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El patio de Zaragoza que esconde una carta astral esculpida hace casi 500 años

Las columnas y relieves del Patio de la Infanta han sido interpretados como una representación del cielo durante la boda de Gabriel Zaporta y Sabina de Santángel en 1549

En el interior de un edificio moderno del centro de Zaragoza se conserva un patio renacentista cuyas columnas podrían representar la posición de los astros durante una boda celebrada hace casi 500 años. Se trata del Patio de la Infanta, único gran elemento conservado del palacio que el banquero y comerciante Gabriel Zaporta mandó construir durante el siglo XVI.

Su abundante decoración no responde únicamente a una intención ornamental. Los relieves, medallones, figuras mitológicas y columnas forman un complejo programa relacionado con el matrimonio, la cultura humanista y la astrología. Una de las interpretaciones más extendidas sostiene que el conjunto reproduce la carta astral de la boda de Gabriel Zaporta y Sabina de Santángel, celebrada el 3 de junio de 1549.

El patio fue terminado alrededor de 1550 y formaba parte de una residencia situada en la antigua calle Nueva, en el entorno de la actual calle San Jorge. Tras sufrir varios incendios, el palacio fue derribado en 1903. El patio se desmontó piedra a piedra, fue trasladado a París y tardó más de medio siglo en regresar a Zaragoza.

Una boda de 1549 representada en las columnas

Gabriel Zaporta fue uno de los comerciantes y financieros más poderosos de la Zaragoza del siglo XVI. Prestó importantes cantidades de dinero a la Corona de Carlos I y alcanzó una posición destacada dentro de la sociedad aragonesa. Tras enviudar de su primera esposa, contrajo matrimonio con Sabina de Santángel, perteneciente también a una familia zaragozana de comerciantes de origen judeoconverso.

Zaporta encargó la construcción de una nueva residencia coincidiendo con este segundo matrimonio. El patio central seguía la estructura habitual de los palacios aragoneses del Renacimiento, con una planta inferior adintelada y una galería superior formada por arcos de medio punto. La diferencia se encontraba en la extraordinaria cantidad de figuras esculpidas sobre sus columnas, frisos y soportes.

La interpretación astrológica relaciona las cuatro columnas centrales con el Sol, la Luna, Saturno y Mercurio. Su disposición habría reproducido el cielo correspondiente al 3 de junio de 1549 a las 18:50 horas, fecha y hora atribuidas a la boda de Zaporta y Sabina de Santángel.

Esta lectura convierte el patio en una especie de horóscopo matrimonial construido en piedra. Los astros habrían sido colocados para expresar unos augurios favorables para la pareja y dejar constancia de un momento concreto de su vida.

No obstante, la simbología del Patio de la Infanta ha dado lugar a diferentes estudios e interpretaciones. La documentación conservada no permite asegurar de forma definitiva el significado de cada figura. El propio Ayuntamiento de Zaragoza señala que su programa iconográfico ha sido relacionado tanto con el matrimonio de Zaporta como con la figura y el proyecto político del emperador Carlos V.

La decoración incluye también representaciones de los cuatro elementos, figuras vinculadas con los trabajos de Hércules, las Tres Gracias y diferentes alegorías del amor, la fortuna y la ocasión. A ello se suman animales fantásticos, grifos, centauros, amorcillos y ninfas con instrumentos musicales.

En el friso aparecen 28 medallones enfrentados. Doce de esas parejas se miran entre sí y han sido interpretadas como amantes históricos o mitológicos. Aunque no todas pueden identificarse con seguridad, su presencia refuerza la relación del conjunto con el amor y el matrimonio.

La lectura completa no resulta evidente para quien contempla el patio por primera vez. Los símbolos astrológicos están integrados dentro de una decoración mucho más amplia y no forman una carta celeste convencional. Para comprenderla es necesario detenerse en las columnas y conocer previamente la interpretación atribuida a cada figura.

El patio que viajó a París y regresó a Zaragoza

El nombre de Patio de la Infanta no procede de Sabina de Santángel. Comenzó a utilizarse mucho después, por la estancia en el palacio de María Teresa de Vallabriga, viuda del infante Luis de Borbón, hermano del rey Carlos III.

María Teresa de Vallabriga regresó a su Zaragoza natal tras enviudar en 1785 y residió durante varios años en la antigua Casa Zaporta. Su relación con Francisco de Goya y con diferentes intelectuales aragoneses convirtió el inmueble en un lugar destacado de la vida cultural de la ciudad.

El palacio llegó al final del siglo XIX en un avanzado estado de deterioro. Un grave incendio ocurrido en 1894 agravó la situación y, después de varios intentos fallidos de conservación, el edificio fue derribado en 1903.

Parte de la carpintería mudéjar pasó al Museo de Zaragoza, pero el patio y la portada fueron vendidos al anticuario francés Fernand Schultz. Las piezas viajaron a París y el conjunto fue instalado en su establecimiento como escaparate de su negocio.

La entonces Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja adquirió el patio en 1958. Las piezas permanecieron almacenadas hasta que en 1980 fueron reconstruidas en el interior de la sede central de la entidad, junto a la plaza de Basilio Paraíso. El patio regresó así a Zaragoza, aunque no al lugar para el que había sido concebido.

Actualmente puede visitarse en la sede de la Fundación Ibercaja Patio de la Infanta, situada en el número 16 de la calle San Ignacio de Loyola.

El horario habitual es de lunes a sábado, de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas. Los domingos y festivos abre de 10:00 a 14:00 horas. El centro permanece cerrado durante todo el mes de agosto, por lo que conviene consultar la información oficial antes de desplazarse.

La visita permite contemplar un patio que ha sobrevivido al derribo del palacio original, a su traslado a Francia y a más de cincuenta años lejos de Zaragoza. Entre sus columnas permanece una composición que, según una de sus principales interpretaciones, fijó en piedra el cielo bajo el que Gabriel Zaporta y Sabina de Santángel celebraron su matrimonio en 1549.

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