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El monumento de Zaragoza que fue desmontado en plaza Paraíso y reconstruido en el Parque Grande

El conjunto se inauguró en 1910, permaneció incompleto durante 25 años y fue trasladado al Parque Grande por las necesidades del tráfico

Al final de la avenida de los Bearneses, en un rincón relativamente apartado del parque Grande José Antonio Labordeta, se levanta un monumento que originalmente ocupaba uno de los puntos más transitados del centro de Zaragoza.

El monumento a la Exposición Hispano-Francesa de 1908 fue inaugurado en 1910 junto a la actual plaza de Basilio Paraíso. Allí permaneció hasta que el aumento del tráfico obligó a desmontarlo en 1947 y reconstruirlo cuatro años después dentro del parque.

Su historia incluye otra particularidad. Aunque estaba concebido también como un homenaje a Basilio Paraíso, principal impulsor de la exposición, el empresario se negó a aparecer representado mientras viviera. El monumento permaneció incompleto durante 25 años, hasta que su busto fue añadido después de su muerte.

Un monumento nacido de la Exposición de 1908

La Exposición Hispano-Francesa se celebró en Zaragoza entre mayo y diciembre de 1908. La muestra conmemoraba el primer centenario de los Sitios y pretendía transformar el recuerdo de la guerra contra las tropas napoleónicas en un encuentro de reconciliación entre España y Francia.

Los pabellones se levantaron en los terrenos conocidos como la Huerta de Santa Engracia, alrededor de la actual plaza de los Sitios. La exposición reunió avances industriales, productos comerciales, obras de arte, maquinaria y propuestas arquitectónicas.

El éxito de la convocatoria impulsó la construcción de un monumento permanente. La obra debía recordar aquella exposición y rendir homenaje a la paz, al trabajo y al desarrollo económico de Zaragoza.

El encargo recayó en los hermanos barceloneses Miguel y Luciano Oslé, premiados en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1906 y 1908. La parte arquitectónica del pedestal fue diseñada por Ricardo Magdalena, una de las figuras fundamentales de la arquitectura zaragozana de la época.

Una alegoría de Zaragoza, el comercio y las artes

La composición principal está presidida por un león de bronce que representa a Zaragoza. A ambos lados aparecen dos figuras infantiles realizadas en mármol.

Una de ellas lleva los atributos de Mercurio, divinidad relacionada con el comercio, mientras la otra sostiene una pequeña figura de Minerva como representación de las artes. Junto a ellas aparece un arado, símbolo del trabajo agrícola.

La composición guarda relación con los grupos escultóricos instalados en el puente de Alejandro III de París. Los hermanos Oslé adaptaron aquella inspiración francesa a un monumento dedicado a las actividades económicas y culturales que habían protagonizado la exposición zaragozana.

En el pedestal aparecen tres relieves de bronce. Sus escenas reciben los títulos de Francia y España contemplando la Exposición, Zaragoza recompensando el trabajo y Despertar de Aragón al Progreso.

Una inscripción recuerda que la muestra se celebró para conmemorar los Sitios mediante una obra de paz y concordia. En la parte frontal pueden leerse además la fecha de 1908 en números romanos y la palabra latina «PAX».

Un homenaje que Basilio Paraíso no quería recibir

El gran impulsor de la Exposición Hispano-Francesa fue Basilio Paraíso Lasús, empresario nacido en Laluenga que desarrolló buena parte de su trayectoria en Zaragoza.

Paraíso creó la empresa de espejos y vidrios La Veneciana y presidió el Centro Mercantil, Industrial y Agrícola y la Cámara Oficial de Comercio e Industria. Su capacidad organizativa resultó decisiva para sacar adelante la exposición de 1908.

El monumento debía incorporar su imagen como reconocimiento a aquel trabajo, pero Paraíso rechazó recibir un homenaje público en vida. Ni siquiera asistió a la inauguración celebrada el 16 de enero de 1910, alegando problemas de agenda.

El pedestal conservó durante años el espacio reservado para su escultura. El busto de bronce que puede verse actualmente fue colocado en 1935, cinco años después de la muerte del empresario y una vez fallecido también su hijo.

Paraíso aparece representado de medio cuerpo, sentado en un sillón de piedra. Su incorporación completó finalmente un conjunto inaugurado un cuarto de siglo antes.

Su primera ubicación junto a plaza Paraíso

La localización del monumento generó diferentes propuestas. Se valoró instalarlo en la plaza de Santa Engracia, como entrada a los terrenos ocupados por la exposición, y también se planteó llevarlo hasta la plaza de San Miguel.

