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El pueblo de Zaragoza rodeado por antiguas minas de sal

La localidad de Remolinos creció junto a un enorme depósito salino, conserva decenas de antiguas explotaciones y mantiene una mina todavía activa

A unos 35 kilómetros de Zaragoza, las calles de Remolinos se extienden entre la ribera del Ebro y una sierra que guarda en su interior un enorme depósito de sal. La presencia de este mineral ha marcado durante siglos la economía, el paisaje y hasta la forma de crecer de la localidad.

En las montañas que rodean el municipio llegaron a registrarse casi sesenta explotaciones. Algunas desaparecieron, otras mantienen sus entradas cerradas y una continúa trabajando en la actualidad. Bajo la superficie permanece una red de grandes galerías por las que pueden circular camiones.

Este paisaje puede descubrirse desde el exterior mediante la ruta de las minas de sal de Remolinos, un recorrido de aproximadamente ocho kilómetros que atraviesa el barranco de las Minas y permite observar antiguas instalaciones, entradas excavadas en la montaña y afloramientos salinos.

Un depósito de sal de más de 100 metros de espesor

La sal de Remolinos se formó hace millones de años, durante el Mioceno. En aquel periodo, buena parte de la actual depresión del Ebro estaba ocupada por lagos interiores alimentados por aguas cargadas de minerales.

La progresiva evaporación del agua provocó que estos minerales se acumularan en el fondo. Con el paso del tiempo quedaron cubiertos por nuevos sedimentos y originaron una gran formación compuesta por yeso, anhidrita, glauberita y sal gema o halita.

El depósito de Remolinos alcanza en algunos puntos más de 100 metros de espesor. La sal aparece formando capas y grandes masas dentro de los yesos de la Formación Zaragoza.

No toda presenta el mismo aspecto. Además de los cristales incoloros, se han encontrado ejemplares negros, azulados y rosados. Estas tonalidades se deben a impurezas, inclusiones y alteraciones presentes en el mineral.

Una explotación que comenzó hace siglos

Se considera probable que la sal de Remolinos fuera aprovechada durante la época romana o incluso antes, aunque los primeros datos sólidos sobre una explotación organizada corresponden a la Edad Media.

La sal era entonces un producto imprescindible para conservar alimentos, alimentar al ganado y desarrollar numerosos procesos artesanales. Su comercio estaba controlado y generaba importantes ingresos para la Corona.

Las minas de Remolinos formaron parte de ese sistema. Durante siglos abastecieron a diferentes poblaciones aragonesas y se convirtieron en una de las principales fuentes de riqueza de la localidad.

La importancia alcanzada por estas explotaciones quedó reflejada también en las dimensiones de sus galerías. Una descripción del siglo XVII ya hablaba de amplias cámaras y corredores sostenidos por grandes pilares de sal.

Casi sesenta minas a comienzos del siglo XX

La explotación se multiplicó durante los siglos XIX y XX. El catastro minero de 1909 recogía cerca de sesenta concesiones en el entorno de Remolinos, aunque no todas llegaron a trabajar con la misma intensidad ni durante los mismos periodos.

Entre ellas destacó la mina Real, que se convirtió en una de las explotaciones más importantes. Sus galerías penetraban en la montaña siguiendo las capas de mayor calidad y estaban comunicadas mediante una compleja red de corredores.

Hacia 1950, la producción de las minas de Remolinos rondaba las 15.000 toneladas anuales. La mejora de las técnicas de extracción y, especialmente, de los sistemas de transporte permitió multiplicar esa cantidad durante las décadas siguientes.

En los años setenta, la producción era casi diez veces superior a la registrada dos décadas antes. La actividad minera transformó el barranco, impulsó la creación de almacenes e instalaciones industriales y dio trabajo a generaciones de vecinos.

Galerías tan anchas como calles bajo la montaña

La extracción se realiza mediante un sistema de cámaras y pilares. Los mineros abren grandes corredores dentro del depósito, pero dejan enormes bloques de sal sin extraer para sostener el peso de la montaña.

