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El pueblo de Zaragoza que conserva un calendario agrícola esculpido hace más de 800 años

La portada de la iglesia de San Nicolás de Bari de El Frago representa en piedra las labores que marcaban cada uno de los doce meses durante la Edad Media

En la portada de una iglesia de la provincia de Zaragoza se conserva un calendario que no necesita números, hojas ni anotaciones. Sus doce meses están esculpidos en piedra y se reconocen por las labores agrícolas y las escenas cotidianas que marcaban el paso del año durante la Edad Media.

Este singular calendario románico se encuentra en El Frago, una pequeña localidad de las Cinco Villas situada a unos 80 kilómetros de Zaragoza. Forma parte de la portada meridional de la iglesia de San Nicolás de Bari y fue realizado aproximadamente entre los años 1170 y 1180. El ciclo de los doce meses se conserva completo, aunque las figuras presentan un apreciable desgaste provocado por la erosión y el paso del tiempo.

La sucesión de imágenes permite leer el año tal y como lo entendía una sociedad estrechamente vinculada a la tierra. Podar las vides, segar el cereal, separar el grano de la paja, trasegar el vino o realizar la matanza eran mucho más que trabajos estacionales: organizaban la alimentación, la economía y buena parte de la vida de las familias.

Los doce meses de un año medieval esculpidos en piedra

El calendario de El Frago, también denominado mensario o menologio, ocupa la arquivolta interior de la portada sur de la iglesia. Las escenas siguen el recorrido aparente del sol y deben observarse desde la derecha del espectador hacia la izquierda.

Las imágenes no conservan la nitidez que tuvieron en el siglo XII. La erosión de la piedra ha borrado rostros, herramientas y algunos detalles de las figuras, pero las composiciones siguen siendo reconocibles. Para distinguir cada mes conviene observar la arquivolta con detenimiento y seguir las escenas en el orden en el que fueron esculpidas.

El año comienza con una figura masculina que carga un bulto sobre su espalda. La interpretación de enero no es completamente segura. Podría representar a un caminante iniciando su recorrido o a un hombre recogiendo y transportando leña para afrontar las bajas temperaturas del invierno.

En febrero, cuando el frío todavía impedía buena parte de los trabajos en el exterior, el campesino aparece calentándose junto al fuego. La actividad agrícola regresa en marzo, representado mediante la poda de las viñas. El labrador utiliza una podadera para retirar las ramas antiguas y preparar las cepas para la nueva temporada.

La escena de abril se aleja momentáneamente del trabajo. Una mujer sostiene una gran planta como símbolo de la llegada de la primavera. La imagen se relaciona con las antiguas celebraciones de mayo, rituales de origen precristiano que festejaban el renacimiento de la vegetación y buscaban favorecer unas buenas cosechas.

En mayo aparece un joven con un halcón en la mano. La cetrería era una actividad relacionada principalmente con la nobleza y su presencia introduce en el calendario una escena diferente a las ocupaciones campesinas.

El trabajo se intensifica con la llegada del verano. Junio muestra la eliminación de hierbas y cardos, mientras que julio está dedicado a la siega del cereal. En agosto, una figura utiliza un mayal, un instrumento formado por dos piezas de madera unidas, para golpear las espigas y separar el grano de la paja.

La representación de septiembre es una de las más difíciles de interpretar debido al estado de erosión de la piedra. La figura aparece junto a una forma vegetal y podría estar recogiendo bellotas para alimentar a los cerdos o participando en la vendimia. Esta segunda interpretación permitiría enlazar la escena con el mes siguiente.

Octubre muestra con mayor claridad el trasiego del vino a una barrica. La presencia de la poda en marzo y del vino durante el otoño refleja la importancia que tenía el cultivo de la vid en la economía y en la alimentación medieval.

En noviembre se representa la matanza del cerdo, una labor fundamental para disponer de carne durante los meses siguientes. El calendario concluye en diciembre con un banquete navideño. La mesa aparece cubierta de alimentos, aunque, de forma poco habitual, no hay ninguna persona sentada a su alrededor.

Las doce escenas forman una narración completa. El año comienza con el frío y la recogida de leña, avanza entre las tareas del campo y termina con la matanza y la comida de celebración. La piedra muestra así una forma de medir el tiempo basada en los cambios de estación y en los alimentos que podían producirse en cada momento.

La iglesia románica que domina El Frago

La iglesia de San Nicolás de Bari se levanta en la parte más elevada de El Frago, sobre un cerro situado en la margen izquierda del río Arba de Biel. Su volumen, sus fuertes muros de piedra sillar y la disposición del ábside le proporcionan una apariencia casi defensiva.

Esta imagen se explica por la historia del territorio. Durante el siglo XII, las Cinco Villas formaban parte de la frontera entre el Reino de Aragón y la taifa de Zaragoza. En ausencia de un castillo, la iglesia se convirtió en el edificio más visible y sólido de la localidad.

El templo tiene dos portadas románicas atribuidas al denominado Maestro de Agüero, un escultor o taller cuya obra puede encontrarse en diferentes iglesias de las Cinco Villas. La portada meridional reúne la decoración más destacada.

Sobre el acceso, el tímpano representa la Adoración de los Reyes Magos. En la escena todavía pueden distinguirse los tres Magos, la estrella, la Virgen con el Niño y San José apoyado en su cayado. Alrededor de esta representación religiosa se desarrolla el calendario de las labores humanas.

Los capiteles completan el conjunto con combates entre caballeros, animales fantásticos, figuras femeninas y la imagen de un cantero trabajando sobre un bloque de piedra. El desgaste dificulta la lectura de algunos capiteles y escenas del calendario. Aun así, todavía pueden reconocerse las figuras, sus posturas y buena parte de las herramientas utilizadas para representar los trabajos de cada mes.

La iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural en 2001. En su interior conserva una cripta bajo la cabecera, una talla gótica del Santo Cristo y el retablo de la Virgen del Rosario, realizado en el siglo XVI por Juan de Anchieta.

El elemento protagonista de la visita, sin embargo, se encuentra en el exterior. El calendario puede observarse en la portada meridional sin necesidad de acceder al templo. El interior puede encontrarse abierto coincidiendo con la celebración de la misa durante el fin de semana, aunque no existe un horario turístico actualizado que permita garantizar la visita.

Qué más se puede ver en El Frago

El casco urbano de El Frago conserva calles estrechas, pasadizos y construcciones de piedra adaptadas al desnivel del terreno. El propio nombre de la localidad se relaciona con el carácter fragoso y accidentado del lugar en el que fue levantada.

Uno de sus principales elementos históricos es la antigua judería. El municipio albergó población hebrea hasta la expulsión de 1492 y conserva varias inscripciones en fachadas y lápidas funerarias. Según el Ayuntamiento de El Frago, forman el conjunto epigráfico hebreo más importante de Aragón.

Fuera del núcleo urbano se encuentra la ermita románica de San Miguel, construida también durante el siglo XII. El entorno del río Arba de Biel y el mirador del Terrao permiten completar un recorrido por la localidad y contemplar el paisaje del Prepirineo zaragozano.

El Frago está situado a aproximadamente 79 kilómetros de Zaragoza. La visita permite acercarse a un calendario que lleva más de ocho siglos expuesto en el mismo lugar y que todavía relata, mes a mes, cómo transcurría la vida en el campo durante la Edad Media.

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