
El monasterio de Zaragoza donde Bécquer se refugió y encontró inspiración para sus historias más misteriosas
El poeta vivió en este monasterio cisterciense a los pies del Moncayo y convirtió sus paisajes, pueblos y leyendas en una de sus obras más personales
A los pies del Moncayo, rodeado por bosques, campos y una muralla de piedra, se encuentra el lugar al que Gustavo Adolfo Bécquer acudió para alejarse del ruido de Madrid. El poeta se instaló en el Monasterio de Veruela durante 1864, buscando reposo para sus problemas de salud y un paisaje que terminó transformándose en literatura.
Desde una de las habitaciones de la antigua hospedería escribió buena parte de Cartas desde mi celda, una serie de textos en los que describió la vida del monasterio, el valle de Veruela, los pueblos del Moncayo y las leyendas de brujería asociadas a Trasmoz.
Más de siglo y medio después, el monasterio continúa conservando los espacios por los que caminaron Gustavo Adolfo y su hermano Valeriano Bécquer. La visita permite recorrer uno de los grandes conjuntos cistercienses de Aragón y comprender por qué aquel lugar impresionó profundamente al escritor.
El refugio de Bécquer a los pies del Moncayo
Índice
Gustavo Adolfo Bécquer llegó a Veruela entre finales de 1863 y comienzos de 1864. Viajó acompañado por su hermano Valeriano, pintor y dibujante, después de conocer la existencia de la hospedería instalada en el antiguo monasterio.
La abadía llevaba varias décadas sin comunidad cisterciense. Los monjes habían abandonado el edificio tras la desamortización de 1835 y una junta formada por vecinos de Borja y Tarazona trabajaba para evitar que el conjunto terminara destruido.
Parte de las antiguas dependencias se utilizaban entonces como hospedería. Allí encontraron los hermanos Bécquer un lugar apartado, rodeado por el paisaje del Moncayo y muy diferente de los ambientes periodísticos, literarios y políticos que Gustavo Adolfo frecuentaba en Madrid.
El poeta llegó con la intención de recuperarse de sus problemas de salud. Sin embargo, la estancia terminó convirtiéndose en una etapa creativa fundamental. El silencio del monasterio, sus claustros y las tradiciones de las localidades cercanas alimentaron una serie de textos situada entre la crónica de viajes, el artículo periodístico y la narración legendaria.
Las cartas que salieron de una celda de Veruela
Cartas desde mi celda está formada por nueve textos publicados durante 1864 en el periódico madrileño El Contemporáneo. La obra fue reunida posteriormente en forma de libro.
En estas cartas, Bécquer relató el viaje desde Madrid, el contraste entre la ciudad y el aislamiento del monasterio, sus paseos por el valle y las costumbres de los habitantes del entorno. También describió el propio Veruela, con sus torres, patios, claustros, sepulcros y dependencias medio abandonadas.
El escritor convirtió el monasterio en un observatorio desde el que mirar el territorio. Sus recorridos lo llevaron hasta localidades como Vera de Moncayo, Añón, Tarazona y Trasmoz, cuyos paisajes y habitantes fueron incorporándose a sus escritos.
La imagen romántica de Veruela aparece especialmente ligada al silencio, las ruinas y la naturaleza. Bécquer presentaba el monasterio como un lugar separado del mundo, donde el sonido del viento, el agua y las campanas sustituía al movimiento de Madrid.
Trasmoz y las historias de brujería
Entre los lugares que despertaron mayor interés en Bécquer se encontraba Trasmoz. El perfil de su castillo, visible en las laderas del Moncayo, y las historias transmitidas por los vecinos proporcionaron al escritor algunos de los episodios más conocidos de sus cartas.
Una de ellas relata la historia de la tía Casca, una mujer acusada de brujería que murió después de ser atacada y despeñada por sus vecinos. Otras explican las leyendas sobre la construcción del castillo de Trasmoz y la presencia de hechiceros y reuniones nocturnas.
Bécquer no se limitó a reproducir estas narraciones. Las convirtió en escenas literarias en las que el paisaje, la superstición y el miedo se mezclaban con sus propias reflexiones sobre el paso del tiempo y la desaparición de las tradiciones.
La asociación actual entre Trasmoz y la brujería está estrechamente vinculada con estos textos. La estancia en Veruela permitió que historias locales conservadas mediante la tradición oral terminaran formando parte de una obra conocida en toda España.
