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El mausoleo romano de Sádaba que una mujer mandó construir para su familia y para ella misma

Atilia Festa encargó hace aproximadamente 1.800 años esta gran tumba familiar, cuya fachada todavía conserva tres inscripciones

En mitad de los campos próximos a Sádaba permanece en pie la fachada de un edificio levantado hace aproximadamente 1.800 años. Sus arcos, pilastras e inscripciones pertenecieron a una gran tumba familiar construida por una mujer llamada Atilia Festa.

Es el Mausoleo de los Atilios, uno de los monumentos funerarios romanos más importantes de Aragón. Aunque solamente ha sobrevivido uno de sus muros exteriores, las palabras grabadas en la piedra permiten reconstruir parte de su historia y conocer a las tres personas para las que fue levantado.

Atilia Festa dedicó el mausoleo a su abuelo, a su padre y a ella misma. La última inscripción contiene además un detalle especialmente revelador: ordenó preparar su propia sepultura cuando todavía estaba viva.

Una gran tumba romana junto a Sádaba

El mausoleo se encuentra a unos dos kilómetros de Sádaba, cerca de la carretera A-1202 en dirección a Uncastillo. Su construcción suele situarse entre los siglos II y III después de Cristo, en una época en la que este territorio se encontraba plenamente integrado en el Imperio romano.

El edificio estuvo relacionado con una explotación agrícola perteneciente a una familia acomodada. Las fértiles tierras de las Cinco Villas permitieron el desarrollo de grandes propiedades rurales cuyos dueños exhibían su posición mediante villas, inscripciones y monumentos funerarios.

La familia Atilia formaba parte de esa élite local. Sus miembros poseían la ciudadanía romana y contaban con los recursos necesarios para encargar una tumba monumental, levantada junto a una de las vías que atravesaban este territorio.

Por las proximidades discurría una calzada que comunicaba Caesaraugusta, la actual Zaragoza, con Pompaelo —Pamplona— y Asturica Augusta, hoy Astorga. La posición del mausoleo permitía que quienes recorrieran el camino contemplasen la fachada y leyesen los nombres de la familia.

Atilia Festa preparó su propia tumba en vida

Las tres inscripciones conservadas constituyen el elemento fundamental para interpretar el monumento. Gracias a ellas se sabe que la promotora fue Atilia Festa y que el mausoleo estaba dedicado a tres generaciones de una misma familia.

La primera inscripción recuerda a su abuelo, Cayo Atilio Genial. La segunda está dedicada a su padre, Lucio Atilio Festo, al que define como su «padre óptimo» o excelente.

La tercera corresponde a la propia promotora. En ella, Atilia Festa deja constancia de que mandó realizar el monumento para ella misma mientras todavía vivía.

Planificar la propia sepultura no resultaba extraño entre las familias romanas con suficientes recursos. Los monumentos funerarios servían para albergar los restos de los fallecidos, pero también para conservar públicamente su nombre, su linaje y su posición social.

La inscripción evitó que la identidad de Atilia Festa desapareciera con el edificio. Casi dos milenios después, su nombre continúa siendo visible sobre la fachada que ordenó construir.

Una fachada de más de nueve metros

El mausoleo original era un edificio completo construido con bloques de piedra arenisca. Del conjunto solamente se conserva una parte de la fachada principal y algunos restos menores de su estructura.

El muro que permanece en pie mide aproximadamente 9,20 metros de longitud y 4,72 metros de altura. Su composición se organiza mediante cinco arcos ciegos de medio punto separados por pilastras decoradas.

Los tres espacios centrales albergan las inscripciones correspondientes a los miembros de la familia. Sobre ellos aparecen frontones y diferentes elementos ornamentales que muestran el cuidado dedicado a la construcción.

Entre la decoración pueden reconocerse motivos vegetales y símbolos funerarios. Algunas interpretaciones identifican una cabeza de Medusa, un águila y diferentes rosetas, imágenes que formaban parte del lenguaje decorativo utilizado por los romanos en sus tumbas.

La fachada conservada permite imaginar la riqueza del edificio original, aunque se desconoce con exactitud cómo estaban distribuidos todos sus espacios interiores y dónde se colocaron los restos de los fallecidos.

Por qué se conocía como el Altar de los Moros

Durante mucho tiempo, el monumento fue conocido popularmente como el Altar de los Moros. La denominación no significa que tuviera un origen islámico.

