El gigantesco café de Zaragoza que podía reunir a 1.800 personas en pleno paseo de la Independencia
El establecimiento abrió en 1881 con 208 mesas, conciertos diarios, jardín y uno de los salones más grandes de los cafés europeos
Quien recorra actualmente los porches del paseo de la Independencia encontrará tiendas de moda, perfumerías y otros establecimientos comerciales. Sin embargo, en los bajos correspondientes a los antiguos números 30 y 32 funcionó durante 74 años uno de los grandes centros de la vida social zaragozana.
Era el Café Ambos Mundos de Zaragoza, un establecimiento de dimensiones difíciles de trasladar a una cafetería actual. Su salón alcanzaba los 38 metros de longitud, 21 de anchura y siete de altura, disponía de 208 mesas de mármol y podía recibir a cerca de 1.800 personas.
El espacio que ocupaba se encuentra hoy repartido entre varios locales comerciales situados al final de los porches de Independencia, junto a la calle Casa Jiménez. Apenas quedan elementos visibles de aquel enorme café, pero su historia permite reconstruir una época en la que Zaragoza llegó a ser conocida por la cantidad y la importancia de sus cafeterías.
Uno de los cafés más grandes de Europa
Índice
El Café Ambos Mundos abrió sus puertas el 3 de octubre de 1881, promovido por Manuel Puy y José Sánchez. Zaragoza ya contaba entonces con establecimientos como el Café Suizo, el Matossi o el Europa, pero ninguno podía compararse con las dimensiones del nuevo local.
La prensa de la época lo presentó como uno de los cafés más grandes de Europa. Aunque esta consideración terminó formando parte de su promoción comercial, sus dimensiones sí eran excepcionales dentro de la hostelería zaragozana y española de finales del siglo XIX.
El salón ocupaba toda la planta baja del edificio y se distribuía longitudinalmente en cuatro naves. Dieciocho columnas de hierro fundido, colocadas en dos filas, sostenían parte de la cubierta, mientras que la zona situada bajo el patio interior quedaba completamente despejada.
Además del salón principal, el establecimiento disponía de dos gabinetes laterales, una sala de billares y servicios separados para hombres y mujeres, una comodidad todavía poco frecuente en los negocios abiertos al público durante aquel periodo.
La luz entraba a través de 28 ventanales abiertos hacia los porches y otros diez situados en la fachada posterior. Desde estos últimos podía contemplarse un jardín que se prolongaba hasta la calle Ponzano y se utilizaba para conciertos y veladas durante los meses de buen tiempo.
Un techo dedicado a cuatro continentes
La decoración ayudaba a reforzar la sensación de estar ante un establecimiento extraordinario. El pintor zaragozano Alejo Pescador se encargó de las pinturas y los dorados del gran salón.
En el conjunto aparecían cuatro figuras alegóricas que representaban Asia, África, Europa y América. El techo, concebido en estilo pompeyano, se completaba con molduras, grupos decorativos, falsos arcos y vigas de madera ornamentadas.
Estas representaciones guardaban relación con el nombre elegido para el negocio. La expresión Ambos Mundos aludía tradicionalmente al Viejo y al Nuevo Mundo, aunque el programa decorativo amplió aquella idea mediante figuras correspondientes a cuatro continentes.
Los divanes estaban tapizados en terciopelo, las mesas tenían superficies de mármol y pies de fundición y los grandes espejos multiplicaban visualmente las dimensiones del salón. La intención era acercar a Zaragoza el modelo de los cafés monumentales que triunfaban en París, Viena y otras ciudades europeas.
Cuando Zaragoza era conocida como la ciudad de los cafés
A finales del siglo XIX, los cafés desempeñaban una función mucho más amplia que la de servir bebidas. Eran lugares de reunión, lectura, conversación, música y debate político, además de espacios en los que resultaba habitual permanecer durante horas alrededor de una mesa.
La abundancia y calidad de estos establecimientos llevó a algunos viajeros a definir Zaragoza como la ciudad de los cafés. El paseo de la Independencia, la calle Alfonso I y las vías próximas concentraban buena parte de aquella actividad.
El Ambos Mundos se convirtió en uno de sus principales exponentes. Sus gabinetes acogían tertulias políticas en las que se comentaban los discursos parlamentarios, la situación del país o las noticias relacionadas con la guerra de Cuba.
Las discusiones podían subir de tono, mientras que otros clientes acudían para leer el periódico, conversar o escuchar a las agrupaciones musicales que actuaban en el salón. Los cafés funcionaban como una prolongación del espacio público y como uno de los principales lugares de socialización de la ciudad.
Los camareros vestían chaquetillas oscuras y largos delantales blancos. Durante las primeras décadas no disfrutaban de un salario fijo y buena parte de sus ingresos dependía de las propinas recibidas de los clientes.
Conciertos diarios, bailes y un jardín de verano
La música estuvo presente desde la apertura del Café Ambos Mundos. El salón acogía conciertos diarios y el jardín posterior se utilizaba para organizar veladas nocturnas durante los fines de semana.
