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El paseo de Zaragoza que nació de un proyecto francés y quiso parecerse a París

El actual paseo comenzó a proyectarse durante la ocupación napoleónica y adoptó después los porches y la imagen urbana de la Rue de Rivoli

Los porches, la amplitud de la avenida y la sucesión ordenada de sus fachadas no aparecieron por casualidad. El paseo de la Independencia de Zaragoza comenzó a tomar forma durante la ocupación napoleónica y fue diseñado siguiendo los modelos urbanos que estaban transformando París.

Antes de convertirse en una de las principales arterias de la ciudad, este espacio era una calle estrecha que discurría entre tapias, huertas y conventos. La destrucción causada por los Sitios abrió la posibilidad de crear una vía completamente diferente.

El primer proyecto recibió el nombre de paseo Imperial. Décadas más tarde, la avenida adoptaría precisamente el nombre de la guerra que había provocado aquella transformación: paseo de la Independencia.

Una calle estrecha entre conventos y huertas

Hasta comienzos del siglo XIX, el actual paseo estaba ocupado por la denominada carrera o calleja de Santa Engracia. Era un camino estrecho que comunicaba el Coso con la puerta situada junto al monasterio de Santa Engracia.

A ambos lados se extendían los terrenos de diferentes comunidades religiosas y del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia. La zona no se parecía a la gran avenida comercial y peatonal que conocemos actualmente.

Los Sitios de Zaragoza de 1808 y 1809 provocaron una enorme destrucción en este sector. Varios conventos y edificios quedaron arrasados, mientras que otros bienes fueron incautados por la administración francesa.

Sobre aquel espacio devastado comenzó a plantearse una de las mayores transformaciones urbanas de la Zaragoza del siglo XIX.

El paseo Imperial proyectado durante la ocupación francesa

En diciembre de 1811, la administración napoleónica encargó al arquitecto municipal Joaquín Asensio un proyecto para ensanchar la carrera de Santa Engracia y convertirla en un gran paseo.

La nueva vía debía comunicar la entonces plaza de San Francisco, actual plaza de España, con la puerta de Santa Engracia. El proyecto recibió inicialmente el nombre de paseo Imperial.

Las obras comenzaron durante los últimos años de la ocupación. Se realizaron desmontes, se amplió parte del camino y llegaron a plantarse árboles antes de que las tropas francesas abandonaran Zaragoza en 1813.

El plan era todavía más ambicioso. Asensio llegó a plantear que la nueva avenida continuara a través del casco urbano hasta alcanzar el Ebro y las inmediaciones de la basílica del Pilar.

La influencia de la Rue de Rivoli de París

La idea no desapareció con la salida de los franceses. Martín de Garay retomó el proyecto pocos años después y, en 1833, el arquitecto Tiburcio del Caso preparó un nuevo trazado para el denominado Salón de Santa Engracia.

Su diseño se inspiraba en los grandes paseos franceses y, especialmente, en la Rue de Rivoli de París. Esta avenida parisina se había comenzado a construir durante el gobierno de Napoleón y presentaba largas fachadas regulares levantadas sobre soportales.

El modelo se trasladó a Zaragoza mediante los porches de las plantas bajas, las viviendas de altura semejante y un paseo central arbolado. La intención era crear una vía ordenada, monumental y apropiada para la nueva burguesía urbana.

El resultado no fue una reproducción exacta de la calle parisina. El paseo zaragozano se construyó durante varias décadas y sufrió numerosos cambios respecto a los proyectos originales.

El Salón de Santa Engracia se convierte en paseo de la Independencia

Durante buena parte del siglo XIX, la avenida fue conocida como Salón de Santa Engracia. Las edificaciones porticadas comenzaron a levantarse de forma progresiva, especialmente durante la segunda mitad de la centuria.

En la década de 1860 pasó a recibir el nombre de paseo de la Independencia. La denominación recordaba la resistencia de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, aunque el primer impulso para abrir la vía había partido precisamente de la administración francesa.

Esta aparente contradicción resume una parte de su historia: la destrucción provocada por la guerra facilitó el nacimiento del paseo y el posterior crecimiento de la ciudad terminó cambiando el significado político de aquel proyecto.

En su extremo sur se encontraba la puerta de Santa Engracia. La última construcción que desempeñó esta función se situaba aproximadamente a la altura de la actual plaza de Aragón y desapareció a comienzos del siglo XX.

El gran espacio de paseo y ocio de Zaragoza

Independencia se convirtió pronto en uno de los espacios preferidos para pasear. Su andén central contó con árboles, bancos, quioscos y diferentes elementos ornamentales.

En sus bajos abrieron cafés, comercios, teatros y cines. Entre ellos destacó el Café Ambos Mundos, considerado uno de los grandes establecimientos de reunión de la Zaragoza de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Por el paseo también circularon tranvías y se celebraron desfiles, procesiones, recepciones oficiales y cabalgatas. Durante décadas actuó como el principal escaparate de una ciudad que crecía hacia el sur.

Sus edificios fueron cambiando con el tiempo. Algunas construcciones históricas desaparecieron y otras fueron sustituidas durante el siglo XX, aunque los porches mantuvieron la continuidad visual concebida en los primeros proyectos.

La ciudad musulmana que apareció bajo el paseo

La gran reforma realizada a comienzos del siglo XXI permitió descubrir otra parte inesperada de su historia. Las excavaciones arqueológicas de 2002 localizaron bajo el paseo los restos de un arrabal musulmán de Saraqusta.

El barrio se había desarrollado fuera de las antiguas murallas durante los siglos X y XI. Las estructuras encontradas mostraban calles, viviendas y espacios vinculados a la expansión de la ciudad islámica.

Los restos fueron estudiados y preservados bajo tierra, aunque finalmente no se creó un espacio visitable. El hallazgo demostró que la historia de esta zona comenzaba muchos siglos antes del proyecto francés.

La transformación del paseo de la Independencia

  • Antes del siglo XIX: una calle estrecha entre huertas, tapias y conventos.
  • 1811: la administración francesa encarga el proyecto del paseo Imperial.
  • 1813: las tropas francesas abandonan Zaragoza con las obras todavía incompletas.
  • 1833: Tiburcio del Caso desarrolla el trazado del Salón de Santa Engracia.
  • Segunda mitad del siglo XIX: se levantan las principales fachadas porticadas.
  • Década de 1860: comienza a utilizarse el nombre de paseo de la Independencia.
  • 2002: las obras descubren un arrabal musulmán bajo la avenida.

Los soportales y la ordenación de sus fachadas conservan todavía la influencia de los bulevares parisinos.

Más de dos siglos después del primer proyecto, el paseo continúa cumpliendo la función para la que fue concebido: atravesar el centro de Zaragoza y servir como lugar de encuentro, paseo y actividad comercial.

Su nombre recuerda la lucha contra las tropas napoleónicas, pero su trazado conserva una huella menos evidente de aquella misma época. Bajo las fachadas y los soportales permanece la idea de crear en Zaragoza una avenida inspirada en el París del siglo XIX.

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