El resultado es una cuadrícula subterránea que recuerda al trazado de una ciudad. Algunas de las vías interiores alcanzan aproximadamente 20 metros de anchura y casi seis metros de altura, dimensiones suficientes para que puedan circular camiones y maquinaria pesada.

Estas galerías no se encuentran directamente bajo todo el casco urbano, sino principalmente en el interior de la sierra y del barranco situados junto a Remolinos. Desde el pueblo apenas se intuye la magnitud de los espacios excavados bajo la montaña.

La mina Real dejó de extraer sal en 1989. Sin embargo, parte de sus galerías permanece conectada con otras zonas de la explotación y se utiliza como apoyo para la ventilación del conjunto.

La mina María del Carmen continúa activa

Aunque muchas concesiones históricas desaparecieron, la minería de la sal no pertenece únicamente al pasado. La mina María del Carmen continúa activa y es actualmente la única explotación de este tipo que trabaja en Remolinos.

El complejo está formado por la mina subterránea y diferentes instalaciones exteriores destinadas al tratamiento, almacenamiento y expedición del mineral. En el exterior se distribuyen alrededor de medio centenar de balsas relacionadas con el proceso productivo.

La actividad mantiene a la provincia de Zaragoza como una importante productora de sal. En 2019 se extrajeron aproximadamente 309.000 toneladas en la provincia, procedentes en su mayor parte de esta explotación.

La continuidad de María del Carmen permite que en Remolinos convivan dos paisajes mineros: el formado por las antiguas minas abandonadas y el de una industria que sigue aprovechando el mismo depósito salino en la actualidad.

Una ruta por las minas de sal de Remolinos

La historia de estas explotaciones puede conocerse a través de una ruta exterior de aproximadamente ocho kilómetros. El recorrido comienza cerca de las piscinas municipales y se adentra en el barranco donde se concentraron buena parte de las antiguas concesiones.

A lo largo del camino aparecen entradas cerradas, instalaciones en desuso, restos de almacenes y huellas de la actividad minera. En algunos puntos también pueden observarse eflorescencias y pequeños rastros de sal sobre la superficie del terreno.

El itinerario pasa por el entorno de explotaciones como la mina del Gallo, también conocida como Papeles, y la mina Real. El paisaje ayuda a comprender cómo las galerías se fueron extendiendo por el interior de la sierra mientras en el exterior crecían las infraestructuras necesarias para sacar y transportar la sal.

La ruta se completa con la aproximación al entorno exterior de María del Carmen, donde la presencia de instalaciones modernas recuerda que la extracción continúa. Las galerías y bocaminas no forman parte del recorrido visitable y no debe accederse a su interior.

Ruta de las minas de sal de Remolinos

  • Distancia: aproximadamente 8 kilómetros.
  • Tipo de recorrido: circular.
  • Inicio y final: entorno de las piscinas municipales.
  • Desnivel: progresivo y poco pronunciado.
  • Entorno: barranco de las Minas y antiguas explotaciones salinas.
  • Visita: el recorrido se realiza por el exterior.
  • Precaución: las bocaminas están cerradas y no debe accederse a las galerías.
  • Distancia desde Zaragoza: alrededor de 35 kilómetros.

El itinerario combina patrimonio industrial, paisaje estepario y las huellas dejadas por siglos de extracción de sal.

Qué más ver en Remolinos

Además de su patrimonio minero, Remolinos conserva la iglesia de San Juan Bautista. En sus pechinas se encuentra un conjunto pictórico relacionado con Francisco de Goya que representa a cuatro Padres de la Iglesia.

La localidad también permite acercarse al paisaje de la ribera del Ebro y observar el contraste entre las zonas de cultivo, el corredor fluvial y los relieves áridos en los que se localizan las minas.

Remolinos no conserva solamente las huellas de una industria desaparecida. Bajo las montañas que acompañan al municipio permanece un depósito salino de dimensiones extraordinarias, atravesado por galerías semejantes a calles y explotado de manera continuada durante siglos.

Las antiguas bocaminas, los restos industriales y la explotación que permanece activa explican por qué la historia de este pueblo zaragozano no puede entenderse sin un mineral que todavía se extrae a pocos metros de sus casas.

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