En numerosos lugares de Aragón, las construcciones antiguas cuyo origen se había olvidado terminaron atribuyéndose genéricamente a los «moros». El nombre se utilizaba para explicar ruinas, cuevas, castillos o estructuras que la población local sabía que eran muy antiguas, pero cuya función real se desconocía.

Las inscripciones latinas y el estudio de su arquitectura permitieron identificar el edificio como un mausoleo romano. El nombre de los Atilios procede directamente de la familia mencionada en los textos conservados.

El territorio romano de las Cinco Villas

El mausoleo no apareció de forma aislada. Su construcción se entiende dentro de un territorio con una intensa presencia romana, organizado alrededor de explotaciones agrícolas, caminos y núcleos urbanos.

Muy cerca se encuentra el yacimiento de Los Bañales, una antigua ciudad romana que conserva los restos de unas termas, un acueducto, espacios comerciales y diferentes edificios públicos y privados.

En el entorno de Sádaba también se localiza el llamado mausoleo de la Sinagoga, otra construcción funeraria romana de grandes dimensiones. Su nombre popular tampoco guarda relación con la función original del edificio.

La proximidad de estas tumbas refleja la riqueza alcanzada por algunas familias del territorio. Los mausoleos se levantaban fuera de los asentamientos, generalmente junto a las vías de comunicación, donde podían ser vistos por los viajeros.

En la sociedad romana, mantener viva la memoria familiar era una forma de prestigio. Las fachadas monumentales y las inscripciones convertían la tumba en una presentación pública de quienes habían sido sus propietarios.

Cómo visitar el Mausoleo de los Atilios

El Mausoleo de los Atilios se encuentra en el término municipal de Sádaba, junto a la carretera A-1202 que comunica la localidad con Uncastillo. Está aproximadamente a dos kilómetros del casco urbano.

Un desvío permite acercarse al monumento, que se levanta en un entorno agrícola próximo al canal de Bardenas. La visita exterior es breve y puede combinarse fácilmente con otros espacios patrimoniales de la zona.

Al tratarse de una construcción situada al aire libre, conviene acudir durante las horas de luz y extremar la precaución al aproximarse desde la carretera. También debe respetarse el terreno agrícola que rodea el monumento.

No es necesario acceder al interior de ningún edificio para contemplar su principal elemento. La fachada conservada y sus inscripciones son visibles desde el recinto exterior.

Mausoleo de los Atilios

  • Localidad: Sádaba.
  • Comarca: Cinco Villas.
  • Cronología: entre los siglos II y III después de Cristo.
  • Promotora: Atilia Festa.
  • Personas recordadas: su abuelo, su padre y ella misma.
  • Material: piedra arenisca.
  • Fachada conservada: 9,20 metros de longitud y 4,72 metros de altura.
  • Nombre popular: Altar de los Moros.
  • Ubicación: carretera A-1202 de Sádaba a Uncastillo, a unos dos kilómetros de Sádaba.
  • Protección: monumento histórico-artístico desde 1931 y actual Bien de Interés Cultural.

La visita puede combinarse con el castillo de Sádaba, el mausoleo de la Sinagoga y la ciudad romana de Los Bañales.

Qué más ver en Sádaba

El principal monumento del casco urbano es el castillo de Sádaba, una fortaleza medieval levantada sobre una pequeña elevación y reconocible por sus siete torres. Su aspecto exterior responde principalmente a las reformas realizadas durante el siglo XIII.

También merece atención la iglesia de Santa María, construida en estilo gótico tardío, y el conjunto de calles que se extiende a los pies del castillo.

Fuera del municipio, la visita puede continuar hacia Los Bañales. La combinación del yacimiento, el acueducto y los mausoleos permite reconstruir cómo se organizaba este territorio durante el periodo romano.

El Mausoleo de los Atilios conserva solamente una pared, pero esa pared contiene casi toda la información necesaria para devolver el nombre a sus propietarios. Las inscripciones hablan de un abuelo, un padre y una mujer que decidió preparar su propio lugar de descanso.

Atilia Festa consiguió así uno de los objetivos perseguidos por las grandes familias romanas: que sus nombres permanecieran después de la muerte. Casi 1.800 años más tarde, todavía pueden leerse en una fachada solitaria entre los campos de las Cinco Villas.

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