
El río que atraviesa el centro de Zaragoza escondido bajo la Gran Vía
El Huerva permanece oculto durante 1,2 kilómetros bajo la Gran Vía, Basilio Paraíso, Constitución y el inicio de Cesáreo Alierta
Quienes recorren la Gran Vía de Zaragoza caminan sobre un río. Bajo el bulevar y las vías del tranvía, el río Huerva continúa avanzando por un tramo oculto que atraviesa algunos de los espacios más transitados del centro.
El cauce permanece soterrado bajo la Gran Vía, cruza la plaza Basilio Paraíso y continúa por el paseo de la Constitución hasta reaparecer cerca del comienzo de Cesáreo Alierta. En total, el tramo cubierto alcanza aproximadamente 1,2 kilómetros.
La operación permitió crear uno de los grandes ejes urbanos de Zaragoza y facilitó la expansión de la ciudad hacia el sur. También consiguió que varias generaciones hayan recorrido diariamente la zona sin ser conscientes de que el Huerva sigue fluyendo bajo sus pies.
El río Huerva continúa bajo la Gran Vía
El río no fue desviado fuera de este sector de la ciudad. El cauce se encauzó y se cubrió mediante una estructura capaz de sostener la avenida levantada sobre él.
Su recorrido subterráneo comienza en el entorno de la Gran Vía. Desde allí avanza bajo el paseo central hacia la plaza Basilio Paraíso, gira siguiendo el paseo de la Constitución y continúa hasta el entorno de Cesáreo Alierta, donde vuelve a quedar al descubierto junto al colegio Corazonistas.
La forma de la superficie todavía permite seguir parte de este trazado. La Gran Vía y Constitución no son únicamente dos paseos enlazados: su alineación responde en buena medida al recorrido que seguía el Huerva antes de desaparecer bajo el hormigón.
El recorrido oculto del Huerva
- Longitud aproximada: 1,2 kilómetros.
- Recorrido: Gran Vía, plaza Basilio Paraíso, paseo de la Constitución y comienzo de Cesáreo Alierta.
- Primer cubrimiento: década de 1920.
- Función urbana: crear nuevos paseos y conectar el crecimiento de Zaragoza hacia el sur.
Una obra para transformar la Zaragoza de los años veinte
La posibilidad de cubrir el Huerva llevaba décadas planteándose. El cauce se había convertido en una barrera entre el centro y los terrenos situados al sur, precisamente cuando Zaragoza comenzaba a necesitar nuevas zonas para crecer.
El río también arrastraba una imagen negativa. Las aguas recibían residuos procedentes de viviendas, talleres y fábricas, mientras sus orillas aparecían asociadas a problemas de salubridad. En lugar de recuperar el cauce como espacio natural, la solución elegida fue ocultarlo y aprovechar su recorrido para abrir una gran avenida.
El proyecto decisivo comenzó en 1924 bajo la dirección del arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro. Las obras obligaron a encauzar el río, levantar muros y colocar una cubierta de hormigón sobre la que posteriormente se urbanizaría el paseo.
Las fotografías de la época muestran un paisaje difícil de reconocer hoy: el Huerva discurría por una profunda trinchera entre huertas, fábricas, desniveles y las traseras de diferentes edificios. Sobre aquel espacio fue apareciendo la Gran Vía.
La avenida que permitió crecer hacia el sur
El primer gran tramo quedó preparado durante la segunda mitad de la década de 1920. La nueva avenida prolongó el crecimiento iniciado alrededor del paseo de la Independencia y la plaza de Aragón y abrió una conexión directa con el parque de Buenavista, actual Parque Grande José Antonio Labordeta.
El cubrimiento resultó fundamental para comunicar las dos orillas y facilitar la construcción de nuevos barrios. La Gran Vía terminó convertida en uno de los principales ejes de movilidad de Zaragoza, continuado por Fernando el Católico e Isabel la Católica.
La transformación se produjo mientras otros paseos cercanos adquirían también su aspecto actual. El paseo de Sagasta reunía las viviendas de la nueva burguesía, mientras la Gran Vía ofrecía una salida más amplia hacia los terrenos del sur.
El soterramiento continuó después bajo el paseo de la Constitución. De esta forma, el río quedó oculto en una extensa franja del centro y dejó de funcionar visualmente como frontera urbana.
Las obras del tranvía volvieron a mostrar el río
El Huerva reapareció temporalmente ante los zaragozanos durante las obras de la línea 1 del tranvía. La renovación de la Gran Vía exigió retirar parte de la antigua cubierta, que llevaba más de ocho décadas soportando el tráfico de la avenida.
Durante aquellos trabajos pudo contemplarse nuevamente el cauce entre los muros de hormigón. La imagen sorprendió a muchos vecinos y reabrió el debate sobre la posibilidad de hacer visible alguna parte del río.
La estructura se renovó y el Huerva volvió a quedar cubierto. Sobre él circulan actualmente el tranvía, peatones, bicicletas y vehículos, mientras el agua continúa su recorrido en la oscuridad.
Un río visible en otros puntos de Zaragoza
El tramo subterráneo contrasta con otros sectores donde el Huerva todavía forma parte del paisaje urbano. Puede verse junto al Parque Grande, en el entorno de la Fuente de la Junquera y en los barrios situados aguas abajo del centro.
En los últimos años se han desarrollado trabajos para recuperar las riberas del río Huerva, mejorar su vegetación y facilitar la continuidad peatonal en diferentes tramos. Sin embargo, su paso bajo la Gran Vía permanece como la parte menos visible de todo el recorrido.
La ciudad que creció cubriendo el río terminó olvidándolo en este sector. La próxima vez que el tranvía avance por la Gran Vía o que alguien atraviese el paseo de la Constitución, el Huerva estará circulando unos metros más abajo, siguiendo el mismo camino que condicionó la forma de Zaragoza.
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