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Los gigantes de Zaragoza que un día representaron las cuatro partes del mundo

La antigua comparsa estuvo formada por Asia, América, Europa y África antes de incorporar reyes, personajes literarios y figuras de la historia aragonesa

Quienes contemplan actualmente la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Zaragoza pueden reconocer a Francisco de Goya, Agustina de Aragón, el general Palafox, don Quijote o una pareja de reyes. Sin embargo, hubo un momento en el que estas enormes figuras tenían un significado muy diferente.

En 1841, los gigantes de Zaragoza representaban las cuatro partes del mundo conocidas tradicionalmente en Europa: Asia, América, Europa y África. Aquella composición desapareció durante el siglo XIX, pero constituye uno de los capítulos menos conocidos de una tradición que continúa recorriendo las calles durante las Fiestas del Pilar de Zaragoza.

La comparsa municipal está formada actualmente por 14 gigantes. Algunos proceden de la literatura, otros recuerdan episodios de la historia aragonesa y varios conservan la apariencia de personajes creados hace más de 150 años.

Cuatro gigantes para representar el mundo

La documentación municipal señala que en 1841 la comparsa estaba compuesta por cuatro gigantes que simbolizaban Asia, América, Europa y África.

La elección respondía a una representación tradicional muy extendida en la iconografía europea. Durante siglos se habló de las cuatro partes del mundo, una división simbólica anterior a la incorporación de Oceanía como quinto continente dentro de este tipo de alegorías.

Los gigantes no eran únicamente figuras destinadas a entretener. Su presencia estaba vinculada históricamente a las procesiones del Corpus Christi y representaba a pueblos, reyes y territorios lejanos que acudían simbólicamente a rendir homenaje.

Su enorme tamaño permitía que fueran visibles por encima de la multitud. Mientras los gigantes avanzaban solemnemente, las figuras grotescas que acabarían dando origen a los cabezudos aportaban el componente burlesco y popular.

La comparsa documentada en Zaragoza desde 1807

La presencia de gigantes en celebraciones religiosas se remonta en Zaragoza al menos al siglo XVII. Sin embargo, una de las primeras descripciones concretas de la comparsa municipal corresponde a 1807.

Aquella formación incluía un padre, una madre y dos hijos, acompañados por cuatro caballos de cartón. Las figuras fueron reparadas y transformadas en diferentes ocasiones hasta que, en 1841, aparecen documentados los cuatro gigantes dedicados a los continentes.

La comparsa no permanecía siempre igual. El desgaste de las estructuras, los cambios en las celebraciones y la evolución de los gustos obligaban a sustituir o remodelar las figuras. Esto explica que los gigantes zaragozanos hayan cambiado de aspecto y significado a lo largo de los dos últimos siglos.

La renovación que cambió los continentes por nuevos personajes

La gran transformación llegó en 1860. El escultor Félix Oroz creó ocho gigantes que abandonaban la representación estricta de las cuatro partes del mundo.

La nueva comparsa quedó formada por el Chino, la Negra, el Duque, la Duquesa, el Rey, la Reina, don Quijote y Dulcinea. Estos personajes constituyen el núcleo histórico del conjunto que ha llegado hasta nuestros días.

La elección mezclaba diferentes referencias. Los reyes y los duques mantenían el carácter solemne de los antiguos gigantes; don Quijote y Dulcinea incorporaban la literatura; mientras que el Chino y la Negra conservaban de forma reinterpretada el recuerdo de los pueblos y territorios lejanos.

Con esta renovación, la comparsa dejó de funcionar como un mapa simbólico del mundo y se convirtió en un conjunto mucho más variado. Cada pareja comenzó a tener una personalidad propia y los bailes de los gigantes adquirieron mayor protagonismo.

Los gigantes desaparecidos en 1964

Las figuras creadas durante el siglo XIX continuaron saliendo durante décadas, aunque fueron sometidas a reparaciones y modificaciones. En 1964 se produjo otra renovación completa.

Los antiguos gigantes fueron sustituidos por nuevas versiones. Las figuras anteriores terminaron quemadas, una decisión que hoy resultaría difícil de comprender por su valor histórico, pero que se tomó cuando todavía no existía la misma conciencia sobre la conservación de este tipo de patrimonio festivo.

La comparsa mantuvo a los ocho personajes tradicionales y añadió posteriormente una nueva pareja: el Bearnés y la Bearnesa. Estas figuras recuerdan la relación histórica entre Aragón y las regiones situadas al otro lado de los Pirineos.