Entre las agrupaciones habituales se encontraba la Banda del Regimiento de Gerona, establecido en el cuartel de la Aljafería, además de la orquesta dirigida por José María Moneva y otros conjuntos de la ciudad.
En sus primeros años también actuó un joven Pablo Luna, que dirigía desde su atril un sexteto de cuerda antes de convertirse en uno de los compositores de zarzuela más importantes de España.
El repertorio fue adaptándose a los cambios sociales. Las marchas, los valses y las polcas dejaron espacio a las habaneras y, durante las primeras décadas del siglo XX, llegaron el charlestón, el fox-trot y el jazz.
El establecimiento acogió igualmente bailes de carnaval, banquetes, celebraciones gremiales, reuniones de asociaciones y todo tipo de actos sociales. Su tamaño permitía transformar el salón para albergar diferentes actividades sin que desapareciera completamente el servicio de cafetería.
Un tranvía de mulas para llegar al café
La ubicación del Ambos Mundos parece hoy completamente céntrica, pero no lo era tanto cuando abrió. Durante las últimas décadas del siglo XIX, la ciudad consolidada terminaba aproximadamente en la puerta de Santa Engracia.
El tramo final del paseo todavía era conocido popularmente como el Salón de Santa Engracia y carecía de algunas infraestructuras básicas. La expansión urbana acabaría integrándolo plenamente, pero durante sus primeros años el desplazamiento podía resultar incómodo para determinados clientes.
Para facilitar el acceso, en 1893 se estableció un servicio especial de tres tranvías tirados por mulas entre la plaza de la Constitución, actual plaza de España, y la entrada del café.
Un coche permanecía estacionado en cada extremo mientras el tercero realizaba el recorrido. La existencia de esta conexión específica permite comprender tanto la importancia alcanzada por el establecimiento como la distancia que entonces separaba el centro tradicional del nuevo eje de crecimiento de Zaragoza.
Las tertulias políticas del Ambos Mundos
Los gabinetes del café estuvieron especialmente vinculados a la conversación política. Sus clientes debatían sobre las decisiones del Gobierno, las intervenciones de dirigentes como Sagasta o Cánovas del Castillo y los conflictos que marcaban la actualidad nacional.
También fue escenario de reuniones relacionadas con algunos de los principales acontecimientos políticos de la época. En diciembre de 1930, varios miembros de los comités revolucionarios de Zaragoza y Huesca se reunieron en el establecimiento pocos días antes de la sublevación de Jaca.
Entre los participantes se encontraban Rafael Sánchez Ventura, Ramón Acín y, presumiblemente, el capitán Fermín Galán. Cinco días después, Galán encabezó la insurrección junto a Ángel García Hernández y ambos fueron fusilados después de un consejo de guerra.
El café volvió a reunir posteriormente a Sánchez Ventura y Ramón Acín, acompañados en alguna ocasión por Luis Buñuel. El Ambos Mundos fue así testigo de conversaciones culturales y políticas que terminaron formando parte de la historia española del siglo XX.
La gran reforma de 1928
El edificio y el café experimentaron una importante transformación en 1928. La intervención, dirigida por el arquitecto Pascual Bravo, amplió el inmueble hasta alcanzar seis plantas y modificó profundamente su estructura.
Parte del local fue ocupada por las oficinas del Banco de Crédito de Zaragoza. El café perdió entonces las antiguas columnas metálicas y los grandes artesonados que habían definido su apariencia original.
Las columnas de fundición fueron sustituidas por pilares de obra, las paredes adoptaron una ornamentación más sobria y la madera comenzó a reemplazar al mármol en parte del mobiliario. El objetivo era alejarse del gusto decimonónico y ofrecer una imagen más moderna.
La reforma incorporó también adelantos técnicos como un sistema de refrigeración y equipos de amplificación musical. El Ambos Mundos consiguió prolongar su actividad en una época en la que los grandes cafés comenzaban a competir con establecimientos más pequeños y rápidos.
Cervecería, lechería y sala de fiestas
En 1941 se emprendió una segunda gran reforma, proyectada por el arquitecto José Beltrán. La firma zaragozana Simón Loscertales realizó las puertas, los mostradores, las estructuras de madera, el parqué y buena parte del mobiliario.
El establecimiento resultante ocupaba alrededor de 1.350 metros cuadrados. Desde los porches se accedía a un vestíbulo que distribuía a los clientes entre la lechería, situada a la izquierda, y la cervecería, abierta a la derecha.
Al fondo permanecía el gran salón del café y, a un nivel ligeramente superior, se encontraba la sala de fiestas. Su escenario estaba orientado de manera que las actuaciones pudieran contemplarse desde ambos espacios.
El conjunto incorporó además restaurante, chocolatería y diferentes ambientes destinados a una clientela cada vez más diversa. Las agrupaciones vinculadas al swing sustituyeron progresivamente a las antiguas orquestas de cuerda.
