A mediados del siglo XX, buena parte del Palacio de la Aljafería permanecía oculta bajo las dependencias de un cuartel militar. Su recuperación exigió décadas de investigación, excavaciones y restauraciones hasta convertir el monumento en sede de las Cortes de Aragón.
Los estilos arquitectónicos de la Aljafería
Esta publicación forma parte de la serie con la que ZARAGOZALA recorre las distintas etapas arquitectónicas del monumento:
La Aljafería que se visita actualmente no llegó intacta desde el siglo XI. El palacio atravesó casi mil años de ampliaciones, reformas, destrucciones y cambios de uso que modificaron profundamente su aspecto.
Sus salones islámicos fueron transformados por los reyes cristianos, sobre ellos se construyó el palacio de los Reyes Católicos y, más tarde, el conjunto fue convertido en fortaleza y cuartel. Algunas dependencias medievales desaparecieron, otras quedaron ocultas y numerosos elementos decorativos fueron desmontados.
Por eso, la recuperación de la Aljafería no consistió simplemente en reparar un edificio antiguo. Fue necesario investigar sus muros, identificar las diferentes etapas constructivas y decidir qué partes debían conservarse, reconstruirse o adaptarse a nuevos usos.
Un palacio escondido dentro de un cuartel
Índice
Durante los siglos XVIII y XIX, las necesidades militares condicionaron por completo la organización de la Aljafería. Se levantaron alojamientos para soldados, almacenes, caballerizas, oficinas y otras dependencias alrededor de un gran patio de armas.
Las salas históricas fueron divididas mediante tabiques, algunos arcos quedaron cegados y determinadas decoraciones se cubrieron. El antiguo palacio fue quedando integrado dentro de una construcción militar mucho más extensa.
A mediados del siglo XX, reconocer la estructura del palacio taifa entre todas aquellas transformaciones resultaba especialmente complicado. Era necesario distinguir los elementos originales de las reformas posteriores y localizar los restos que permanecían ocultos.
Una idea importante para la visita: muchos de los espacios que hoy parecen formar un conjunto continuo tuvieron que ser recuperados a partir de fragmentos, restos arqueológicos y estudios de su configuración original.
Francisco Íñiguez y el comienzo de la recuperación
El gran proceso de restauración comenzó en 1947 bajo la dirección del arquitecto e historiador Francisco Íñiguez Almech, con el impulso del Colegio de Aragón y de la Institución Fernando el Católico.
Íñiguez dedicó décadas a estudiar el edificio y a intentar recuperar la configuración del palacio medieval. Para ello fue necesario retirar construcciones y añadidos que ocultaban las estructuras históricas, además de consolidar los restos que se encontraban en peor estado.
Los trabajos permitieron reconocer nuevamente espacios fundamentales del palacio islámico, como el Patio de Santa Isabel, sus pórticos, las albercas, el Salón Dorado y el pequeño oratorio.
También se recuperaron dependencias de las etapas cristiana y mudéjar, así como elementos pertenecientes al palacio construido por los Reyes Católicos.
Tras el fallecimiento de Íñiguez en 1982, los trabajos continuaron bajo la supervisión del arquitecto Ángel Peropadre Muniesa. La restauración se convirtió así en un proceso prolongado que fue incorporando nuevas investigaciones arqueológicas y diferentes criterios de intervención.
¿Cuánto hay de original en la Aljafería?
Esta es una de las preguntas más interesantes que puede plantearse durante la visita. En la Aljafería conviven elementos originales, piezas recolocadas, estructuras reconstruidas y zonas de arquitectura contemporánea.
Algunos arcos y yeserías conservan materiales medievales, aunque hayan sido restaurados. Otros se recompusieron a partir de fragmentos originales y determinados elementos tuvieron que reconstruirse para facilitar la comprensión de los espacios.
Parte de las decoraciones de la Aljafería había sido trasladada durante el siglo XIX al Museo de Zaragoza y al Museo Arqueológico Nacional para evitar su desaparición. Otras piezas permanecieron descontextualizadas o se utilizaron como referencia para reproducir composiciones incompletas.
La restauración trató de devolver una lectura coherente al palacio, pero eso no significa que todo cuanto contempla el visitante se conserve exactamente como fue construido en el siglo XI.
Original, restaurado y reconstruido
- Original: elementos históricos que han permanecido en el edificio.
- Restaurado: piezas originales reparadas o consolidadas para garantizar su conservación.
- Reintegrado: fragmentos originales completados para recuperar la lectura del conjunto.
- Reconstruido: elementos reproducidos a partir de restos, estudios y referencias históricas.
El Ayuntamiento compra la Aljafería
Un paso decisivo se produjo en marzo de 1980, cuando el Ayuntamiento de Zaragoza adquirió el castillo y los terrenos circundantes a las Fuerzas Armadas dentro de la denominada operación cuarteles.
El acuerdo contemplaba la restauración del monumento y la creación de un parque público a su alrededor. La Aljafería dejaba así atrás varios siglos de utilización militar y comenzaba una nueva etapa vinculada a su recuperación patrimonial.
Poco después apareció una posibilidad que cambiaría nuevamente la función del edificio: convertirlo en sede del recién creado Parlamento autonómico.
La Aljafería se convierte en sede de las Cortes
En 1983 se decidió instalar las Cortes de Aragón en el Palacio de la Aljafería. La elección recuperaba, de alguna manera, la antigua dimensión política del edificio, que había sido residencia de los gobernantes de la taifa de Saraqusta y de los reyes de Aragón.
La adaptación planteaba, sin embargo, un importante desafío arquitectónico. El monumento debía acoger un hemiciclo, despachos, salas de reuniones y servicios administrativos sin alterar sus espacios históricos más valiosos.