En 1999, el escultor aragonés Francisco Rallo realizó la renovación que dio origen a la comparsa contemporánea. Los gigantes recuperaron parte del aspecto tradicional de sus antecesores y comenzaron una nueva etapa de salidas por los barrios de Zaragoza.

De Agustina de Aragón a Francisco de Goya

La comparsa continuó creciendo durante el siglo XXI. En 2008 se incorporaron los gigantes del general José de Palafox y Agustina de Aragón, dos figuras relacionadas con la resistencia de Zaragoza durante los Sitios.

La última ampliación llegó en 2022 con Francisco de Goya y Josefa Bayeu. La pareja permite incorporar al conjunto a uno de los artistas aragoneses más universales y a quien fue su esposa, nacida también en el entorno artístico de los Bayeu.

Estas incorporaciones muestran cómo ha cambiado la función simbólica de los gigantes. Los continentes de 1841 pretendían representar el mundo conocido, mientras que las figuras actuales combinan literatura, memoria local, historia de Aragón y personajes populares.

Los 14 gigantes actuales de Zaragoza

  • El Rey.
  • La Reina.
  • El Duque.
  • La Duquesa.
  • Don Quijote.
  • Dulcinea.
  • El Chino.
  • La Negra.
  • El Bearnés.
  • La Bearnesa.
  • El general José de Palafox.
  • Agustina de Aragón.
  • Francisco de Goya.
  • Josefa Bayeu.

Los ocho primeros proceden de la renovación realizada por Félix Oroz en 1860, aunque las figuras actuales son versiones posteriores.

Por qué los gigantes bailan y los cabezudos corren

Dentro de la comparsa, gigantes y cabezudos cumplen funciones diferentes. Los gigantes avanzan con movimientos más solemnes y realizan bailes al ritmo de dulzainas y tambores. Su altura, su vestimenta y sus giros los convierten en la parte más ceremonial del desfile.

Los cabezudos, en cambio, se mezclan con el público, persiguen a los niños y protagonizan un juego basado en las carreras, las coplas y los pequeños látigos. Muchos de sus personajes proceden de caricaturas de personas, autoridades y oficios populares.

La historia completa de estas figuras puede consultarse en el artículo dedicado a los cabezudos de Zaragoza y sus personajes.

A ellos se suman los caballitos y otras atracciones tradicionales como el Tragachicos, una enorme figura por cuya boca entran los niños antes de deslizarse hasta el exterior. Su origen también está relacionado con las creaciones festivas de Félix Oroz durante el siglo XIX.

Una tradición reconocida como Bien de Interés Cultural

La Comparsa de Gigantes, Cabezudos y Caballitos de Zaragoza fue declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial en 2024. El reconocimiento protege no solo las figuras, sino también los bailes, la música, las coplas y la relación que mantienen con varias generaciones de zaragozanos.

La comparsa participa durante el año en celebraciones como San Valero, el Carnaval Infantil y diferentes fiestas de la ciudad. Sin embargo, sus salidas más esperadas se producen durante las Fiestas del Pilar, cuando recorre el centro y distintos barrios.

Los recorridos y horarios cambian cada año. Las salidas anunciadas para esta edición pueden consultarse dentro del programa de las Fiestas del Pilar 2026.

Una comparsa que lleva dos siglos cambiando

Los gigantes que recorren actualmente Zaragoza no son los mismos que contemplaron los habitantes de la ciudad en 1807, 1841 o 1860. Han cambiado sus materiales, su apariencia, sus vestidos y los personajes representados.

También se ha transformado su significado. Primero fueron una familia, después representaron Asia, América, Europa y África y finalmente adoptaron identidades relacionadas con la nobleza, la literatura y la historia aragonesa.

La evolución continúa abierta. La incorporación de Goya y Josefa Bayeu demuestra que la comparsa puede sumar nuevos personajes sin renunciar a quienes llevan más de siglo y medio bailando por Zaragoza.

Detrás de sus giros y de su apariencia festiva permanece así una historia mucho más compleja: la de unas figuras que comenzaron representando el mundo y terminaron convirtiéndose en un retrato monumental de la memoria de la ciudad.

Más historias de las Fiestas del Pilar

Este artículo forma parte de la colección especial de ZARAGOZALA sobre la historia, las tradiciones y las curiosidades de las Fiestas del Pilar.

 

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