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La tienda de Zaragoza que todavía conserva un cine oculto en su interior

El actual Mango de Independencia ocupa una sala inaugurada en 1950 que todavía conserva su característica cubierta de madera con forma de barco invertido

Miles de personas entran cada año en una conocida tienda del paseo de la Independencia sin reparar en la estructura que aparece sobre sus cabezas. La gran cubierta de madera que envuelve parte del establecimiento no responde al diseño habitual de un comercio de moda: perteneció a uno de los cines más importantes de Zaragoza.

En el número 19 se encontraba el cine Coliseo Equitativa, una sala con aproximadamente 1.250 butacas inaugurada en 1950. Durante casi medio siglo proyectó grandes estrenos y convirtió esta parte del centro en uno de los principales puntos de encuentro para los espectadores zaragozanos.

El cine cerró en 1999 y su local terminó transformado en una tienda de la cadena de ropa Mango. Sin embargo, no desapareció por completo. La rehabilitación conservó parte de las paredes de la sala y su elemento arquitectónico más característico: una gran estructura que recuerda al casco de un barco colocado al revés.

Un gran cine en el paseo de la Independencia

El Coliseo Equitativa comenzó a proyectarse en 1949 por encargo de la empresa cinematográfica Quintana. Los arquitectos José de Yarza García y Manuel Martínez de Ubago Chango concibieron una sala moderna y de grandes dimensiones para la Zaragoza de la época.

El proyecto del cine era independiente del edificio que se levantaría sobre él. La Compañía de Seguros La Equitativa construyó su sede, oficinas y viviendas siguiendo los planos realizados en 1950 por el arquitecto Manuel Cabanyes.

De esta manera, dos proyectos diferentes terminaron compartiendo una misma dirección. En las plantas superiores se encontraba el monumental edificio de La Equitativa, mientras que los bajos y el espacio interior albergaban el cine.

El Coliseo fue inaugurado el 23 de noviembre de 1950. La entrada principal se encontraba en el paseo de la Independencia y el recinto disponía también de comunicación con la calle Jerónimo Zurita.

Sus aproximadamente 1.250 localidades lo situaban entre las grandes salas de Zaragoza. El interior se alejaba de la ornamentación clásica de otros teatros y apostaba por una arquitectura moderna en la que la forma y los materiales contribuían a crear un espacio envolvente.

Una cubierta de madera como un barco invertido

El principal elemento de la sala era su techo de madera. La estructura estaba formada por piezas curvas que envolvían el antiguo patio de butacas y ayudaban a dirigir la mirada hacia la pantalla.

Su forma ha sido comparada con una barca varada e invertida: un casco de madera colocado del revés sobre los espectadores. La imagen continúa siendo reconocible actualmente, aunque la altura original de la sala quedó reducida durante la transformación del local.

El diseño mostraba la influencia de la arquitectura del norte de Europa en José de Yarza. El arquitecto había ampliado su formación mediante viajes y estancias en ciudades como Berlín y Copenhague, y seguía habitualmente las publicaciones internacionales especializadas.

Yarza trasladó estas referencias a varias salas de cine zaragozanas. Además del Coliseo, intervino en proyectos como los cines Coso y Palafox y, posteriormente, en el Teatro Fleta.

El Coliseo ofrecía una solución especialmente novedosa por la combinación de la gran sala con un pasaje comercial de doble recorrido. Su arquitectura apareció en publicaciones especializadas a comienzos de la década de 1950.

Los grandes estrenos del Coliseo Equitativa

Durante sus primeras décadas, asistir al cine constituía una de las principales formas de ocio en Zaragoza. Los estrenos reunían a cientos de espectadores y las grandes películas podían permanecer varios días o semanas en cartel.

Entre las proyecciones más recordadas del Coliseo se encuentra Ben-Hur, estrenada en la sala zaragozana en enero de 1961. También pasó por su pantalla Lo que el viento se llevó, una de las producciones que marcaron la época de las grandes sesiones cinematográficas.