La reforma contó también con la intervención del pintor Alberto Duce. Entre sus elementos decorativos se encontraba una vista de Zaragoza realizada en cerámica junto a Joaquín Azpeitia, cuyo boceto pasó posteriormente a las colecciones municipales.
El escenario en el que cantó una joven Pilar Lorengar
Una de las actuaciones más recordadas tuvo lugar en 1944. Sobre el escenario apareció Lorenza Pilar García, una joven cantante nacida en el barrio de San Pablo que interpretaba canciones populares antes de iniciar su carrera lírica.
Aquella artista adoptaría poco después el nombre de Pilar Lorengar y terminaría convirtiéndose en una de las grandes sopranos españolas del siglo XX. Su trayectoria la llevó a los principales teatros internacionales y estuvo especialmente vinculada a la Ópera Alemana de Berlín.
Antes de alcanzar ese reconocimiento, Lorengar interpretó en el Ambos Mundos canciones como A la lima y al limón, Tatuaje y el pasodoble Miguelito Litri. Su paso por el café pertenece a una etapa inicial en la que comenzaba a hacerse conocida entre el público zaragozano.
Por el escenario pasaron también orquestas, cantantes, coristas y músicos de estilos muy diferentes. La historia del café constituye, por tanto, una parte de la evolución musical de Zaragoza durante los últimos años del siglo XIX y la primera mitad del XX.
El cierre del Café Ambos Mundos
Los hábitos sociales estaban cambiando. Frente a los grandes salones concebidos para prolongadas tertulias, comenzaron a imponerse bares y cafeterías de menores dimensiones, con barras y un servicio pensado para consumiciones más rápidas.
El mantenimiento de un establecimiento de aquel tamaño exigía importantes recursos. A ello se sumaba el interés de bancos y comercios por ocupar los grandes locales disponibles en el centro de Zaragoza.
El Café Ambos Mundos cerró definitivamente sus puertas el 2 de septiembre de 1955, después de casi 74 años de actividad. Con su desaparición terminó una forma de entender los cafés como grandes salones públicos dedicados a la conversación, la música y la vida social.
El negocio desapareció, pero el edificio continuó albergando diferentes usos. Los bajos que había ocupado fueron divididos y transformados hasta convertirse en los establecimientos comerciales que pueden verse actualmente.
Dónde estaba el Café Ambos Mundos
El café se encontraba al final de los porches del paseo de la Independencia, junto a la calle Casa Jiménez. Su enorme superficie se extendía por un espacio que hoy se encuentra dividido entre varios establecimientos comerciales.
Una pequeña huella del antiguo local puede contemplarse en la actual tienda de Druni. Nada más entrar, a mano izquierda, se muestra tras un cristal una parte de una columna identificada como perteneciente al Café Ambos Mundos. La mayor parte de la pieza permanece cubierta por la obra y solo uno de sus tramos ha quedado visible.
El detalle puede pasar inadvertido entre los expositores, pero recuerda que aquel espacio formó parte de un salón en el que llegaron a distribuirse 208 mesas y a reunirse cerca de 1.800 personas.
El Café Ambos Mundos de Zaragoza
- Ubicación histórica: paseo de la Independencia, números 30 y 32.
- Apertura: 3 de octubre de 1881.
- Cierre: 2 de septiembre de 1955.
- Dimensiones originales: 38 metros de largo, 21 de ancho y siete de altura.
- Mesas: 208 mesas de mármol.
- Capacidad aproximada: cerca de 1.800 personas.
- Espacios: salón principal, gabinetes, billares y jardín posterior.
- Grandes reformas: 1928 y 1941.
- Artistas vinculados: Alejo Pescador, Pablo Luna, Alberto Duce y Pilar Lorengar.
- Elemento conservado: parte de una columna visible tras un cristal en la entrada de la actual tienda de Druni.
El espacio que ocupaba el café se encuentra actualmente dividido entre diferentes establecimientos comerciales.
El recuerdo de una forma diferente de vivir la ciudad
Las fotografías conservadas permiten reconocer un salón difícil de relacionar con los comercios actuales. Sus mesas se sucedían bajo un techo monumental, los conciertos formaban parte de la actividad diaria y un jardín prolongaba el establecimiento hasta la calle Ponzano.
Durante casi tres cuartos de siglo, el Ambos Mundos fue escenario de tertulias políticas, bailes, banquetes, discusiones, reuniones familiares y primeras actuaciones de artistas que posteriormente alcanzaron reconocimiento internacional.
La transformación de sus bajos refleja también la evolución del paseo de la Independencia. El lugar que acogió uno de los cafés más grandes de Europa fue dividido entre bancos y comercios, hasta que su historia quedó prácticamente oculta detrás de los escaparates.
Hoy apenas queda una columna parcialmente visible para recordar aquel establecimiento. Sin embargo, durante 74 años fue uno de los grandes salones de Zaragoza: un lugar en el que cientos de personas podían tomar café, escuchar música y conversar al mismo tiempo bajo las figuras de Asia, África, Europa y América.
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