Los arquitectos Luis Franco Lahoz y Mariano Pemán Gavín asumieron en 1985 la dirección de los trabajos para instalar el Parlamento aragonés.
El proyecto buscó concentrar los nuevos usos en las zonas procedentes de la etapa cuartelaria, especialmente alrededor del patio occidental. De esta manera, la actividad parlamentaria podía convivir con el recorrido monumental por el palacio islámico y las dependencias reales.
En mayo de 1986 se colocó la primera piedra de la nueva sede y el 20 de mayo de 1987 fue inaugurado el hemiciclo de las Cortes de Aragón.
Un parlamento dentro de un monumento medieval
El hemiciclo es el principal espacio contemporáneo de la Aljafería. Su arquitectura se diferencia deliberadamente de los salones históricos, evitando imitar la ornamentación islámica o mudéjar.
La intervención utiliza formas y materiales actuales para dejar claro qué partes pertenecen a la restauración contemporánea. El objetivo no era crear un falso salón medieval, sino incorporar una arquitectura funcional y reconocible dentro de un edificio histórico.
Esta convivencia entre épocas constituye una de las singularidades de la Aljafería. En un mismo recinto se encuentran la residencia de un rey taifa del siglo XI, las salas de los monarcas aragoneses, el palacio de los Reyes Católicos, las construcciones militares y la sede de un parlamento democrático.
La institución se integró así en la historia del edificio sin eliminar todas sus transformaciones anteriores. Parte de las dependencias del cuartel se conservaron y recibieron nuevos usos parlamentarios.
La ampliación de la sede parlamentaria
El crecimiento de las Cortes de Aragón hizo necesaria una segunda fase de intervención. Entre 1993 y 1995 se ampliaron las dependencias parlamentarias en el sector noroccidental de la Aljafería.
Las actuaciones afectaron a las alas occidental y norte del patio situado en esa zona. Los trabajos completaron la organización de oficinas, salas y servicios necesarios para el funcionamiento cotidiano de la institución.
El 29 de abril de 1994, el Ayuntamiento de Zaragoza aprobó la cesión definitiva del edificio y de su entorno a las Cortes de Aragón.
El largo proceso de restauración y adaptación se dio por finalizado en 1998, aproximadamente medio siglo después de los primeros trabajos dirigidos por Francisco Íñiguez.
Qué observar para entender la restauración
La intervención contemporánea puede reconocerse en diferentes puntos del recorrido. Estos son algunos de los detalles que ayudan a interpretar el edificio:
La regularidad del Patio de Santa Isabel
El patio permite comprender la organización del palacio taifa, pero su imagen actual es el resultado de una profunda restauración. Las albercas, los jardines y las arquerías recuperan la estructura del espacio residencial islámico.
Las diferencias entre las yeserías
Una observación detenida permite apreciar variaciones de color, textura y conservación. Algunas partes pertenecen a la decoración histórica, mientras que otras completan los motivos originales para hacerlos comprensibles.
Las construcciones del patio occidental
En esta zona se conservan estructuras vinculadas al antiguo cuartel que fueron adaptadas para albergar despachos y dependencias de las Cortes de Aragón.
El hemiciclo
Es la intervención contemporánea más evidente. Su diseño responde a las necesidades de un parlamento moderno y evita competir con la decoración de las salas históricas.
El diálogo entre épocas
Pasillos, patios y espacios de transición permiten pasar de la arquitectura islámica a la mudéjar, de las estancias reales a las construcciones militares y de estas a las dependencias parlamentarias.
Cinco fechas de la recuperación de la Aljafería
- 1947: comienzan los trabajos dirigidos por Francisco Íñiguez Almech.
- 1980: el Ayuntamiento de Zaragoza adquiere el edificio a las Fuerzas Armadas.
- 1983: se decide instalar en él las Cortes de Aragón.
- 1987: se inaugura el nuevo hemiciclo parlamentario.
- 1998: culmina el gran proceso de restauración desarrollado durante cinco décadas.
La Aljafería y el Patrimonio Mundial
La recuperación del monumento contribuyó también a reforzar su reconocimiento internacional. En 2001, los elementos mudéjares del Palacio de la Aljafería quedaron incluidos en la ampliación de la declaración de la Arquitectura Mudéjar de Aragón como Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Este reconocimiento destaca especialmente la importancia de las reformas realizadas por los monarcas cristianos mediante técnicas y formas vinculadas a la tradición artística islámica.
La declaración no implica que todo el edificio sea mudéjar. La riqueza de la Aljafería reside precisamente en la superposición de estilos y etapas que abarcan desde la arquitectura islámica del siglo XI hasta las intervenciones contemporáneas.
Una restauración que también cuenta la historia
Sin las restauraciones iniciadas a mediados del siglo XX sería muy difícil reconocer actualmente el palacio de recreo construido por al-Muqtádir. Buena parte de sus espacios seguiría escondida bajo las reformas militares o se habría perdido definitivamente.
La intervención permitió recuperar el monumento, pero también abrió un debate inevitable sobre cómo reconstruir aquello que había desaparecido. La Aljafería actual debe entenderse como el resultado de su historia y de las decisiones adoptadas para conservarla.
Su transformación en sede parlamentaria le proporcionó una nueva función y aseguró el mantenimiento de un edificio que nunca ha permanecido detenido en el tiempo. Después de ser palacio, fortaleza, prisión y cuartel, la Aljafería volvió a convertirse en un espacio político.
Esta vez, no como residencia de un monarca, sino como sede de la representación democrática de los aragoneses.
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