El cine estuvo relacionado incluso con películas rodadas en Zaragoza. Culpable para un delito, dirigida por José Antonio Duce, fue estrenada en el Coliseo el 10 de abril de 1967.

Durante los primeros días de exhibición se organizó un concurso para reconocer los espacios zaragozanos que aparecían en la película. El premio ascendía a 10.000 pesetas, una cantidad considerable en aquel momento.

El propio Coliseo apareció después en Perros callejeros II: busca y captura, estrenada en 1979. Sus protagonistas llegaban a Zaragoza y acudían a la sala para ver la primera entrega de la película, dentro de una historia que recorría también El Tubo, la plaza de España y otros lugares de la ciudad.

El cierre del cine en 1999

La aparición de los complejos multisala y los cambios en los hábitos del público fueron reduciendo el protagonismo de los grandes cines urbanos con una única pantalla. Numerosas salas históricas de Zaragoza cerraron o cambiaron de uso durante las últimas décadas del siglo XX.

El Coliseo Equitativa proyectó películas hasta el verano de 1999. Su clausura puso fin a casi 49 años de actividad cinematográfica en el paseo de la Independencia.

El local atravesó una breve etapa con otro uso antes de acometerse su transformación comercial. Poco después fue rehabilitado para instalar una tienda de Mango, que abrió en el antiguo recinto cinematográfico a comienzos del nuevo siglo.

La intervención modificó profundamente la distribución interior para adaptarla al comercio, pero mantuvo parte de la antigua sala. La cubierta de madera quedó integrada sobre las nuevas plantas, escaleras, expositores y zonas de venta.

Los elementos del cine están protegidos

La conservación de estos restos no depende únicamente de una decisión estética. El catálogo municipal otorga al inmueble del paseo de la Independencia 19 el grado de Interés Ambiental.

La protección comprende la fachada, el zaguán, la caja de escaleras, las carpinterías y las cerrajerías del edificio. También menciona expresamente los elementos del antiguo cine Coliseo, incluidas las paredes de la sala y la estructura de la barca invertida.

La ficha municipal permite la rehabilitación del inmueble, pero establece la conservación de estas partes. Gracias a ello, el antiguo cine sigue siendo reconocible dentro de un establecimiento cuya función no guarda relación con las proyecciones cinematográficas.

El antiguo cine Coliseo Equitativa

  • Dirección: paseo de la Independencia, 19.
  • Proyecto del cine: 1949.
  • Arquitectos: José de Yarza García y Manuel Martínez de Ubago Chango.
  • Inauguración: 23 de noviembre de 1950.
  • Capacidad aproximada: 1.250 butacas.
  • Cierre: verano de 1999.
  • Uso actual: tienda de Mango.
  • Elementos conservados: parte de las paredes de la sala y la cubierta de madera con forma de barco invertido.
  • Protección municipal: Interés Ambiental.

La estructura original puede reconocerse al observar el techo y las paredes del interior del establecimiento.

La figura que todavía vigila el paseo de la Independencia

El pasado cinematográfico se encuentra dentro, pero el exterior del edificio también conserva un elemento que llama la atención. Sobre la fachada se levanta una gran figura femenina sentada que sostiene una balanza.

La escultura representa a La Equitativa, la compañía aseguradora que promovió el edificio. Bajo ella todavía puede leerse el nombre de la empresa, integrado en una composición arquitectónica de carácter monumental.

La fachada se organiza mediante grandes pilastras jónicas y arcos de medio punto que continúan la imagen característica de los porches de Independencia. El conjunto buscaba transmitir solidez y prestigio, una estética frecuente entre las sedes bancarias y aseguradoras de mediados del siglo XX.

La próxima vez que alguien entre en la actual tienda puede levantar la mirada y reconocer la forma curva de la antigua sala. Ya no quedan la pantalla ni las 1.250 butacas, pero sobre el espacio comercial continúa suspendido el gran barco de madera bajo el que varias generaciones de zaragozanos vieron películas durante casi medio siglo.

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