Finalmente se levantó al comienzo del entonces paseo de la Lealtad, actual paseo de Pamplona, junto a la salida del camino de los Cubos —hoy calle Doctor Cerrada— y frente a los edificios del Paraninfo y la Capitanía General.

El monumento ocupaba el centro de la calzada en el entorno que posteriormente recibiría el nombre de plaza de Basilio Paraíso. Su posición le proporcionaba una gran visibilidad, pero acabó convirtiéndose en un obstáculo para la circulación.

El crecimiento de Zaragoza y el aumento del tráfico modificaron las necesidades de esta intersección. En 1947 se decidió desmontar el conjunto para despejar la plaza y reorganizar el paso de los vehículos.

La reconstrucción dentro del Parque Grande

Las diferentes piezas fueron trasladadas al entonces denominado parque de Primo de Rivera. El monumento no se reconstruyó inmediatamente: tuvo que esperar hasta 1951 para recuperar su forma en el emplazamiento actual.

La nueva ubicación se eligió al final de la avenida de los Bearneses, una zona alejada del eje principal del paseo de San Sebastián y de la escalinata del Batallador.

El cambio permitió conservar el monumento, aunque redujo considerablemente su visibilidad. El conjunto concebido para presidir una gran intersección urbana quedó rodeado por árboles y senderos en uno de los sectores más tranquilos del parque.

El traslado también modificó la relación entre la obra y la ciudad. En plaza Paraíso funcionaba como una gran pieza monumental vinculada al ensanche de Zaragoza; dentro del parque se convirtió en uno de los numerosos recuerdos de la Exposición Hispano-Francesa distribuidos por sus jardines.

Monumento a la Exposición Hispano-Francesa de 1908

  • Encargo: 1908.
  • Realización: 1909.
  • Inauguración: 16 de enero de 1910.
  • Escultores: Miguel y Luciano Oslé.
  • Diseño arquitectónico: Ricardo Magdalena.
  • Materiales: piedra, mármol y bronce.
  • Primera ubicación: paseo de Pamplona, junto a la actual plaza de Basilio Paraíso.
  • Incorporación del busto de Basilio Paraíso: 1935.
  • Desmontaje: 1947.
  • Reconstrucción en el Parque Grande: 1951.
  • Ubicación actual: final de la avenida de los Bearneses.

El monumento se encuentra en un espacio exterior de acceso libre dentro del parque Grande José Antonio Labordeta.

Una restauración después de décadas a la intemperie

La exposición continuada a la lluvia, los cambios de temperatura, la contaminación, las aves y los actos vandálicos provocó un importante deterioro en sus materiales.

Los estudios previos localizaron fisuras, pérdidas de piedra, oxidación de los elementos metálicos, grafitis, depósitos de suciedad y daños biológicos. Algunas piezas presentaban además riesgo de desprendimiento.

El Ayuntamiento de Zaragoza impulsó una restauración integral desarrollada entre 2024 y 2025. Los trabajos permitieron limpiar y consolidar los elementos pétreos, tratar los bronces, sellar grietas y recuperar una lectura más clara del conjunto escultórico.

La intervención llegó después de décadas sin una restauración de semejante profundidad. Gracias a ella vuelven a distinguirse con mayor facilidad los relieves, las figuras infantiles, el león que simboliza a Zaragoza y el busto de Basilio Paraíso.

El recuerdo de una exposición que transformó Zaragoza

El monumento no es el único vestigio relacionado con la Exposición Hispano-Francesa de 1908. La actual plaza de los Sitios conserva el gran conjunto dedicado a la resistencia de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

También nació para la muestra el quiosco de música del parque Grande, instalado originalmente en la plaza de los Sitios y trasladado posteriormente en varias ocasiones. Diferentes edificios y obras urbanas recuerdan igualmente el impulso arquitectónico experimentado por la ciudad durante aquellos años.

La pieza dedicada a la exposición y a Basilio Paraíso resume buena parte de esa historia. Nació para celebrar la reconciliación entre dos países, permaneció incompleta por la negativa de su homenajeado, presidió durante décadas una importante intersección y terminó reconstruida dentro de un parque.

Quienes recorran la avenida de los Bearneses pueden detenerse ahora ante un monumento restaurado que no siempre estuvo allí. Hasta 1947, su león de bronce, los ángeles de mármol y las alegorías del progreso observaban el tráfico desde el lugar que hoy ocupa la plaza de Basilio Paraíso.

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