el culto permaneció vivo gracias a la comunidad mozárabe. El hallazgo de las reliquias ocultas en 1389 impulsó nuevamente la devoción popular y propició la construcción del gran monasterio renacentista promovido por Fernando el Católico.
Aquel impresionante conjunto desapareció casi por completo durante los Sitios de Zaragoza, cuando las tropas napoleónicas volaron el monasterio en 1808. De todo el complejo únicamente sobrevivieron la monumental portada renacentista y la cripta, que continúan siendo uno de los principales testimonios del antiguo monasterio de Santa Engracia.
Qué descubrir en la cripta
El acceso a la cripta se realiza desde el interior de la basílica mediante una escalinata situada junto a la nave lateral. El recorrido ya anticipa la importancia del lugar gracias a varios relieves dedicados a los mártires zaragozanos y a las esculturas de san Valero y san Braulio, dos de las figuras más relevantes de la historia religiosa de Zaragoza.
El espacio subterráneo sorprende por su amplitud. La actual cripta presenta una planta de cinco naves sostenidas por robustos pilares de piedra, aunque las excavaciones arqueológicas realizadas durante las últimas décadas han permitido identificar parte de la basílica paleocristiana original, así como un baptisterio visigodo de planta hexagonal utilizado entre los siglos IV y VII para celebrar bautismos por inmersión.
En el presbiterio se conservan las reliquias de Santa Engracia y San Lupercio, mientras que otros espacios albergan antiguos relicarios, sepulcros medievales y el conocido pozo de las Santas Masas, estrechamente ligado a la tradición martirial de Zaragoza.
Los sarcófagos paleocristianos, una joya del arte romano
El mayor atractivo artístico de la cripta son los dos sarcófagos paleocristianos de mármol fechados en el siglo IV, considerados entre los mejores conservados de España.
El llamado Sarcófago de la Receptio Animae muestra escenas bíblicas como las bodas de Caná, la curación del ciego o la representación de la acogida del alma por Dios. Su calidad escultórica permite relacionarlo con algunos de los mejores talleres romanos de la época de Constantino.
Muy cerca se encuentra el Sarcófago de la Trilogía Petrina, decorado con episodios de la vida de san Pedro y distintos milagros de Cristo. Ambas piezas fueron realizadas en Roma y transportadas hasta Caesaraugusta aprovechando la navegación por el río Ebro, un hecho que demuestra la importancia que ya tenía este santuario en los primeros siglos del cristianismo.
El conjunto se completa con un sarcófago elaborado en brocatel de Tortosa, una pieza mucho más sobria que desempeñó un papel destacado en el antiguo culto a las reliquias.

Entre la historia y la leyenda
Como ocurre con otros grandes monumentos históricos, la cripta de Santa Engracia también ha dado origen a numerosas tradiciones populares.
Una de las más conocidas es la de la llamada Cabeza Colorada de Santa Engracia. Durante las investigaciones arqueológicas se comprobó que el tono rojizo observado en el interior del sarcófago estaba provocado por siglos de contacto con aceites aromáticos mezclados con mirra que los peregrinos utilizaban como reliquias de contacto, una práctica habitual en los primeros siglos del cristianismo.
Otra de las leyendas más arraigadas es la de san Lamberto, el agricultor que, según la tradición, caminó sosteniendo su propia cabeza después de ser decapitado para llegar hasta Santa Engracia, donde finalmente recibió sepultura junto a los mártires zaragozanos.
También el pozo de las Santas Masas forma parte del imaginario popular. La tradición sostiene que las cenizas de los mártires quedaron milagrosamente separadas de las de los criminales ejecutados junto a ellos, dando origen al nombre con el que durante siglos fue conocido este santuario.
Información práctica para la visita a la Cripta de Santa Engracia
La cripta de Santa Engracia puede visitarse durante el horario de apertura de la basílica, que permanece abierta todos los días de 9:30 a 13:00 horas y de 18:00 a 21:00 horas. La visita turística es libre y gratuita siempre que no coincida con celebraciones litúrgicas u otros actos de culto, ya que el recinto mantiene su función religiosa y continúa acogiendo ceremonias y momentos de oración.
Durante los meses de verano también se celebra en la cripta la Exposición del Santísimo. En junio tiene lugar cada tarde entre las 18:30 y las 20:30 horas, mientras que en julio y agosto se desarrolla de 19:30 a 20:30 horas. Además, el recinto dispone de un acceso adaptado desde la calle Tomás Castellano para facilitar la entrada a personas con movilidad reducida.
Visitar la cripta de Santa Engracia supone adentrarse en uno de los espacios patrimoniales más singulares de Zaragoza. Bajo el suelo del centro de la ciudad se conserva un lugar donde conviven casi diecisiete siglos de historia, desde la Caesaraugusta romana hasta la Zaragoza actual, convirtiendo este recinto en una de las visitas imprescindibles para quienes desean conocer el pasado menos visible de la capital aragonesa.



