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Rodén Viejo, el pueblo que la Guerra Civil dejó suspendido en el tiempo

Situado a media hora de Zaragoza, el viejo pueblo es un ejemplo de lucha por no caer en el olvido

A menos de media hora de Zaragoza, sobre un cabezo que domina la vega del río Ginel, sobreviven las ruinas de Rodén Viejo. Lo que hoy parece un paisaje detenido en el tiempo fue hasta la Guerra Civil un pequeño núcleo agrícola de más de 200 habitantes. Sus calles, viviendas, iglesia y castillo forman uno de los conjuntos históricos más singulares de Aragón.

La imagen recuerda inevitablemente a Belchite, pero la historia de Rodén es diferente. Mientras el antiguo Belchite quedó devastado por los combates de 1937, Rodén fue destruido de una forma mucho más lenta y silenciosa. Las casas no desaparecieron bajo las bombas. Fueron desmontadas.

Un pueblo construido con alabastro

La principal singularidad de Rodén Viejo está en sus materiales. Las viviendas se levantaron con yeso y alabastro procedentes de las canteras cercanas, una característica poco habitual en Aragón.

Esa piedra translúcida otorgaba a las fachadas una tonalidad blanquecina que todavía hoy distingue las ruinas sobre el paisaje estepario del valle del Ginel. Sin embargo, también escondía una debilidad. Una vez desaparecieron los tejados, la lluvia y el viento aceleraron el deterioro de los muros, provocando un proceso de descomposición mucho más rápido que en otras localidades construidas con piedra o ladrillo.

A comienzos del siglo XX, Rodén contaba con unas ochenta viviendas, escuela, ayuntamiento, molinos y una economía basada en la agricultura y la ganadería. Sus habitantes cultivaban cereal, olivo, viña y patata, mientras las fiestas de San Gregorio y San Martín marcaban el calendario social de la localidad.

La guerra que desmontó el pueblo

El verano de 1937 cambió para siempre la historia de Rodén. La proximidad del frente de Belchite obligó a los vecinos a abandonar sus casas. Con el pueblo vacío, las tropas utilizaron las viviendas como una fuente de materiales para reforzar trincheras, refugios y posiciones defensivas.

Las vigas de madera, puertas, ventanas y otros elementos estructurales fueron retirados sistemáticamente. Sin cubiertas que protegieran los edificios, el agua comenzó a penetrar en los muros de yeso y alabastro.

El resultado fue devastador. Las estructuras se fueron hundiendo poco a poco hasta convertir el antiguo casco urbano en un enorme campo de derrumbes.

Esta circunstancia convierte a Rodén en un caso singular dentro del patrimonio de la Guerra Civil española. Su ruina no es únicamente consecuencia de la batalla, sino también del posterior abandono y de la fragilidad de los materiales con los que fue construido.

El nacimiento de Rodén Nuevo

Cuando terminó la guerra, algunos vecinos regresaron a sus casas. Encontraron un escenario prácticamente inhabitable.

Las dificultades para reconstruir el pueblo, la falta de servicios básicos y el deterioro de los edificios llevaron a la Dirección General de Regiones Devastadas a tomar una decisión que marcaría el futuro de la localidad: construir un nuevo asentamiento en la llanura, junto al río Ginel.

Así nació Rodén Nuevo, situado al pie del cabezo donde permanecían las ruinas.

El traslado fue progresivo. Algunas familias se instalaron en las nuevas viviendas mientras otras optaron por marcharse definitivamente a Fuentes de Ebro o Zaragoza. Hacia 1960 el pueblo viejo quedó abandonado.

Hoy Rodén es una pedanía integrada en Fuentes de Ebro y cuenta con una población muy reducida, mientras las ruinas continúan vigilando la vega desde lo alto de la colina.

Qué se puede ver hoy en Rodén Viejo

Pese al deterioro acumulado durante décadas, el conjunto conserva varios elementos de gran interés patrimonial.

La iglesia de San Martín de Tours sigue siendo la imagen más reconocible del lugar. Aunque perdió su cubierta hace décadas, mantiene en pie su torre mudéjar de alabastro, visible desde varios kilómetros de distancia.

Junto a ella se encuentran los restos del castillo medieval que corona el cabezo. Desde este punto se obtiene una amplia panorámica del valle del Ginel y de la llanura que conecta con el Ebro.

También pueden identificarse antiguas bodegas excavadas en la roca, restos de viviendas, arcos de acceso y fragmentos de fachadas que permiten imaginar la disposición original del pueblo.

Uno de los contrastes más llamativos es la presencia del viaducto de la línea de alta velocidad junto a las ruinas. La imagen resume como pocas el choque entre la España rural desaparecida y las infraestructuras del siglo XXI.

Un Bien de Interés Cultural que lucha contra el deterioro

La protección llegó tarde, pero llegó. En 2017 el Gobierno de Aragón declaró Rodén Viejo Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico. La declaración reconocía tanto el valor patrimonial del conjunto como su importancia para comprender la historia del frente de Aragón durante la Guerra Civil.

En los últimos años se han ejecutado diferentes actuaciones de consolidación para evitar nuevos derrumbes. Entre ellas destacan los trabajos en la iglesia de San Martín, la estabilización de muros y diversas intervenciones en el castillo.

Estas actuaciones han contado con la implicación de la Diputación Provincial de Zaragoza, el Ayuntamiento de Fuentes de Ebro y asociaciones patrimonialistas que llevaban años reclamando medidas urgentes para salvar el conjunto.

Un futuro ligado a la memoria y la cultura

Rodén Viejo busca ahora un nuevo papel.

Su cercanía a Belchite abre la puerta a la creación de itinerarios centrados en la memoria histórica y el patrimonio de la Guerra Civil. Además, la singular estética de sus ruinas ha despertado el interés de productoras audiovisuales y proyectos culturales.

El enclave también forma parte de iniciativas educativas y de divulgación patrimonial impulsadas por entidades como Territorio Mudéjar, que utilizan el lugar para explicar la arquitectura tradicional del yeso, la evolución del territorio y las consecuencias del conflicto bélico.

Más de ocho décadas después de la guerra, Rodén Viejo continúa siendo un paisaje de ruina. Pero también un espacio de memoria. Un lugar donde todavía puede leerse, piedra a piedra, una parte de la historia reciente de Aragón.

Información práctica

  • Ubicación: Rodén Viejo, Fuentes de Ebro (Zaragoza).
  • Distancia desde Zaragoza: unos 30 kilómetros.
  • Acceso: libre y gratuito. Existen zonas delimitadas.
  • Protección: Bien de Interés Cultural (Sitio Histórico).
  • Qué ver: iglesia de San Martín, torre mudéjar, castillo medieval, bodegas excavadas y restos del antiguo casco urbano.
  • Tiempo recomendado de visita: entre 45 minutos y 1 hora y media.
  • Consejo: calzado cómodo, especialmente en verano, ya que gran parte del recorrido transcurre sobre terreno irregular y sin sombra.

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