Valeriano Bécquer también retrató el Moncayo
La relación de los Bécquer con Veruela no fue únicamente literaria. Mientras Gustavo Adolfo escribía, su hermano Valeriano recorrió el territorio realizando dibujos y apuntes sobre sus paisajes, monumentos, habitantes y formas de vestir.
Sus trabajos documentaron la vida cotidiana de los pueblos del Moncayo durante el siglo XIX. Arquitectura, trajes tradicionales y escenas populares quedaron recogidos por un artista interesado en las costumbres que comenzaban a transformarse con la llegada de la modernidad.
Los textos de Gustavo Adolfo y las imágenes de Valeriano forman así una mirada conjunta sobre el territorio. Uno utilizó la palabra y el otro el dibujo para conservar el ambiente que encontraron durante su estancia junto al monasterio.
Un monasterio fundado en el siglo XII
La historia de Veruela había comenzado mucho antes de la llegada de los hermanos. La Orden del Císter se instaló en este enclave durante el siglo XII y creó la que está considerada la primera fundación cisterciense del Reino de Aragón.
El conjunto fue creciendo alrededor de la iglesia abacial y el claustro. A su alrededor se distribuyeron la sala capitular, el refectorio, el dormitorio de los monjes, el scriptorium, la cocina y otras dependencias necesarias para una comunidad dedicada a la oración y al trabajo.
La arquitectura conserva la sobriedad característica del Císter, aunque las ampliaciones realizadas durante siglos incorporaron elementos góticos, renacentistas y barrocos. El claustro permite apreciar especialmente esta evolución.
Tras la salida de los monjes en 1835, el monasterio estuvo amenazado por el abandono. Su conservación evitó que fuera vendido y desmontado, permitiendo que funcionara como hospedería y acogiera a viajeros románticos como los Bécquer.
Qué puede verse durante la visita a Veruela
El recorrido permite atravesar la muralla y acceder al antiguo recinto monástico. Entre sus espacios principales se encuentran la iglesia abacial, el claustro, la sala capitular, el refectorio y las dependencias utilizadas por la comunidad cisterciense.
La visita ayuda a reconocer varios de los lugares descritos por Bécquer: los patios, las galerías del claustro, las antiguas sepulturas y el paisaje que rodea el monasterio. El conjunto conserva además espacios expositivos relacionados con su historia y con la presencia de los hermanos Bécquer.
Dentro del recinto también se encuentra el Museo del Vino de la Denominación de Origen Campo de Borja, dedicado a la relación histórica entre el monasterio, el cultivo de la vid y el territorio de la garnacha.
Horarios para visitar el Monasterio de Veruela en septiembre
Durante septiembre, el monasterio abre de martes a domingo entre las 10:30 y las 20:00 horas. Los lunes permanece cerrado, salvo cuando coinciden con un día festivo.
Puede recorrerse libremente dentro del horario de apertura o mediante las visitas guiadas incluidas en el precio de la entrada. Estas tienen una duración aproximada de 50 minutos.
De martes a viernes se realizan visitas guiadas a las 12:00 y a las 17:30 horas. Los sábados, domingos y festivos están previstas a las 11:30, 12:30, 16:00 y 18:00 horas. Los horarios pueden modificarse cuando el recinto acoge actos institucionales o actividades culturales.
Visitar el Monasterio de Veruela en septiembre
- Ubicación: carretera de Vera de Moncayo, Zaragoza.
- Horario: de martes a domingo, de 10:30 a 20:00 horas.
- Lunes: cerrado, salvo festivo.
- Visitas guiadas de martes a viernes: 12:00 y 17:30 horas.
- Sábados, domingos y festivos: 11:30, 12:30, 16:00 y 18:00 horas.
- Duración de la visita guiada: aproximadamente 50 minutos.
- Coste de la visita guiada: incluido en la entrada.
- Visita libre: disponible dentro del horario general.
- Teléfono: 976 649 025.
- Correo electrónico: monasteriodeveruela@dpz.es.
La programación puede sufrir modificaciones cuando se celebran actos institucionales o actividades culturales.
Visitar Veruela permite recorrer al mismo tiempo un monasterio medieval y un paisaje literario. Los espacios que estuvieron a punto de desaparecer tras la desamortización son los mismos que ofrecieron refugio a Bécquer y dieron forma a algunas de sus páginas más personales.
El poeta abandonó finalmente el monasterio, pero Veruela quedó unido para siempre a su obra. Sus cartas convirtieron el silencio del claustro, las laderas del Moncayo y las leyendas de sus pueblos en una parte fundamental de la literatura española del siglo XIX.
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